CAMBIO SIN VETOS

simancas030216

El encargo realizado por el Rey a Pedro Sánchez para que negocie su investidura como Presidente del Gobierno ha generado grandes expectativas entre los partidarios del cambio en la política de nuestro país. Será una negociación difícil, pero todos los interlocutores están llamados a ejercer su papel con responsabilidad, a fin de dar cumplimiento a las esperanzas de progreso y regeneración que comparten millones de españoles.

La suma de los votos a las formaciones que apostaron por el cambio político en España en la pasada campaña electoral supera los 14 millones. PSOE, Podemos, Ciudadanos y Unidad Popular tienen programas distintos y estrategias muy diversas, ciertamente, pero comparten un objetivo común que debiera hacer posible la formación de un Gobierno con apoyo de todos ellos: el afán por una recuperación justa y la apuesta por la regeneración democrática en nuestro país.

Se entiende que el Partido Popular no forme parte de esta mayoría, porque ha dejado bien claro que su única opción para el futuro de los españoles es la continuidad de las políticas que han provocado las mayores cotas de injusticia social y devaluación democrática de nuestra historia reciente. Además, la sucesión inacabable de escándalos de corrupción que afectan al partido de Rajoy aconsejan su pase a la oposición sin más demora.

También se entiende que no formen parte de la mayoría que aspira al desarrollo y al progreso de la sociedad española aquellas fuerzas que buscan la ruptura del orden constitucional y la quiebra de nuestro país, promoviendo explícitamente la separación de parte del territorio español.

El resto de las fuerzas que fueron votadas para promover el cambio político, económico y social en España tienen el deber de encontrarse y de entenderse durante las próximas semanas. Sus votantes no entenderán que los intereses personales o partidarios de unos u otros frustren la oportunidad del cambio y posibiliten la continuidad del PP y de Rajoy en el poder. No tendría sentido ni justificación alguna, por tanto, el eventual veto de Podemos sobre Ciudadanos o de Ciudadanos sobre Podemos.

Es evidente que toda negociación entre formaciones políticas distintas para formar Gobierno parte de diferencias programáticas sustanciales. Pero una negociación consiste precisamente en buscar elementos comunes que puedan configurar un programa que ofrezca satisfacciones suficientes al conjunto de los negociadores y, lo que es más importante, a los españoles cuyos problemas estamos todos llamados a resolver.

En consecuencia, las negociaciones deben comenzar sin vetos previos, y atendiendo en primer lugar al “para qué”, a las prioridades programáticas. Pedro Sánchez ya ha hablado de cuatro grandes propósitos: la creación de empleo de calidad, la consecución de mayores niveles de igualdad y justicia social, la regeneración democrática y la solución a las tensiones territoriales. Es un planteamiento razonable para empezar a trabajar sobre leyes y medidas concretas.

Después llegará el cómo, con qué fórmula de apoyos, con qué calendario, con qué tipo de Gobierno y, solo al final, con qué personas al frente de los ministerios.

Nadie oculta la dificultad de este proceso, pero tampoco puede obviarse que quienes trabajen para facilitarlo recibirán el aplauso de la ciudadanía y, por el contrario, quienes actúen para obstaculizarlo con cálculos egoístas obtendrán su rechazo.

Vamos a ello.