CICLOS POLÍTICOS Y PANORAMA PREELECTORAL (II): ENTRE EL TEMOR Y LA ESPERANZA

Además del desgaste político-electoral que sufría el Gobierno de Mariano Rajoy en el momento de votarse la moción de censura de Pedro Sánchez, y de la sentencia condenatoria del caso Gürtel, con la secuela judicial subsiguiente, el panorama político, económico y social general en España no podía ser más inquietante, con al menos cinco grandes focos de tensión abiertos, descontrolados y a punto de estallar:

  • El primer contencioso era con el mundo del trabajo y las organizaciones sindicales, en las que existía irritación y determinación a responder a los sucesivos recortes e involuciones sufridas en la legislación laboral. Por eso, antes del verano todo el mundo vaticinaba un otoño laboral caliente, cuya dinámica conflictual no se sabía a dónde podía llegar. Lo cual implicaba que los empresarios se encontraban emplazados ante un conflicto que desbordaba el ámbito de sus empresas para hundir sus raíces en el rechazo político a un gobierno determinado. Un gobierno que había perdido su crédito ante los sindicatos, y que apenas tenía capacidad de interlocución con el mundo del trabajo, debido a su cerrazón y a sus prejuicios antisindicales.
  • Un segundo foco de conflicto concernía a los principales pilares de las políticas propias del Estado de Bienestar, especialmente a la Educación y a la Sanidad, entre cuyos profesionales primaba el desánimo y la indignación ante los sucesivos recortes en las plantillas y en los recursos disponibles. Lo cual amenazaba con disfuncionalidades y cuellos de botella a corto plazo, debido a la magnitud de los recortes impuestos y a la ausencia de cualquier planificación y previsión racional de futuras plantillas. Situación que incentivaba nuevamente las movilizaciones de la marea blanca (profesionales y usuarios de la salud) y la marea verde (profesionales de la enseñanza).
  • Un tercer foco de malestar y de distanciamiento crítico era el que se producía con los jóvenes, que se sentían preteridos y abocados a la precarización laboral extrema y la marginación social, sin que el Gobierno se preocupara adecuadamente de ellos, ni propusiera medidas eficaces ante los abusos de la “becarización”, “los falsos autónomos”, ni los problemas de vivienda. Lo cual explicaba el descenso de las tasas de natalidad (la más baja de la Unión Europea por mujer joven fértil), y de la nupcionalidad (la mitad que en los años setenta). Con la vergüenza añadida de un alto número de “trabajadores pobres” (más de dos millones de personas). Muchos de ellos jóvenes subempleados.
  • Un cuarto foco de tensión importante era el que concernía a la situación en Cataluña, donde el fracaso de los intentos de diálogo y la exacerbación de las posiciones de los secesionistas, junto a ciertas respuestas duras de tipo policial, amenazaban con situarnos ante un conflicto abierto y una radicalización de las posturas y los enfrentamientos en un horizonte sin salidas. Con el agravante de que la desidia y la pasividad internacional del Gobierno de Mariano Rajoy estaban dando lugar a que en los círculos internacionales penetraran los argumentarios y explicaciones de los secesionistas. Secesionistas que buscaban legitimarse –y explicarse internacionalmente– a partir de las imágenes de los conflictos en las calles.
  • Un quinto foco de tensión, aún sin agotar el análisis, era el de la propia imagen internacional de las políticas españolas, con una cuestión de gran proyección mediática, como eran las reacciones ante la llegada de emigrantes. A lo que se añadía un asunto de perfiles mediáticos menos destacados, pero de hondo alcance económico-presupuestario, como eran las relaciones del Gobierno de Mariano Rajoy con Bruselas, y la escasa credibilidad que merecían en los despachos de la Unión Europea las “cuentas” que presentaba el gobierno español. Gobierno que, no se olvide, había estado sometido recientemente a un escrutinio especial. Situación que no se veía favorecida por las “rencillas” recíprocas y las malas relaciones existentes entre altos funcionarios del área de economía del Gobierno de Mariano Rajoy, que no desaprovechaba la ocasión para sembrar dudas recíprocas en Bruselas.

Estos y otros focos de tensión y conflictividad conformaban un panorama endiablado para el Gobierno de Mariano Rajoy, que auguraban unos meses otoñales sumamente complicados y altos serios riesgos de inflamabilidad social.

A lo que se añadía, además, la circunstancia de no contar con un respaldo mayoritario claro en el Parlamento, como se hizo evidente de manera contundente con el voto de la mayoría de los parlamentarios en la moción de censura presentada por Pedro Sánchez. Voto que expresaba una voluntad mayoritaria de sustituir urgentemente el gobierno del PP por otro de signo diferente (PSOE, en este caso). Criterio parlamentario que tenía mayores respaldos críticos en la calle y en múltiples planos sociales. Todo lo cual permitía entender la “moción de censura” como una manera de decir “hasta aquí hemos llegado” y de desbloquear una situación insostenible. En relación también con la perspectiva de un nuevo ciclo político.

Lo ocurrido en los siguientes meses con el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido la explicitación de cómo se han logrado reencauzar, modular o solucionar algunos de los principales focos de tensión y conflicto que amenazaban con estallar en la sociedad española. Algo que analizaremos en la tercera parte de este artículo.