CO-CREACIÓN: HACIA LA INTEGRACIÓN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SISTEMA DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Hace unas semanas caía en mis manos un ejemplar del libro The Structure of Scientific Revolutions del filósofo americano Thomas Samuel Kuhn; libro que por cierto debiera ser de obligada lectura para todos aquellos que nos dedicamos al mundo de la ciencia y de la tecnología, no porque todos vayamos a estar de acuerdo en lo que dice el autor, sino por hacernos pensar, reflexionar para ver las cosas desde otro prisma. En la comunidad científica estamos muy orgullosos de tener nuestra propia revolución, esa que nos condujo desde épocas oscuras dominadas por el misticismo hasta la ciencia moderna tal y como la conocemos hoy en día. Muchos autores coinciden en señalar la publicación de De revolutionibus orbium coelestium, de Nicolás Copérnico, como el inicio de esa revolución científica, y de hecho fue una obra muy transgresora y tachada de sacrílega. Posteriores aportaciones de los que vinieron después, como Galileo, Newton, Bacon, Darwin, Pasteur… consiguieron que las contribuciones individuales de cada una de ellas marcasen una época en la que el conocimiento acerca del funcionamiento de la naturaleza fue acumulándose, imprimiendo en la sociedad una sensación de progreso.

Kuhn denomina a este proceso de acumulación paulatina de descubrimientos científicos como “ciencia normal”. El propio autor detecta, sin embargo, épocas puntuales en las que ocurren nuevas revoluciones o cambios de paradigma, tras las cuales el proceso de acúmulo de nuevos descubrimientos vuelve a comenzar al cuestionarse todo lo relativo a la, a partir de entonces, vieja ciencia. En su argumentario, Kuhn defiende que el verdadero avance de la ciencia no se produce realmente por la mera acumulación de datos y observaciones, sino por la visión e interpretación que los científicos hacemos de los mismos y que tiene mucho que ver con los cambios de paradigma. Es decir no es tan importante el acúmulo de datos en sí sino la forma en la que los vemos e interpretamos, sobre todo después de un cambio en las normas establecido por esas revoluciones. Algo así nos está pasando a los microbiólogos tras el descubrimiento del microbioma, ¿es o no un nuevo órgano humano?

Pero de lo que quiero hablarles en este artículo es de toda una revolución científico-social que está en marcha ante nuestros ojos. Se trata de los esfuerzos a través de los cuales varios sectores de la comunidad científica estamos tratando de implicar a la sociedad en el propio concepto de progreso científico. Aunque hasta ahora el ciudadano de a pie era, en el mejor de los casos, un consumidor de ciencia, diferentes iniciativas persiguen desplazar gradualmente esta tendencia hacia la de convertir a nuestra ciudadanía en un actor activo del proceso de creación científica. No en vano es el contribuyente quien financia las políticas científicas públicas, ¿por qué no animarle a participar en todo el proceso persiguiendo así una mayor transparencia y una mayor efectividad del sistema?

Para el mundo científico el cambio de rol de la sociedad supone todo un cambio de paradigma: pasar de ver a la sociedad como público objetivo a considerarla como una sociedad innovadora, plenamente integrada en los sistemas de I+D o de I+I, como prefieran llamarlo. Este nuevo rol de la sociedad necesita, del lado de los gobiernos, la actualización o el desarrollo de sistemas de gobernanza y de ética adecuados que incluya no sólo al sector público, sino también al resto de actores implicados como las empresas. Esta revolución ya está en marcha, y en España nos enteraremos antes o después, por lo que es muy importante que dispongamos los medios para integrar a la sociedad tanto en los procesos de ciencia como en los de innovación (la famosa I+I europea), así como en todas las políticas y actividades relacionadas con la ciencia. El interés de potenciar esta integración es muy sencillo: aumentar el valor, calidad, relevancia y sobre todo la aceptación social y la sostenibilidad de la investigación, en todas las áreas de conocimiento.

