CAMINAR POR EL DESIERTO

Euskadi y Galicia mantienen su tendencia electoral, pero el PSOE debe recuperar su identidad.

Hacer en pocas líneas un análisis del resultado de las elecciones vascas y gallegas, después de haber oído las rotundas valoraciones de los opinantes de las diferentes televisiones, resulta como ver a lo lejos un oasis en medio del desierto; puede haber agua y sombra o ser, simplemente, un espejismo. Nada nos asegura que lo que hay es lo que queremos.

Solamente hay una evidencia, que no es nueva. Es que la izquierda está terriblemente fraccionada y hasta que no sea capaz de encontrarse a sí misma se auguran Gobiernos de derechas, tanto territorial como nacionalmente. Ni en Galicia ni en Euskadi ha habido fractura alguna en el electorado conservador que ha mantenido la misma tendencia que en los sucesivos comicios desde hace años. Nunca otras fuerzas que no fueran el PP en Galicia y el PNV en el País Vasco han ganado las elecciones en estas comunidades. El PSOE ha podido gobernar gracias a acuerdos con otros partidos en composiciones variables. En definitiva, nada que no hubiera sucedido antes ha pasado esta vez, salvo la anteriormente comentada división electoral de la izquierda y en concreto la progresiva pérdida de votos del Partido Socialista tanto en un territorio como en el otro. Esta pérdida sí que marca una tendencia inquietante si tomamos como patrón las tres últimas elecciones regionales, que es con lo único que se pueden comparar, pues en elecciones locales y estatales, tanto el electorado como el sistema electoral se mueven por distintos parámetros.

Ahora bien, sería un error considerar que esta caída se ha iniciado con estas elecciones y que tiene una relación directa o indirecta con la situación que se vive para la formación de Gobierno en España. Está claro que hay mucho interesado en llegar a esta conclusión, lamentablemente incluso en el interior del propio PSOE como ha traslucido estos días a través de los medios de comunicación. Hacerlo sería introducir un elemento más de confusión a los ciudadanos.

De igual forma, cualquier extrapolación de los resultados a lo que puede suceder con la formación de gobierno no ha sido más que una matraca reiterada. Ahora procede retomar los intentos que sea para intentar conseguir una mayoría que respalde un ejecutivo que evite una nueva convocatoria electoral. Quienes se empeñan en mantener que el PSOE con su abstención debe propiciar un Gobierno de Rajoy sumándose a la presión mediática, tendrán claro después de estas elecciones, que es entregar el protagonismo de la izquierda justo a esos que con tanta vehemencia rechazan.

Los diferentes órganos de dirección de los socialistas deben saber leer con mesura el resultado y comprobar que las pérdidas electorales que llevan sufriendo desde 2011, tanto en las Elecciones Generales como Locales y Autonómicas tienen que ver más con una frustración de su electorado de no comprobar con nitidez cuál es la línea que separa la política socialista con la popular. No es un tema de radicalización sino de recuperar una identidad hace tiempo perdida.

No pasaba nada cuando tras el PSOE estaba el desierto pero ahora, nos guste más o menos, hay otros.