CAMBIO CLIMÁTICO. DOS AÑOS PERDIDOS EN ESPAÑA

El 4 de noviembre ha sido el aniversario de la entrada en vigor del Acuerdo Climático de la COP21 celebrada en París en diciembre de 2015, y el 6 de noviembre se inicia en Bonn la 23 Conferencia del Clima de Naciones Unidas (COP23). Han pasado casi dos años desde que el 12 de diciembre de 2015 España, junto al resto de países y partes intervinientes llegaran al citado Acuerdo Climático de París. Dos años en los que las novedades efectivas en el Gobierno del partido popular de este país, tanto en adaptación como en mitigación del Calentamiento Global, pueden considerarse en gran parte perdidos.

En teoría, al menos, al suscribir, primero, y ratificar un año después el Acuerdo Climático de París el Gobierno de España reconocía el Objetivo de limitar el calentamiento global a menos de 2°C por encima del nivel preindustrial, lo que suponía reducir lo máximo posible las emisiones, limitar el uso de combustibles fósiles y establecer políticas de adaptación ante las consecuencias de ese calentamiento global que protegieran el bienestar de la sociedad y nuestro patrimonio.

Pero bien poco se ha hecho desde un Gobierno y un Ministerio (de Agricultura y pesca, alimentación y medio ambiente), donde no es casual que el medio ambiente ocupe la última posición en la denominación. Y ello pese a la afortunadamente creciente percepción de que el modelo de sociedad capitalista de consumo globalizado nos ha llevado –entre otros graves efectos- a que se superen los límites ambientales y ecológicos del Planeta y a que se incrementen progresivamente las desigualdades socioeconómicas, poniendo en cuestión su sostenibilidad. Percepción puesta de manifiesto también con posicionamientos como el del Papa Francisco en su encíclica Laudeato Si, o el anuncio de Divestment from Fossils Fuels del 4 de octubre pasado, ratificando la postura del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) “una confraternidad de más de 300 iglesias que representan a unos 590 millones de personas en 150 países” para desinvertir en energías fósiles, tanto por sus efectos sobre el calentamiento global como por los derivados de este calentamiento sobre las desigualdades sociales.

Hace unos días, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su último Boletín sobre los Gases de Efecto Invernadero (nº 13 de 30 de octubre de 2017) recoge que ya se ha llegado, en 2016, a una concentración media de 403,3 ppm de CO2equiv. en la atmósfera. Concentración que, con los modelos climáticos existentes, se corresponde –con una probabilidad del 95%- con un calentamiento situado entre 1ºC y 2,9ºC, con un valor medio cercano a los 1,5ºC que era el valor considerado que era conveniente no pasar en 2100 –en el citado conclave de París- para evitar riesgos preocupantes para la Humanidad.

Este preocupante dato deja clara la urgencia –de la que no parece enterarse el Gobierno español ni muchas de las Comunidades Autónomas ni Ayuntamientos de este país- de proceder a la adopción de medidas de adaptación y resiliencia social, a las que hemos hecho reiterada referencia en esta Sección.

Como recoge explícitamente la OMM es el Boletín nº13 citado: “El rápido aumento de los niveles atmosféricos de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) podría provocar cambios impredecibles en los sistemas climáticos, a causa de una fuerte retroacción positiva, lo que conllevaría graves perturbaciones ecológicas y económicas.…Los registros geológicos muestran que los niveles actuales de CO2 corresponden a un clima “en equilibrio”, que se observó por última vez en el Plioceno Medio (hace entre 3 y 5 millones de años), un clima que era unos 2 o 3°C más cálido, donde los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental se fundieron e incluso desapareció parte del hielo de la Antártida Oriental, lo que provocó que el nivel de los mares subiera entre 10 y 20 metros por encima del actual”. Observaciones que no requieren muchos más comentarios, pero que deberían ser suficientes para acabar con el autismo mayoritario en nuestra sociedad, que debería comprender que ya no se trata tanto de reducir emisiones –que también- sino de preparar urgentemente a nuestra sociedad y a nuestros territorios para las gravísimas consecuencias económicas, sociales y sobre la salud que va a tener el inevitable proceso de calentamiento global.

