CAMBIO DE ESCENARIO

Escucho estos días a muchos compañeros, analistas o periodistas advertir sobre cómo “el PSOE ha vuelto a ocupar el centro del escenario”. Sin embargo, creo que más bien el PSOE (en realidad Pedro Sánchez y el núcleo dirigente actual) han llevado a cabo un cambio del escenario para, a continuación, ocupar no solo el centro, sino la mayor parte del espacio (el que aspira a ocupar un partido de mayorías) dentro de él.

La debilidad del sistema político e institucional, causada por el descrédito absoluto del Gobierno, hacía necesaria una reacción del poder legislativo a la altura de la sentencia del poder judicial. Pocos creían con certeza y determinación, entre los que no me encuentro, que activar la solución constitucional de la moción de censura constructiva, era la idea a presentar a la sociedad española y la iniciativa política a defender, y que además tendría éxito. Pero sí creyeron en ello Sánchez y su equipo. Y no solo acertaron, sino que pusieron las bases para provocar ese cambio de escenario.

Acto seguido, y tras el desglose de un conjunto de objetivos ante el Congreso, el presidente Sánchez armaba un Gobierno que en su conformación reúne dos requisitos esenciales para apuntalar el cambio de escenario: será un Gobierno que cumplirá con los objetivos presentados al Congreso durante el debate de la moción de censura, y será un Gobierno que desarrollará un proyecto político modernizador y transformador para España.

El hecho de que el feminismo y el europeísmo sean las grandes ideas del proyecto de ese Ejecutivo completa el círculo que nos permiten asegurar que no solo ha habido un cambio de Gobierno o de ubicación de actores en el ecosistema político, sino que lo que estamos viviendo es un cambio en el fondo de la política española, y que no ha venido de la mano de los “nuevos partidos”, paradójicamente.

Lo cual no significa que todo esté hecho. Más bien al contrario. Casi todo está por hacer. Pero sí hay una cosa segura, y es que la pericia y acierto (con la responsabilidad de Estado en el núcleo) del presidente Sánchez y de su equipo, sin ser infalible –ojo-, han permitido no solo activar una solución institucional ante un tapón obstaculizador (recuérdese el no al Rey de 2016) como Rajoy y el actual PP, sino que ha posibilitado la apertura de un nuevo escenario político, que de confirmarse (más allá de la fecha de la próxima convocatoria electoral) se convertirá en ciclo o etapa.

Un buen regalo sin duda para nuestra Constitución, en su 40 cumpleaños. Y un mejor regalo para un partido como el PSOE, tan zaherido en los últimos cuatros años, que ha recibido un verdadero soplo de autoestima y fuerza por parte de su líder y secretario general (impulsado por sus bases). Le toca ahora al partido devolverle ese esfuerzo en forma de apoyo y adaptación a ese nuevo escenario político (que en España se está configurando de la mano, otra vez, de la socialdemocracia), para acompañar y, por qué no, también proponer ideas y alternativas al nuevo Gobierno. Le toca trabajar, con muchas dosis de humildad, para ocupar ese espacio protagonista y mayoritario en las urnas cuando llegue el momento. El cambio de paradigma impulsado por Sánchez hace apenas quince días apunta en esa dirección.