Quizás la derivada más importante de este cambio de paradigma vaya a ser la  progresiva implementación, en la práctica, de procesos de co-creación. Este término se refiere a la colaboración de distintos colectivos en procesos de investigación y de innovación en búsqueda de un beneficio mutuo, una especie de simbiosis social, y constituye una de las armas más potentes con las que contaremos los científicos durante los próximos años. En Europa ya existen proyectos que están investigando los resultados que pueden obtenerse de diferentes procesos de co-creación. Un ejemplo de estos procesos son los laboratorios vivos (Living Labs), que son entornos donde creadores y usuarios, o científicos y ciudadanos, pueden realizar pruebas reales con la finalidad de crear (es decir co-crear) productos o generar resultados innovadores. Este es por ejemplo una forma de acercar no sólo la ciencia y la tecnología a la sociedad, sino de conocer de primera mano cuales son las demandas principales de esta última. La Comisión Europea denomina a estos sistemas como Alianzas Público/Privadas/Personas o PPPP, y tienen en su base tanto el propio proceso de co-creación como el hecho de integrar a la sociedad en actividades de experimentación, de exploración y también de seguimiento y evaluación de las propias propuestas científicas y tecnológicas.

A nivel Europeo tenemos proyectos en curso que están explorando la co-creación dentro del programa Horizonte 2020. Uno de estos proyectos es SCAlings (https://www.scalerproject.eu/) que a través de diferentes instrumentos persigue desarrollar marcos para la diseminación y escalado de los procesos de co-creación a través de las políticas europeas de innovación, así como integrar estos nuevos procesos en otros proyectos europeos en marcha. Otro proyecto es ORION (http://www.orion-openscience.eu/tags/co-creation), que explora posibilidades para hacer la investigación científica más participativa implementando procesos de co-creación, y tomando como marco de trabajo la denominada ciencia abierta (Open Science). Este concepto es muy importante desde el punto de vista legislativo ya que uno de los objetivos de la ciencia abierta es asegurar que los sistemas de gobernanza de la ciencia son los adecuados a cada momento y situación, lo que en la Comisión Europea se denomina Investigación e Innovación Responsables (RRI). Esto a su vez quiere decir que estos sistemas de gobernanza, y sus políticas, deben ser responsables y sensibles a las necesidades de la sociedad, para lo cuál es imprescindible involucrar no sólo a la comunidad científica, sino al resto de partes implicadas (incluyendo a la sociedad) en todo el ciclo de vida de la investigación: desde la concepción de los proyectos a la diseminación de los resultados, pasando por la selección de qué proyectos deben ser financiados. Y también con respecto a la accesibilidad de los resultados.

¿Dónde estamos en España?

Como siempre por detrás salvo alguna excepción, que como las meigas, haberlas “haylas”. Tengamos en cuenta que en España tenemos aún la Ley de Ciencia de 2011 por desarrollar, una Ley que ya se ha quedado obsoleta para el nuevo planteamiento de integrar a la sociedad en procesos de co-creación científica y tecnológica, sobre todo en el articulado de su Título III (http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/l14-2011.html). No obstante alguno de los instrumentos para la integración del binomio ciencia/sociedad sí que vienen recogidos, como el Artículo 37 donde se habla de la difusión científica en acceso abierto, que entronca directamente con la política europea de Open Science. Existen otros grandes hándicaps en nuestro sistema de ciencia, empezando por un modelo de gestión dentro de la Administración General del Estado que no es el más adecuado, pero no por urgencias podemos ser insensibles a este giro, a este nuevo cambio de paradigma de integración de la sociedad en la ciencia. Sólo juntando a diferentes actores podemos desarrollar nuevos mecanismos de investigación e innovación, nuevas formas de ver la ciencia y por tanto nuevos útiles de progreso. Es el momento de sincronizarnos con Europa y disponer de los instrumentos adecuados que faciliten la puesta en marcha de procesos de co-creación. La comunidad científica española ya está en ello, con iniciativas como la Asociación Española para el Avance de la Ciencia, una sociedad ciudadana pro-ciencia y pro-tecnología. ¿Se hará lo propio desde el Gobierno después de dar el tan importante paso de recuperar la ciencia a nivel ministerial? Parece ser que se va en la buena dirección, y como dijo nuestro Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades el pasado 12 de julio, en su discurso ante el Congreso de los Diputados “tenemos que garantizar que la ciencia financiada con fondos públicos sea accesible”. Que así sea, es un buen comienzo.