 

Ya hemos señalado reiteradamente que las dinámicas globales que se registran son muestras de la falta de ética del modelo de sociedad capitalista de consumo que vivimos, y de su falta de solidaridad implícita con las generaciones futuras en los aspectos socioeconómicos, territoriales y ambientales. Pese a esta constatación, lo cierto es que los denominados partidos verdes -bajo distintas denominaciones- no logran aumentar su incidencia entre los votantes. Y estas temáticas no parecen ser las más atractivas para aumentar el peso de los partidos que se pueden denominar de izquierdas en el balance electoral final, que es el determinante de las posibilidades de cambio de una sociedad en democracia.

Es muy positivo el hecho de que la izquierda vaya incorporando poco a poco –con el muy buen ejemplo del PSOE actual- la necesidad de un cambio de modelo hacia lo que en otros artículos hemos calificado de modelo ecosocialista: socioeconómicamente cohesionado (sin desigualdades significativas entre la población), territorialmente equilibrado (sin desigualdades significativas entre los lugares de residencia de la población) y ambientalmente sostenible (progresivamente descarbonizado y desmaterializado y respetuoso con el patrimonio natural del planeta).

El cambio de modelo es cada vez más urgente, y es necesario conseguir que la sociedad valore ese cambio y lo consume con sus votos. Pero es mucho más urgente en una situación en que el calentamiento global y el cambio climático asociado ya se ve como irreversible y con riesgo de llegar a tipping points que aceleren de forma muy significativa los niveles de calentamiento y sus nefastas consecuencias, que el Gobierno, las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales adopten medidas de adaptación y resiliencia social sobre dichas consecuencias. Medidas que en muchos casos requieren cambios muy sustanciales en los modelos de ordenación territorial y urbana y que requieren inversiones, acuerdos y compromisos a largo plazo. No hablamos de palabras o de documentos, sino de acciones urgentes.

El Ministerio de Agricultura recoge en su web cómo el Primer Programa de Trabajo del PNACC fue aprobado en 2006, conjuntamente con el propio Plan, con el fin de abordar las prioridades inmediatas y los aspectos transversales de la adaptación al Cambio Climático en España. El Segundo Programa de Trabajo fue adoptado en julio de 2009 y, por último, en diciembre de 2013 se aprobó el Tercer Programa de Trabajo, que pretendía abordar de forma integral la adaptación al cambio climático. Tanto el Segundo como el Tercero se abordaron en un marco de fuerte restricciones presupuestarias que limitaban claramente la viabilidad de muchas de las actuaciones necesarias, si bien ese Tercer Programa de definía con vigencia hasta el año 2020, citando su adecuación a la Estrategia Europea de Adaptación al Cambio Climático aprobada en abril de 2013 por la Comisión Europea, cuyos tres objetivos fundamentales eran:

  1. Fomentar que todos los Estados miembros adoptaran Estrategias Integrales de Adaptación y facilitar financiación para ayudarles a consolidar su capacidad de adaptación y a emprender medidas. Apoyar la adaptación en las ciudades mediante la puesta en marcha de un compromiso voluntario basado en la iniciativa del Pacto de los Alcaldes (integrado desde 2015 en el Pacto de los Alcaldes para el Clima y la Energía).
  2. Promover medidas a nivel de la UE (Climate proofing) para la adaptación en sectores vulnerables clave, como la agricultura, la pesca y la política de cohesión; garantizar que las infraestructuras europeas sean más resistentes y promover el uso de los seguros contra catástrofes tanto naturales como antropogénicas.
  3. Promover una toma de decisiones informadas, abordando lagunas de conocimiento en materia de adaptación y el desarrollo ulterior de la Plataforma europea de adaptación al cambio climático (Climate-ADAPT).

