BANCO MUNDIAL: 6 ESTRATEGIAS PARA ACABAR CON LA POBREZA

Para poner fin a la pobreza extrema en 2030 es fundamental abordar el problema de la desigualdad. Más en concreto, es necesario incluir medidas orientadas a reducir el elevado nivel de desigualdad. Quien hace esta afirmación, no muy difundida por los medios de comunicación, es el Banco Mundial que se ha fijado el objetivo “End poverty 2030”.

Algo está cambiando, aunque más lentamente de lo necesario, cuando escuchamos a Jim Yong Kim, Presidente del Grupo Banco Mundial declarar que “es extraordinario que los países hayan seguido reduciendo la pobreza e impulsando la prosperidad compartida en una época en la que el desempeño de la economía mundial es deficiente. Sin embargo, todavía hay un número excesivamente elevado de personas que subsisten con muy pocos recursos”. O cuando manifiesta que “a menos que podamos acelerar nuevamente el crecimiento mundial y reducir la desigualdad, corremos el riesgo de no alcanzar la meta de poner fin a la pobreza extrema para 2030, establecida por nuestra institución. El mensaje es claro: para poner fin a la pobreza, debemos lograr que el crecimiento beneficie a los más pobres, y una de las medidas más eficaces en ese sentido es reducir el elevado nivel de desigualdad, en particular en los países donde residen muchas personas pobres”.

Por primera vez en la historia de la humanidad, podemos acabar con la pobreza. Solo falta la voluntad y las acciones concretas para hacerlo. Y esta vez parece que van en serio, porque junto a los discursos bien intencionados se están realizando una serie de medidas que entroncan con los ODS de Naciones Unidas. Entre ellas, para realizar un seguimiento exhaustivo de su objetivo de erradicación de la pobreza extrema, el Banco Mundial ha iniciado la elaboración anual del nuevo Informe “La pobreza y la prosperidad compartida”, que recopilará información sobre las estimaciones y tendencias más recientes y precisas en materia de pobreza mundial y prosperidad compartida.

De este modo, podemos conocer que en el año 2013, 767 millones de personas vivían con menos de 1,90 dólares al día, es decir, vivían en pobreza extrema. De ellos, 385 millones eran niños. Cifras devastadoras, porque estamos hablando de personas, y mayoritariamente niños que son los más perjudicados. Niños, cuyas privaciones de hoy afectan a su desarrollo físico y mental ahora, pero que les dejará secuelas a lo largo de toda su vida.

Pero hay esperanza, cuando se constata que en un año, de 2012 a 2013, se ha producido una disminución de la pobreza extrema en alrededor de 100 millones de personas. Está disminución, se registró fundamentalmente en Asia Oriental y el Pacífico, en particular en China, India e Indonesia. Y junto a la esperanza mucho trabajo por hacer, porque se sabe que la mitad de los habitantes extremadamente pobres del planeta vive en África al sur del Sahara, y el otro tercio en Asia meridional.

Mucho trabajo por hacer, cuando la brecha de ingresos sigue ampliándose. Y los ingresos del 60 por ciento más rico de la población continúan creciendo a un ritmo más acelerado que los del 40 por ciento más pobre. O cuando en 23 países, los ingresos del 40 por ciento más pobre disminuyeron estos años en términos absolutos.

Mucho trabajo por hacer, pero ahora más sistematizado al tener no solo información y datos, sino propuestas contrastadas que han logrado una reducción significativa de la desigualdad en los últimos años en algunos países. De ahí, el Banco Mundial identifica seis estrategias de alto impacto, es decir, políticas que han logrado incrementar los ingresos de los pobres, aumentar su acceso a servicios esenciales y mejorar sus perspectivas de desarrollo a largo plazo, sin menoscabar el crecimiento.

Estas seis estrategias son: 1.- Desarrollo y nutrición en la primera infancia, para evitar que las deficiencias nutricionales y la falta de desarrollo cognitivo durante este período puede ocasionar retrasos en el aprendizaje y menor rendimiento escolar en etapas posteriores de su vida. 2.- Cobertura universal de salud. 3.- Acceso universal a educación de calidad. 4.- Transferencias monetarias a familias pobres, con un ingreso básico que reduce considerablemente la pobreza y crea oportunidades tanto para los padres como para los niños. 5.- Infraestructura rural, en particular caminos y electrificación, que reducen los costos del transporte, conectan a los agricultores rurales con los mercados donde venden sus productos, permiten que los trabajadores se trasladen con más libertad y promueven el acceso a las escuelas y los centros sanitarios. 6.- Tributación progresiva y equitativa, para poder financiar las políticas gubernamentales, transferir recursos a los habitantes más pobres y reducir la desigualdad, al mismo tiempo que se mantienen bajos los costes de eficiencia.

Estas seis estrategias, según el Banco Mundial, “se asientan en pruebas sólidas y muchas están dentro de las posibilidades financieras y técnicas de los países. Si bien la adopción de las mismas políticas no implica que todos los países obtendrán los mismos resultados, las políticas que hemos identificado han sido eficaces repetidamente en contextos diferentes en todo el planeta”.

Ya no hay excusas. El propio Banco Mundial ha enterrado el neoliberalismo, una de las páginas más nefastas del capitalismo. Ahora hay que mandar la pobreza a una página de la historia de la Humanidad.