CANTOS DE SIRENAS PARA LOS CANDIDATOS

Más allá de todo el morbo mediático “Sánchez versus Díaz”, que recuerda aquellos remakes de “Predator versus Aliens”, la jornada del 21 se convertirá, sin duda, en un momento mítico en la historia del PSOE y en un ejemplo depurativo para el sistema político español (un tema este al que nos dedicaremos otro día).

Soy <<sanchista>>, no por el señor Pedro Sánchez, más bien por oposición a las oligarquías de hierro en general: del PSOE, de otros partidos, de los sindicatos o cualquier asociación, por ejemplo las deportivas. No voy a entrar en las bondades del proyecto que en estos momentos lidera Sánchez en el PSOE. Ya lo han hecho otros y muy bien. En cualquier caso, cuando una persona lidera un movimiento de esta magnitud corre el peligro de pasarse de frenada u oír cantos de sirena. Todos los que asumen algún poder oyen cantos de sirena.

Cualquiera de los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE representa a miles de compañeros y, por lo tanto, todos ellos estarán oyendo cantos de sirenas y, como Ulises, tendrán que atarse al mástil para no caer en la trampa que les puede llevar a estrellarse contra los arrecifes.

Me ha sorprendido, y lo digo con admiración y gratitud, la reacción institucional (la personal la comprendo, la comparto y es lógica), de la candidata Susana Díaz. Obviamente recibir el 40% de los votos no es una derrota a lo Waterloo. Volviendo a la reacción de Susana Díaz. Admitió que no había ganado antes de que los datos fueran definitivos. No se realizaron impugnaciones. La candidata se ha retirado a su trabajo cotidiano, sí con ganas de oponerse al proyecto de Sánchez. Pero es que esto es lo que necesita el PSOE. Toda opción ganadora necesita para no llegar a la hipérbole de su propuesta un control, el freno de una oposición legítima, democrática y real. Es necesario que el bando de Pedro Sánchez, en el que me incluyo, tenga el aliento vigilante de otros compañeros que no están de acuerdo con nosotros. Esto nos obligará a tentarnos las ropas antes de tomar decisiones de importancia, cualquier cambio arrollador se llevará por delante gran parte de lo malo y muchas cosas buenas que no hay que reformar.

Sin duda, esta es la situación ideal para un partido. Un líder fuerte y apoyado por su militancia, con una oposición firme y resistente que vigila. ¿Esto me recuerda algo? No sabía qué era, ¡pero ya caigo! Me recuerda a un ejemplo que siempre he mirado como política ficción, como un dorado soñado. Me refiero a los partidos laborista y conservador de la Gran Bretaña. No soy politólogo, pero desde mi pequeña atalaya de ciudadano siempre me ha admirado la facilidad con que esos partidos degluten a sus líderes, los recambian, y ello no los debilita, ¡los fortalece!

¿Podrá el PSOE adquirir esa dinámica? Creo que sí y que además cuando asimilen los dirigentes como Susana Díaz las nuevas reglas de juego, incluso les gustará y acabarán conquistando el poder si Sánchez lo hace mal, eso sí, a juicio de la militancia, no de Prisa, exsecretarios generales, exministros, ex lo que sea… El 21 de mayo ha dejado claro el peso que tienen en las decisiones sobre el rumbo que tiene que asumir el partido.

Hago un inciso en este tema. Estas semanas parecía que un ex lo que sea debería tener más mérito que un militante de a pie. ¿Haber disfrutado de cargos orgánicos o públicos da más legitimidad a un militante o le hace deudor del partido? ¿Qué habría hecho profesionalmente cualquiera de esos ex lo que sea si el PSOE no los hubiera situado en algún cargo? ¿Son ellos más propietarios del PSOE por haber recibido más del PSOE que un militante de Agrupación que lleva pagando su cuota desde el año 1980 y nunca ha tenido cargo? ¿Es un honor o una penitencia ser Diputada por el PSOE, o Ministra, Presidente Autonómico, Secretario de Estado? ¿No hemos confundido algunos parámetros?

Volviendo a Susana Díaz. Gracias compañera, poca gente se pega un golpe así y está al día siguiente sonriendo. No sé, pasados unos días, me siento más unido a los <<susanistas>> por haber aceptado la victoria, sin sentirse derrotados. Nadie tiene que coser al PSOE. Nuestro ADN es conflictivo, somos de izquierdas e inconformistas. Claro que hay que pelear por lo que uno piensa, ¿desde la minoría?, ¡como tantas veces!, dentro y fuera del partido. También hemos disfrutado de mayoría: el 28 de octubre de 1982 ¡Qué noche la de aquel día! ¡Que nos quiten lo bailao! Ahora estamos en otra situación y este nuevo escenario requiere no sólo de liderazgo, requiere regenerar el riego capilar del partido: la conexión entre militancia y dirección. No será, obviamente, mediante la reunión los viernes por la tarde en las agrupaciones, que también. Seguramente pasará por hacer esas cosas que se pueden hacer hoy en día a través de redes sociales y demás instrumentos a nuestro alcance, pero con nuestro objetivo, transformar España. Algo que sí se ha entendido bien, es diferente de ser la opción más votada. No somos el Corte Inglés, no se trata de vender lo que la gente quiere comprar. Se trata de convencer a los españoles sobre la necesidad de nuevos objetivos comunes. Como partido no nos interesa ser la opción más votada para servir a los intereses, por ejemplo, que sirve Ciudadanos o el PP, para eso, para ponerse al frente de algo que ya está ahí no se necesita al PSOE, se necesita un Macron español y creo que hay varios candidatos, pero el PSOE tiene, desde su orígenes, vocación de transformación, aunque esto asuste a algunos. Hay que perseguir utopías, con los medios legales, convenciendo de la bondad de nuestras propuestas a una mayoría. Termino: Al César lo que es del César y el últimamente denostado Felipe González, con Alfonso Guerra y muchos otros, nos trajeron utopías: gracias compañeros. Ahora toca defenderlas y perseguir otras, y seducir, convencer a una mayoría de españoles sobre nuestros nuevos objetivos, y si no, otros nos ganarán en las elecciones y otros nuevos compañeros sustituirán, por decisión de la militancia, a nuestros actuales líderes y propondrán nuevas ideas para el cambio, no solo para ganar, sobre todo para transformar nuestro país.

¡Creo!