AUTORREFLEXIONES SOBRE LA CULTURA CIENTÍFICA A FINALES DE 2016

En el año 2017 se cumplen diez años de la creación de la Unidad de Investigación en Cultura Científica (UICC) en el seno de un centro tan altamente especializado en investigación en física y biología básica y alta tecnología energética y medio ambiental como es el CIEMAT. A finales de 2016 tres investigadoras, Ana Muñoz van den Eynde, responsable de dicha Unidad, Belén Laspra e Irene Díaz García, integrantes del Grupo de Investigación CTS de la Universidad de Oviedo, de la que también forma parte la UICC, han publicado un importante Documento CIEMAT con un título complejo “El estudio de la Cultura Científica. El Cuestionario PICA sobre Percepción, Interés, Conocimiento y Acciones Relacionadas con la Ciencia” que refleja la esencia de la investigación que lo sustenta, aunque no anticipa algo que subyace en el texto, una reflexión crítica sobre la situación de la investigación en cultura científica tras medio siglo de actividades y estudios sobre esta cuestión cada vez más importante.

Apuntes personales

Hace unos sesenta y cinco años, Kroeber y Kluckhohn publicaron un importante análisis sobre la complejidad del concepto de cultura en relación con sus definiciones, libro que se cita en el trabajo de Muñoz Van Den Eynde, Laspra y Díaz García. Por otro lado, estimo que ha trascurrido medio siglo de la entrada del concepto de cultura científica en el ámbito de la sociología y política de la ciencia y que fue integrado con gran interés por el campo interdiscisciplinar de los estudios CTS.

Otra área que se ha interesado e implicado en el cultivo y análisis de la cultura científica es la de la comunicación: en el mundo anglosajón con el reconocimiento y la proliferación de los “science writers” y en el mundo latino con la profesionalización de los periodistas científicos, y que en España ha alcanzado un estatuto notable con el establecimiento de la Asociación Española de Comunicación Científica que ha logrado reconocimiento profesional y social.

Personalmente, mi interés por la cultura científica empezó cuando inicié mi andadura intelectual por el terreno de los estudios CTS a principios de la década de 1990 y de modo más específico al escoger como líneas de investigación la filosofía de la política científica y su relación con la filosofía de la nueva biología y las aplicaciones de estos conocimientos en el dominio de las biotecnologías. Tras el profundo conflicto social que significó la emergencia de la energía nuclear en la década de 1940, que se vio acompañado por el nacimiento de la cultura y la investigación por la preocupación ecológica, ha sido el campo de las biotecnologías, especialmente en el sector de la agricultura (primario) y de la agroalimentación (secundario), el que más preocupación y reacciones sociales, políticas y éticas ha suscitado.

Como consecuencia, se han producido reacciones desde el ámbito de las políticas relacionadas con la ciencia o política científica con la instauración de programas e iniciativas de investigación, iniciativa canalizada en el principio por sociólogos y politólogos que promovieron y capitalizaron las encuestas sobre percepción social de la ciencia en general y de algunas tecnologías en particular, con énfasis en las biotecnologías. Este movimiento ha llevado a cabo numerosos trabajos de campo, de naturaleza aplicada, pero sin apostar por la profundización en la génesis y debate sobre un marco teórico como referente básico. Los aportes teóricos se han desarrollado en paralelo, sobre temas relacionados, y que en lo máximo se han tomado prestados como acompañantes pero sin formar parte, como acabamos de señalar, de un núcleo central de referencia. Entre estos temas cabe mencionar: el desarrollo de análisis e investigaciones sobre la sociedad del riesgo (Beck en la década de 1990), los trabajos sobre la cultura del riesgo (Douglas y Wildvasky, 1982), y los análisis sobre percepción del riesgo con la contribución seminal de Paul Slovic y su grupo a finales de la década de 1980. Estas líneas de pensamiento y las escuelas que las han fomentado, han estado asociadas de forma más o menos directa con los avances científicos y tecnológicos.

Fruto de esta dinámica se ha desarrollado la preocupación y el interés por investigar sobre la cultura científica (y tecnológica). En los planteamientos sobre estas investigaciones ha habido errores, derivados del predominio del paradigma sociológico y de la búsqueda de soluciones para acercar la cultura científica a la sociedad sustentada en dos estrategias no plenamente satisfactorias: la primera consistente en pensar que la cultura científica se puede alcanzar con aproximaciones mercadotécnicas que se apoyan en conseguir la atención del público con actividades y acciones publicitarias, asentándose en el principio del “déficit cognitivo”. Parece que se considerara la ciencia como un producto que debe atraer la atención con eventos y anuncios múltiples y repetidos. En segundo lugar, la idea de que las encuestas poblacionales y con el empleo de cuestionarios complejos y ambiguos son el método de elección para la identificación de la atención y el interés que suscita la ciencia en el público y sus subsiguientes medidas.

Desde 1980 venimos siguiendo la evolución de estas encuestas y sus resultados tanto desde el plano europeo como del español. Se han detectado problemas que como científico procedente del campo de las ciencias experimentales, proponente y seguidor del método científico, hemos atribuido desde hace años a potenciales fallos en los instrumentos de medida, los cuestionarios, y a una limitada robustez de la interpretación y presentación de los resultados, todo este panorama dominado por la perspectiva sociológica.

