CADA DÍA ES UNA QUIEBRA MÁS EN LA CONFIANZA DEL SISTEMA

frutos080416

Existe un viejo debate sobre los costes económicos que tiene una democracia. Es complejo poder evaluarlo y más, si pretende establecerse en términos comparativos con las no democracias, las dictaduras. Una dictadura es en esencia más cara al ser germen de toda corrupción posible, y que esto es así, lo prueban los anales de la historia. El mantenimiento de las instituciones democráticas es siempre alto de financiar con el erario público, desde los partidos políticos hasta los entes que componen el entramado de organismos de representación y control. Todo ello es asumible siempre que se cumplan dos condiciones de base. Una, que el entramado institucional se comporte bajo los presupuestos de la austeridad en el ejercicio de las funciones públicas que las leyes les asignan; y dos, que la corrupción tan sólo sea una excepción que el sistema combate y corrige con rigor y prontitud ejemplarizante.

La Revolución francesa convirtió a los súbditos en ciudadanos, sujetos todos a la ley y portadores, como tales, de derechos y obligaciones. El avance del sistema liberal democrático tras la II Guerra Mundial y con el pacto entre el liberalismo y la socialdemocracia añadió un componente más a la ciudadanía, el de contribuyente. El Estado sólo es capaz de conseguir la cohesión social y reconducir la lucha de clases si tiene capacidad económica suficiente para corregir las desigualdades económicas, generando una sociedad de bienestar donde las condiciones básicas para vivir y desarrollarse con dignidad estén garantizadas (sanidad, educación, pensiones, etc.)

El libre-mercado sustentado en una economía basada en la producción y consumo de bienes y servicios en masa por los ciudadanos/contribuyentes ha sido la única fórmula de generar empleo para millones de personas y beneficios para los inversores y ello sólo se ha podido construir desde el consumo masivo no racionalizado. Ello ha otorgado una tercera C, la de consumidor.

En un buen entendimiento la condición de ciudadano, contribuyente y consumidor está basada en la confianza en el sistema para que funcione. Solo así es posible. Cuando la confianza se quiebra no cabe vuelta atrás, son los fundamentos del modelo que nos hemos dotado que se sostienen con la siguiente ecuación:   3C+1C, la C de la confianza. Es como las leyes Newton universales.

En los últimos tiempos ha habido serias grietas en la estructuray ahora parece que el hormigón estaba aguado y no porque los c₃ rechacen el modelo sino porque alguien no pone el cemento en el sitio debido.

Simplemente poniendo encima de la mesa algunos datos vemos que es difícil confiar en la calidad democrática del sistema fiscal y por ende en el funcionamiento democrático. El IVA defraudado o no recaudado en el conjunto de la UE en el año 2013 es de -15,2%. Grecia o Italia tienen una merma cercana al 34%, Alemania ha perdido el 11,2% y España dejó de ingresar 11.610 millones de euros; tan sólo, por este impuesto que grava el consumo. Europa hace aguas también en este capítulo, los tipos impositivos muy bajos y secretísimo bancario de Austria o Luxemburgo, por ejemplo, es insolidario y vergonzoso. Los casos de evasión de impuestos por parte de multinacionales hizo clamar incluso a la conservadora OCDE, que estima que las grandes empresas con presencia en diferentes países logran evitar el pago de entre el 4% y el 10% de los ingresos recaudados en los impuestos sobre beneficios, con lo que dejan de ingresar entre 90.000 y 220.000 millones de euros al año. Pero la UE cómo va a decir nada cuándo sigue sin esclarecerse el escándalo de Juncker que, siendo primer ministro de Luxemburgo, llega a un acuerdo tributario con Fiat y otras multinacionales que han desviado a este país parte de los beneficios generados en otros Estados miembros. Eso sí, el Ejecutivo comunitario dice que la lucha contra la evasión fiscal sería una de las prioridades. Palabras. Las instituciones se preocupan de Amazon o de Apple como ha sido demostrado, no de los c₃. En España las grandes empresas y fortunas son responsables del 72% de la evasión fiscal. Algo importante falla cuando las pequeñas y medianas empresas españolas tributan a un 14,9%, mientras que las grandes corporaciones lo hacen realmente a un 6%. Si además sumamos cómo se ha engañado a los consumidores en casos como las preferentes y otros productos bancarios, o el fraude de las emisiones de coches de Volkswagen y el de las operadoras de telefonía, vemos que el mundo del consumo está también trufado, qué nos queda.

Ahora los mediáticos papeles de Panamá sólo nos evidencian que el mal está generalizado. La escasez de recursos para hacer frente a la crisis y seguir el proceso sostenible de desarrollo del mundo del capitalismo es, más que un problema técnico y legal, una cuestión esencialmente ética.

Al lector no le resultará algo nuevo cuando parece probado que desde el Presidente del Gobierno y del PP para abajo recibieron sobresueldos totalmente opacos fiscalmente y está probada la existencia una caja B en las cuentas del Partido Popular. Todo ello nos deja una clara evidencia de que estamos en un tremendo torbellino de relaciones del mundo financiero, político y empresarial, donde legal o no, prescrito o no, demuestra que son universos muy lejanos de los c₃ que se sienten engañados, como no podía ser menos, por aquellos que han de liderar su modelo de vida. Cualquier consecuencia de futuro a todo esto se me antoja como posible y bajo un negro nubarrón. La tormenta, si no se remedia con premura, puede terminar en inundación.