CÓMO ALCANZAR LA GOBERNABILIDAD EN EL SISTEMA MULTIPARTIDISTA (I)

Tras la entrevista del Presidente Sánchez y el Secretario General de Unidas-Podemos, Iglesias Turrión, muchos comentaristas creen que hay muchas posibilidades de que la próxima investidura de Pedro Sánchez resulte un fracaso, que no logre la mayoría simple en la segunda votación del 24 de julio y que, en consecuencia, haya que disolver las Cortes y celebrar nuevas elecciones. Quienes tienen este temor no suelen quedarse en expresar una posibilidad bastante cierta sino que especulan sobre las causas políticas y jurídicas de este bloqueo y sobre las vías para salir del mismo. Y si hay comentaristas y juristas que especulan sobre las causas del bloqueo y sobre sus soluciones, debemos reflexionar previamente sobre el valor democrático de la gobernabilidad.

Desde que se asienta la democracia parlamentaria en Europa a partir de 1918, el Gobierno se convierte en un órgano constitucional autónomo, desgajado del Jefe del Estado y con legitimidad propia. El Gobierno ya no depende de la voluntad del Monarca, como ocurría en las Monarquías llamadas constitucionales, sino de la voluntad del Parlamento, que, mediante fórmulas más o menos toscas o más o menos refinadas, le otorgaba su confianza y, en paralelo, se la podía retirar. Y en ese fenómeno de asentamiento del sistema parlamentario (muy descrito por Robert Redslob en Le régime parlementaire, París, 1924), emergieron, sin que nadie se diera cuenta, las antiguas doctrinas tomistas sobre la legitimidad del poder. Porque en el pensamiento medieval se contraponían y se complementaban la doctrina de la legitimidad de origen y la doctrina de la legitimidad de ejercicio. Y en el sistema parlamentario encontramos la idea de la legitimidad de origen (la investidura parlamentaria) y la idea de la legitimidad de ejercicio, mediante un concepto que tardaría muchas décadas en aparecer pero que ya estaba detrás del modelo parlamentario: la gobernabilidad. Porque de nada sirve elegir un Parlamento si ese Parlamento no puede elegir un Gobierno (o a su Presidente) y si, una vez elegido el Gobierno o el Presidente, éste no puede gobernar.

Llegados a este punto, es bueno señalar que en casi todas las Constituciones de los Estados parlamentarios se ha regulado con éxito (y a veces, con precisión) el procedimiento para elegir al Gobierno pero esas Constituciones fallan (o al menos tienen una laguna) en dos puntos:

  • como elegir Gobierno o Presidente en circunstancias no convencionales, entendiendo por circunstancias no convencionales aquellas circunstancias políticas no previstas por los padres de la Constitución. En España, por ejemplo, la transformación del bipartidismos imperfecto de 1978 en el multipartidismo de 2015;
  • si a pesar de esa dificultad de formar Gobierno en un régimen cuatri o penta partidista, al fin se elige, como asegurar la gobernabilidad de ese Gobierno, es decir, como ejercer con éxito la iniciativa legislativa o como desplegar políticas públicas.

Y como las Constituciones no parece que puedan adaptarse bien a los cambios radicales del sistema político (especialmente del sistema de partidos y del comportamiento electoral que produce el cambio), parece conveniente adelantar algunas ideas sobre los cambios normativos o sobre las mutaciones constitucionales que permitirían alcanzar la gobernabilidad perdida. La próxima semana empezaremos a verlos.

Esas ideas, que iremos viendo en semanas sucesivas, son básicamente, y por orden de dificultad jurídica (no política): i) si se pueden establecer en el sistema político español convenciones constitucionales que refuercen la gobernabilidad; ii) si un cambio de la legislación contribuiría a acrecentar la gobernabilidad; y iii) si alcanzar mayor gobernabilidad sólo se puede obtener reformando la Constitución.

Todas esas opciones han de tener un punto de partida: vivimos una situación política excepcional que puede degradar la idea de democracia ante los ciudadanos. Y ante esa situación excepcional, parece que deben aplicarse soluciones igualmente excepcionales, no necesariamente duraderas pero sí urgentes. Pero todo eso se verá a partir de la próxima semana.