CHILE: ELECCIÓN Y CENTRO POLÍTICO.

Esta elección encuentra un Chile sumido en la desconfianza, una desesperanza gatillada por la mala distribución del ingreso. Se trata de dos mundos confrontados, entre aquellos que quieren distribuir riqueza, sin mostrar capacidad para generarla; y, los otros que, generando esa riqueza, no se muestran generosos para crear bienes públicos. La lectura de esta votación es que la gente votó más allá de las capacidades de los candidatos o de sus coaliciones, marcó preferencia por grandes ideas o categorías de pensamiento, ancladas en el CAMBIO, especialmente del modelo de desarrollo. Desafío que marcará el destino de la segunda vuelta.

Paradojalmente en la reciente elección en Chile, se expresó un voto de rechazo: desencanto con la “Nueva Mayoría” (22%), la coalición de gobierno de centro-izquierda por su negativa gestión. Pero, también constituye una expresión de desconfianza con “Chile Vamos”, la coalición de centro-derecha que aspira ganar el gobierno con su promesa de “Tiempos Mejores” y su llamado a “Levantar los Corazones”. Los dos grandes bloques que caracterizaron el Chile de la Transición, muestran fracturas, una tendencia a la fragmentación y la polarización hacia la izquierda y la derecha, con sensibilidades emergentes que buscan su identidad y empujan por su espacio para ganar adhesión ciudadana.

En el proceso, el espectro político se ha ido radicalizando, en la centro-izquierda se ve una ruptura, el surgimiento de una fuerza que se define como la Izquierda Verdadera, con vocación de cambio, que se reconoce como de oposición al actual gobierno de centro-izquierda, rechazando el continuismo y promoviendo reformas radicales al modelo de desarrollo. Por el lado de la centro-derecha se observa también un escenario complejo, un segmento que en la elección representó el 9% se observa como una fuerza radical de derecha y un 36 % que encarna un sector más moderado, aunque muy rígido frente a los cambios que demanda la sociedad. En este escenario de polarización, la dicotomía está en que el centro político, los independientes, la mitad del padrón electoral que se restó del proceso electoral, aquellos que resienten las militancias, han quedado abandonados a su suerte. El fiel de la balanza está vacante.

Desde el comienzo se anunciaba la segunda vuelta como un desafío difícil, trabado, estrecho. Señalamos que la ventaja que observó Piñera durante toda la primera vuelta se anulaba al momento de pasar a la segunda vuelta. En su momento se requirió una estrategia más activa en humildad, en unidad y aproximación hacia la gente. El proceso ahora parte de nuevo, ambos sectores proclaman la evidente necesidad de una estrategia de unidad, manteniendo un equilibrio entre la tendencia polar y la necesidad de movilizar y captar el centro político.

En la izquierda la gente joven creyó en la oferta de una sociedad más solidaria que hizo desde fuera  de la coalición de gobierno de centro-izquierda, la candidata Sánchez que alcanzó un 20 % de la votación. Deja huella en la votación de la coalición de gobierno “Nueva Mayoría”, que por poco se transforma en la nueva minoría. Para esta emergente nueva izquierda será difícil equilibrar esa situación: si apoyan a Guillier, pierde sentido su principal fuerza crítica al haberse declarado en oposición al actual gobierno. Pero, si no apoyan a la coalición oficialista perderán el gobierno.

Lo que quedó claro para ambos bloques es que no se puede hacer más de lo mismo, cuando claramente la gente pide cambios. Se requiere enfatizar un modelo de desarrollo que equilibre crecimiento y equidad, en base a una economía SOCIAL de mercado.

La centro-derecha está siendo demandada por una ciudadanía que reclama un énfasis social y ciudadano. La centro derecha debe reinventar su opción para generar confianza, dejar la campaña endogámica en lo social y político, enfocándose hacia la solidaridad, lo ciudadano y lo emocional, dejar los eslóganes superfluos y hablarle a la gente con sinceridad y emocionalidad, desde el corazón. Se debe asumir la deuda social.

En el ámbito de la elección parlamentaria -complemento importante de esta elección (Presidencial, Parlamentaria y Regional)- el centro izquierda retrocede en sus bancadas parlamentarias y aumenta el centro-derecha. Por otro lado, a la luz de estos resultados parlamentarios, la política muestra un rostro marcado por la farándula, entendida como una política del espectáculo con un sentido de reality, pierden la elección o no son electos personas de alta calificación, trayectoria y solvencia política y son elegidos candidatos cuyo mérito es ser de la farándula televisiva, opinólogos de los medios de comunicación, un evidente desplazamiento desde lo programático hacia un sentido del espectáculo, lo que habla del estado de la política.

 

[1] Carlos Cantero Ojeda. Geógrafo, Master y Doctor en Sociología. Académico, conferencista y pensador chileno, estudia la Sociedad  Digital y la Gestión del Conocimiento.  Fue Alcalde, Diputado, Senador y Vicepresidente del Senado de Chile.