CICLOS POLÍTICOS Y PANORAMA PREELECTORAL: CUANDO ALGO NO CONCLUYE DEL TODO Y ALGO NO COMIENZA POR COMPLETO (1)

Generalmente, los analistas no prestan suficiente atención a que las dinámicas políticas en la distribución de voto suelen tener lugar en el marco de ciclos políticos específicos.

Si analizamos retrospectivamente la evolución de las tendencias electorales en la España democrática, podemos constatar que la Transición Democrática se inició con un ciclo de predominio de opciones centristas, básicamente sustentadas por la Unión de Centro Democrático y por el liderazgo de Adolfo Suárez. Predominio que, entre otras cosas, facilitó la propia transición política pacífica a la democracia y contribuyó a la aprobación de una Constitución de consenso ampliamente respaldada.

Sin embargo, a partir de los años 80-81 empieza a producirse un debilitamiento de esta corriente centrista, socavada tanto por las reacciones ultraderechistas y los diversos conatos de golpes de Estado –incluyendo el 23F–, como por un progresivo deterioro del clima social. Lo que se acabará plasmando en el inicio de un nuevo ciclo electoral de centro-izquierda que se prolongó desde el año 1982 hasta 1996, bajo un liderazgo bastante fuerte del PSOE y de Felipe González. Año en el que el propio desgaste debido a tanto tiempo de gobierno de Felipe González, como a la tensión crítica suscitada por determinados medios de comunicación social, favorecieron el ascenso del PP y dieron lugar a un nuevo ciclo de predominio conservador-derechista. Ciclo que lideró José María Aznar y que se prolongó hasta la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2004. Victoria que se mantuvo en los comicios de 2008, con mayorías electorales muy apreciables que situaron la cuota del respaldo del PSOE en este período en torno al 43%-44% de los votos.

Los errores y el desgaste de José Luis Rodríguez Zapatero con el agotamiento –en gran parte por su realización práctica– de buena parte de su discurso político-programático abrió las puertas, a su vez, a un nuevo ciclo político en el año 2011, bajo predominio del PP y con el liderazgo de Mariano Rajoy.

Estamos, pues, ante un marco cíclico-político democrático, que incluye un ciclo político breve pero profundo (Adolfo Suárez), un ciclo largo acompañado de muchas realizaciones prácticas (Felipe González), un ciclo de ocho años de inflexión conservadora dura (José María Aznar), un ciclo progresista cívico-moderado de otros siete años (José Luis Rodríguez Zapatero) y un ciclo más azaroso y oscilante de nuevo predominio del PP, con mayorías electorales crecientemente debilitadas, que llega hasta la moción de censura de 1 de junio de 2018 (Mariano Rajoy).

En esta perspectiva de largo plazo, si nos atenemos a la secuencia cíclica de los acontecimientos, todo parecería indicar que ahora nos “tocaría” adentrarnos en un nuevo ciclo político de carácter progresista y de fuerte impronta social, bajo el liderazgo del nuevo PSOE de Pedro Sánchez.

Para analizar la naturaleza y la manera en la que se evidencia la pertinencia –o demanda– del nuevo ciclo entre la opinión pública, es preciso atender a las circunstancias en las que se encontraba la sociedad española en los momentos anteriores a la presentación de la moción de censura de Pedro Sánchez, con especial consideración a los factores que han podido –y pueden– propiciar el desarrollo de este nuevo ciclo electoral. Al igual que ocurrió con los anteriores.

El debilitamiento del liderazgo de Mariano Rajoy y el descarrilamiento electoral del PP están siendo el resultado de diversos factores, tanto internos como externos. Así, en el interior del PP desde hacía tiempo venía constatándose el desgaste progresivo causado por una serie de procesos judiciales que han afectado –y afectan– a figuras destacadas de la dirección del PP, tanto a nivel central como regional. Procesos que han venido trasladando a la opinión pública evidencias sobre prácticas internas sustentadas en la utilización de abundantes recursos económicos privados, procedentes de empresas y de otras tramas organizadas, que permitían que el PP dispusiera de una cantidad considerable de recursos económicos para organizar sus campañas electorales y sus propias estrategias de comunicación permanente.

Estos casos han afectado principalmente a la estructura territorial del Partido Popular en Madrid, que ha llegado a tener simultáneamente a varios de sus Secretarios Generales y principales líderes imputados, o concernidos, o en la cárcel (Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Ignacio González, Francisco Granados…). Un caso también espectacular ha sido el de la Comunidad Valenciana, en la que se han visto concernidos tanto la Alcaldesa histórica de la Ciudad de Valencia (Rita Barberá), como un Presidente de larga traza de esta Comunidad (Francisco Camps), así como otros líderes regionales de notable peso, como Eduardo Zaplana, Juan Cotino, Carlos Fabra, etc.

Ante este panorama insólito, que no se circunscribía solo a las dos grandes fortalezas organizativas del PP (Madrid y Comunidad Valenciana), no es de extrañar que la sentencia inculpatoria del caso Gürtel y otras causas delicadas en curso, pusieran en cuestión a un Gobierno, como el de Mariano Rajoy, que ya estaba en una situación política muy precaria. Un Gobierno poco sustentado, que solo había salido adelante en su sesión de investidura con la abstención del PSOE, durante el cuestionable período de interinidad de la famosa Comisión Gestora que había defenestrado a Pedro Sánchez. Por lo que el retorno de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE vino a situar nuevamente al Gobierno de Mariano Rajoy ante la desnuda realidad de su débil posición parlamentaria, con una opinión pública crecientemente movilizada y en contra y con abundantes focos de malestar y de resistencia crítica en la calle, en las instituciones y en los lugares de trabajo. Y en los Tribunales.

Lo que convertía la situación personal y política de Mariano Rajoy en insostenible, al tiempo que se empezaba a vislumbrar en la opinión pública la perspectiva de un nuevo ciclo político-electoral. Pero esta vez afectado por varias novedades: por un lado, la creciente fragmentación del panorama electoral parlamentario general que dificulta la formación de mayorías electorales naturales y, por otro lado, la apuesta de las fuerzas más conservadoras por estrategias duras de confrontación orientadas a resistirse con todas las fuerzas a la perspectiva del nuevo ciclo político, con el uso de descalificaciones e insultos gruesos, y con alianzas con partidos de extrema derecha que han conformado situaciones inéditas en la Europa democrática (como en Andalucía y en el actual frente electoral tripartito).

Por todo ello, es importante analizar con detalle el complejo y difícil panorama sociológico, político y electoral actual que tiende a conformar una especie de sándwich especialmente delicado entre el final de un ciclo y un Gobierno (débil) de Mariano Rajoy, y el principio –o primera fase quizás– de un nuevo ciclo o gobierno de Pedro Sánchez. Algo que consideraremos en la segunda entrega de este artículo.