CAMBIAR Y AVANZAR SIN SOBRESALTOS

frutos200616

Repetir obviedades termina siendo pesado, pero hay que hacerlo para no cometer errores tontos. Una suerte de obviedades electorales: la decisión del voto es un acto de voluntad individual y, se supone, responsable; el resultado del día 26 lo sabremos cuando se cuenten los votos, no antes; de lo que suceda a partir de ese día con nuestro futuro colectivo en los próximos años somos responsables cada uno de nosotros; las opciones a elección son sobradamente conocidas por todos; es evidente que los medios de comunicación llevan tiempo sin ser neutrales y objetivos. En definitiva, cada ciudadano tiene en su mano la fuerza de elegir el camino de salida de la encrucijada nacional. Las tendencias también se cambian.

Como en diciembre, en junio el objetivo a batir vuelve a ser el PSOE, no es victimismo, es también obviedad, si alguien no lo percibe es por ser interesado en ello o por desinterés sobre el futuro de su país y las consecuencias que se deriven.

En España, históricamente, una parte de la ciudadanía, además de sectores empresariales y mediáticos, ha visto a los socialistas como los grandes enemigos de sus intereses económicos, políticos e incluso culturales. Consideran que estos tienen una concepción de la sociedad antagónica con la suya. Quizás entendible. Los dirigentes del PP tendrían que haber sido más listos y menos dogmáticos a este respecto. Hacer suyo el pensamiento de Antonio Machado que asegura que buscando el contradictorio se encuentra al complementario. Ha sido imposible, la derecha española siempre ha tenido una visión omnicomprensiva y patrimonialista no sólo del poder político sino del propio país. Esto no es anecdótico, ha impedido en los años de democracia superar el guerra-civilismo dialectico y deslegitimador del oponente, marcando una distancia con la derecha europea. El objetivo es simple de entender: dejar al adversario político minorado para que fuera oposición, pero no incómoda alternativa.

La derecha en España, no sólo la política, ha nutrido este caldo de cultivo desde dos estrategias: una, el control de la agenda mediática y dos, propiciar un cambio social fraguando una sociedad más preocupada en acrecentar su patrimonio personal, que el colectivo, no valorando la importancia de tener un modelo de convivencia cohesionado, más igualitario, donde la mayoría fueran ganadores en la época del crecimiento y no exclusivos perdedores en las épocas de crisis.

Ahora creen tener la oportunidad de oro. Aunque algunos dirigentes de derechas con más perspectiva, piensen que igual se han pasado de frenada y dejar a los socialistas a un papel accesorio puede conllevar excesivos riegos.

El escenario actual de ver cómo el electorado de izquierdas se fracciona irreconciliablemente no deja de ser para la derecha un espectáculo sugerente. No obstante, puede ser que lo que consideran como hechos consumados no lo sean tanto.

El electorado de izquierdas o progresista es mucho menos disciplinado, militante y transigente, con los errores de sus dirigentes que el de derechas. Es el que más ha sufrido, aunque no sólo,  con los efectos de la crisis económica, por lo que se ha sentido desamparado políticamente. En buena lógica este votante sería el que debería haber apoyado a los socialistas para cambiar al Gobierno de la nación, para ello han existido razones sobradas, sin embargo multitud de variables han llevado a este colectivo de electores no sólo a apartarse del PSOE, sino incluso a radicalizarse y adoptar posiciones confusas ideológicamente y deslavazadas programáticamente. Esta radicalización se antoja como transitoria. El verdadero éxito de los socialistas es haberse situado en un territorio representando a una mayoría social reformista y progresista defensora del Estado de Bienestar y sin abrazar planteamientos políticos ni prácticas de gobierno que pudieran poner en riesgo esta conquista social, que ha sido el cambio más profundo en la Historia reciente de España. El desamparo en la crisis económica ha significado un desencuentro del PSOE con su electorado, más cuando la crisis mundial demostró que las políticas nacionales no eran efectivas y la Unión Europea desconcertada optó, sin alternativas, por políticas de austeridad en lugar de garantizar la cohesión social, repartiendo los costes del fracaso del modelo liberal-libertino de los años anteriores.

A pesar de ello, el Partido Socialista sigue representando los ideales de un gran número de ciudadanos, que consideran que este país no tiene que moverse en escenarios exclusivos y excluyentes de negación del otro, ya sea por razones ideológicas como el PP o por tácticas de ocupación de un territorio lejano al socialismo democrático donde el poder se expresa con formulaciones ideológicamente amalgamadas y con viejos paradigmas de bloques de clase. Por ello, es transitoria la radicalización, pues los socialistas terminarán encontrado los puentes de unión con los ciudadanos que quieren cambiar y avanzar sin sobresaltos. Esto llevará su tiempo y el cumplimento de una agenda muy precisa e inequívoca (ya hablaremos de ella).

Se quiere hacer ver que el PSOE está en su peor momento histórico desde que la legislatura quedó frustrada. Pretenden condicionar su actuación del día siguiente a las elecciones, o traiciona a las “clases populares”o a España, cuando hay un porcentaje superior al 30% que aún no ha decido su voto. Es evidente que aunque los medios y los que frustraron un posible gobierno en el breve concilium sientan como que la presa está cobrada, aún queda la decisión final del elector.