Rafael Simancas

CAMBIO, PERO ¿QUÉ CAMBIO?

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Se está dando cierta perversión en el desarrollo de esta campaña electoral. En lugar de debatir sobre problemas y sobre soluciones desde las diversas posiciones ideológicas, algunos se empeñan en limitar los debates a un supuesto conflicto entre “lo viejo” y “lo nuevo”. Pero no todo lo viejo es negativo, y no todo lo nuevo merece una confianza acrítica.

De hecho, hay partidos nuevos con ideas y propósitos muy viejos. Ciudadanos, por ejemplo, hace planteamientos en lo económico y en lo social que resultan tan antiguos como contraproducentes. Es un partido nuevo el que propone el contrato único que universaliza la precariedad laboral, y el que pretende equilibrar déficits autonómicos mediante copagos en la sanidad y en la educación, y el que busca subir el IVA a los alimentos básicos y los medicamentos. Son ideas de un partido nuevo, pero son ideas viejas, y de derechas.

Ciudadanos y su líder Rivera, a pesar de ser “nuevos”, han dado muestras también de unos valores muy antiguos en lo referido a la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. Por una parte niegan el “derecho” de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y su propia maternidad. Y, por otra parte, han planteado en su programa electoral acabar con la tipificación del delito de violencia de género con penas agravadas. Nuevo partido, nuevo líder, pero las ideas son de un machismo muy añejo.

Podemos tiene un problema parecido, no tanto en los contenidos ideológicos de sus propuestas como en sus objetivos, sus estrategias y sus actitudes. Sus programas son cambiantes, poco concretos y generalmente referidos al socorrido “lo que diga la gente”. Dicen que no son ni de izquierdas ni de derechas, lo que equivale a pedir el voto como una especie de cheque en blanco. Votadme y ya veremos, parecen expresar.

No obstante, en sus propósitos son muy claros. Conforme los dirigentes de Podemos van asumiendo que ellos no ganarán las elecciones, su objetivo es que tampoco las gane el PSOE. Se trata de un anti-socialismo primario. No es original ni nuevo, pero muy agresivo. Por cada crítica que hacen a la gestión de la derecha, hacen tres o cuatro al PSOE y a su candidato. Reeditan aquella vieja idea de la “pinza” de Anguita y Aznar contra el PSOE de Felipe González. Prefieren que siga gobernando el PP de los recortes y los copagos antes que permitir un cambio progresista liderado por el PSOE. Partido nuevo, planteamiento viejo.

El PSOE es un partido de 136 años, pero es un partido con valores estables y programas y equipos renovados. Los principios no cambian. Son los de la gran mayoría de los españoles: la igualdad, la libertad, la justicia social, la profundización democrática, el europeísmo, el reformismo modernizador… Pero las reformas a plantear en cada etapa son distintas, y responden a las necesidades y las demandas de la sociedad española momento a momento.

El reformismo modernizador llevó al PSOE a protagonizar junto a otras fuerzas la Transición Democrática y el consenso constitucional. En los ochenta le llevó a liderar la incorporación de España a las comunidades europeas y a poner en pie el Estado de Bienestar. En los años dos mil, ese mismo impulso reformista condujo al Gobierno socialista a ampliar derechos sociales y libertades civiles.

La sociedad española necesita nuevamente un cambio. El nuevo impulso reformista debe llevarnos a un modelo de crecimiento justo, con buenos empleos y bienestar para la mayoría. El nuevo reformismo está llamado a consolidar los derechos sociales recortados durante la crisis. Y tenemos pendiente la puesta al día de la Constitución de 1978  y su modelo territorial. Son reformas muy importantes, que requieren de un partido con valores, con determinación, con ideas claras y con experiencia de Gobierno.

Solo hay un partido en España capaz de afrontar estas reformas progresistas con solvencia. Y solo hay un partido en España capaz de evitar otro cuatrienio de derechas, de recortes, de mentiras y de corruptelas generalizadas. Es el PSOE.