La situación desde 2013 ha cambiado radicalmente como se ha visto en el Boletín nº13 de la OMM. El último Informe de Seguimiento del Tercer Programa publicado por el Ministerio de Agricultura es de enero de 2014 mostraba avances e insuficiencias destacando los problemas presupuestarios y el escaso desarrollo de acciones concretas –que no estudios o acuerdos- de adaptación. Pero sí es noticia del Ministerio su necesidad de invertir 1,3 millones en la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, 515.000 euros en la del Duero y 430.000 euros en la del Cantábrico para paliar los daños causados en bienes privados y públicos así como en la superficie forestal de los ámbitos afectados por los incendios, a los que nos referíamos en el artículo anterior publicado en esta Sección. Artículo que ya incorporaba una crítica a la actuación del Gobierno y del Ministerio y que establecía las líneas básicas mínimas que se consideraban de urgencia al respecto.

Quince días después los nuevos datos del señalado Boletín de la OMM y el inminente inicio de la COP23 nos hacen ser reiterativos en la llamada urgente a la acción. También en el intervalo de estos 15 días The Lancet ha publicado su “Informe del Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, 2017. El inicio de una transformación a nivel mundial para la salud pública después de 25 años de pasividad” (http://www.thelancet.com/climate-and-health) cuyo título es suficientemente indicativo de contenidos. Y resumiendo algunos de los principales Indicadores que utilizan en sus Informes, ellos mismos destacan:

Indicador 1.2.- La evidencia de que la exposición a olas de calor más frecuentes e intensas está aumentando es clara. En 2016 hubo 125 millones más de personas adultas expuestas a olas de calor que en el año 2000.

Indicador 1.3.- El aumento de las temperaturas tiene efectos adversos en la productividad laboral. En 2016 se ha observado un descenso de 5,3% en la productividad a nivel mundial con respecto a los niveles de 2000 en las poblaciones expuestas.

Indicador 1.4.- Se ha observado un aumento del 44 % en la ocurrencia de desastres de naturaleza meteorológica desde el año 2000, sin que se haya registrado un aumento o disminución en letalidad de estos eventos, lo que podría sugerir el principio de una respuesta adaptativa al cambio climático. Sin embargo, se predice que los impactos del cambio climático vayan empeorando con el tiempo, por lo que los niveles de adaptación actuales serán insuficientes en el futuro.

Indicador 1.6.- A largo plazo, las alteración en las condiciones climáticas está contribuyendo al aumento de la capacidad vectorial del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, observándose un aumento del 9,4 % desde 1950.

Indicador 1.8.- Al menos 4.400 personas se han visto obligadas a migrar debido solo al cambio climático por la erosión de la costa y el aumento del nivel del mar, aunque hay muchos más migrantes si se consideran más de este factor como motivo de la decisión de migrar. A partir de 2010 podría haber entre 830 millones y 1.184 millones de personas que se pueden ver obligadas a migrar “debido a la subida del nivel del mar” causada por el deshielo si no se reducen significativamente las emisiones de los gases de efecto invernadero para frenar el impacto del calentamiento, y no se adoptan las medidas de adaptación necesarias.

Indicador 4.4.- El importe total de las pérdidas económicas derivadas de eventos relacionados con el clima ha ido en aumento desde 1990, y alcanzó un total de 129 000 millones de dólares en 2016. Un 99 % de dichas pérdidas tuvieron lugar en países con ingresos bajos no asegurados.

En España la evolución de los procesos y de las NO respuestas que se están adoptando están claras. Al igual que lo está que la única vía racional de actuación, hoy por hoy, es la sustitución del Gobierno de Rajoy por un Gobierno presidido por el actual PSOE, que sea capaz de acordar y convenir con Podemos –si es que su progresivo errático comportamiento no le lleva a la extinción- el Programa “Somos Socialistas: Por una nueva Socialdemocracia” de su actual ejecutiva, donde el cambio de modelo de crecimiento y la necesidad de la Adaptación e incremento de la resiliencia social tenían –al menos- una formulación correcta.