BUEN TONO DE LAS EXPORTACIONES ESPAÑOLAS

somoza270516

Se podría decir, sin temor a exponer algo erróneo, pero tampoco una obviedad, que la internacionalización de la empresa española, y en concreto la capacidad de vender su producción más allá de las fronteras nacionales, ha sido una de las sorpresas positivas de la economía española durante la larga crisis que empezó hace ocho años. En este período hemos podido comprobar que contamos con un creciente número de empresas con una probada capacidad de competir en los mercados internacionales, haciendo de la necesidad virtud. En 2007, justo antes del inicio de la crisis económica, las exportaciones de bienes y servicios suponían entorno al 26 del PIB, hoy supera ligeramente el 32%.

Los últimos datos publicados señalan que el crecimiento de las exportaciones españolas de mercancías en los tres primeros meses de 2016 ha sido de un 0,2%. No ha sido mucho, podría argumentarse (de hecho, es el menor desde 2009), pero se ha producido en un contexto de palpable estancamiento, cuando no retroceso, de nuestros socios comerciales, aquellos que compran nuestros productos. Por ejemplo, en la UE, entre los grandes países solo Alemania registra una tasa superior a la española (+0,7%), mientras que Reino Unido (-4,5%), Francia (-1,1%)eItalia (-0,4%), presentan registros negativos. Más allá de Europa, también encontramos datos muy negativos en la evolución de las exportacionesEstados Unidos (-7%), Japón (-7,9%) y China (-9,7%).

Las importaciones, por su parte, medidas en valores monetarios disminuyeron un 0,7%. La consideración conjunta de ambas magnitudes nos da como resultado un déficit comercial de algo más de 4.900 millones de euros, que es un 10,5% inferior al registrado en el mismo periodo de 2015. En esta reducción juega un papel primordial la importante caída de los precios del petróleo, pues el déficit del saldo energético se ha reducido un 42,5%. Sin embargo, hoy el precio del barril de petróleo está cotizando por encima de los 50 dólares por barril, por lo que este positivo efecto tenderá a neutralizarse en los datos del próximo trimestre.

Desglosando nuestras ventas por países, el retroceso es generalizado entre los países no-UE. Así nos encontramos con caídas importantes con Arabia Saudí (-28,7%) y Brasil (-27,3%), y de menor calado con el principal socio comercial fuera de la UE, EEUU (-0,4%). Las exportaciones a otros países de Europa crecieron un 3,9%, pero es especialmente significativa la caída de Francia (-1,4%). Por el lado positivo destacar China (+8,6%) y Marruecos (+15,7%), países con los que el volumen de intercambios comerciales no es muy importante (aun situándose entre los 15 primeros destinos), pero que ofrecen un gran potencial.

El sector del automóvil sigue siendo un gran motor para nuestra economía (casi uno de cada cinco euros que se vende al exterior se deriva de este sector) registrando un crecimiento de las exportaciones en el primer trimestre fue del 7,9% interanual. En otro sector de gran importancia, alimentación, bebidas y tabaco (17% del total) las ventas aumentaron un 3,8%.

Por Comunidades Autónomas, las que experimentaron una mayor tasa de variación interanual positiva de sus exportaciones en enero-marzo de 2016 fueron Castilla y León (+18,2% interanual), Castilla-La Mancha (+12,1%) y Comunidad Valenciana (+7,0%); mientras que los mayores descensos se produjeron en Baleares (-25,2%), Canarias (-15,9%) y Extremadura (-11,3%).

Pero los datos de comercio exterior también se han utilizado tradicionalmente en clave de análisis de la evolución de la economía doméstica. De esta forma, un crecimiento de las exportaciones a la par que un decrecimiento de las importaciones, puede interpretarse, en un primer impulso, como un síntoma de debilidad de la macro interna. Nuestras compras al exterior caen porque consumimos o producimos en niveles inferiores a los del período de referencia y además vendemos fuera porque aquí, en nuestro “patio de vecinos”, no nos compran. Cuando yo empezaba hace años en esto del análisis macroeconómico, las exportaciones se consideraban como una suerte de venta de último recurso, una salida de emergencia. Hoy en día, factores como un mayor conocimiento de idiomas y una mejor capacidad de dirección empresarial inciden en una mejora de la propensión a exportar. No obstante, el tejido empresarial español adolece de algunos otros factores que pueden ayudar a que este buen comportamiento demostrado durante la crisis se consolide y sea aprovechado por un mayor número de empresas; me refiero al tamaño, pues está demostrada una asociación positiva entre propensión a exportar y tamaño de empresa, o la inversión en actividades de I+D y en adopción de tecnologías innovadoras, que no solo les posicionan de manera óptima en mercados más competitivos sino que además les permiten hacerlo con argumentos más allá de un precio más bajo.

En definitiva, los datos del primer trimestre del presente año relativos al comercio exterior de mercancías de España abundan en el diagnóstico de que el sector exterior, aun a pesar de que en términos comparados con otros países evidencia una mejoría en la posición relativa, ha dejado paso a la demanda interna como aportador al crecimiento del PIB. Por otro lado, determinados comportamientos de nuestras ventas al exterior muestran la atonía económica de algunos de nuestros principales socios comerciales, y otros, como Brasil, que en años pasados brillaron por su dinamismo, se encuentran en serias dificultades.