La Unidad de Investigación en Cultura Científica

Por todo esto, cuando el CIEMAT, bajo el impulso de Rosario Solá, entonces Subdirectora General del Departamento de Proyectos Estratégicos, y con el apoyo del Director General, Juan Antonio Rubio, tomó la decisión estratégica de profundizar en las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad y me propuso que les ayudara en esta dirección, apunté hacia la creación innovadora de una Unidad de Investigación en Cultura Científica. Esta unidad debería ser diferente en los objetivos, la visión y la misión de aquellas unidades de Cultura Científica que habían proliferado en España a partir de 2004 para acercar a la sociedad española la ciencia que se producía en las universidades y organismos públicos de investigación (OPI), e incluso en empresas intensivas en I+D de nuestro país, de las que la promovida por el CSIC es el paradigma y de la que el CIEMAT disponía también. Para estas unidades, inspiradas y basadas en un modo especial en técnicas mercadotécnicas por la naturaleza del producto que diseminar a la sociedad, propondría el nombre de Unidades para la Difusión de la Cultura Científica.

Como ya se ha dicho, la Unidad de Investigación en Cultura Científica se crea en 2007, en un momento de bonanza presupuestaria, con la vocación de trabajar en red con algunos de los principales grupos de investigación CTS en España, entre los que se escogieron los de las siguientes instituciones: CSIC (Departamento CTS del Instituto de Filosofía), Universidad de Oviedo (Departamento de Filosofía), Universidad de Valencia (Departamento de Teoría del Lenguaje y la Comunicación), Universidad de Salamanca (Departamento de Filosofía e Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología), Universidad de Valladolid (grupos de trabajo sobre sociología del trabajo y de la energía sostenible) y Universidad de la Islas Baleares (Departamento de Filosofía y Trabajo Social). El breve periodo de comodidad presupuestaria de los inicios de la mencionada Unidad permitió, entre otras actividades, asumir un papel relevante en un evento internacional al ser el responsable de la sección española en colaboración con la Universidad de Oviedo del World Wide Views sobre Cambio Climático en 2009, organizado por el Danish Board of Technology con motivo de la XV Conferencia sobre Cambio Climático. Esta importante actividad internacional de la joven Unidad fue el preludio del periodo de rigor presupuestario que impuso importantes recortes a la financiación pública de la ciencia, que se han prolongado hasta 2015. A pesar de su corta vida y de estos  notables contratiempos presupuestarios, la Unidad ha sabido adaptarse y su adscripción al grupo CTS de la Universidad de Oviedo y a los proyectos compartidos con dicho grupo, del que también forman parte los equipos antes citados de Salamanca y Valladolid, junto al apoyo de la dirección del CIEMAT, han permitido su supervivencia y mantener un nivel de productividad y resultados interesantes. El desarrollo de sus líneas de investigación ha facilitado además la colaboración de sus integrantes en la docencia de las asignaturas de Emprendimiento Social, Ética y Valores en la Ingeniería (UESEVI) de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía de la UPM.

Impactos en Internet de la actividad de la Unidad (UICC)

Los resultados de la actividad en estos diez años, relacionados inicialmente con el estudio de los problemas de conciencia y salud ambiental, de comunicación del riesgo, y de la relación entre economía sostenible, progreso social y ética de la investigación científica bajo el marco del concepto de cultura científica, se han ido reconociendo en el ámbito de tal concepto en un indicador tan emblemático como es Internet y a través del buscador Google. Precisamente una consulta llevada a cabo en este buscador el 1 de enero de 2017 sobre el tema “investigación en cultura científica” rindió aproximadamente 11.600.000 resultados, de los cuales las dos primeras entradas corresponden a la web de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, mientras que las tres siguientes hacen referencia a esta Unidad.

Personalmente he tenido la sorpresa de que una consulta, realizada el mismo día y en idéntico buscador sobre la cuestión “crisis y cultura científica” con 2.180.000 resultados, remite en la segunda entrada directamente al libro “La crisis de la sociedad actual y los riesgos de involución” (La Catarata) publicado a finales de octubre de 2016 y del que soy autor. Hablo de (grata) sorpresa porque he calificado a ese libro de obra de debate apoyada en un alegato científico reivindicativo, pero nunca me habría atrevido a colocarlo bajo el rótulo “cultura científica”, aunque el libro rezuma cultura científica y reclama la conveniencia de tal cultura para su lectura. Me sorprende que un algoritmo haya podido ser tan sutil y para mayor abundamiento en la sorpresa en lo que concierne a la finura del buscador, la cuarta entrada remite a otro artículo mío publicado en la revista Investigación y Ciencia en junio de 2014, este sí con el título “La cultura científica: de los eurobarómetros a los desafíos de la sociedad española actual” y bajo el rótulo “Percepción de la Ciencia”. Este artículo se escribió cuando el libro mencionado se estaba fraguando y por ello en él se asocia la crisis de la política científica -otra de mis obsesiones- con el surgimiento de la preocupación política por la cultura científica.
Por cierto, estas coincidencias algorítmicas, que satisfacen el ego de quien consulta, me suscitan dudas científicas y me hacen pensar que habrá que investigar sobre ellas.

¿Un punto de inflexión?

Todo lo expuesto anteriormente ha brotado tras la lectura de la publicación que estamos glosando. Debo declarar que no tengo ningún conflicto de interés con ella aunque se haya publicado por la Unidad donde ejerzo tareas de asesoramiento en temas de investigación y docencia. Este trabajo solo lo he conocido y leído cuando se ha publicado y esta es una prueba de la independencia que ha presidido el desarrollo de la actividad investigadora de las autoras.

La actual reseña deriva de la estimación de que estamos ante un trabajo muy importante en el campo de la cultura científica. Se ha publicado con modestia según una estrategia de oportunidad. Aparecido como publicación electrónica dentro del programa del CIEMAT, tiene las dimensiones de un libro medio y su contenido es una atractiva y compleja mezcla de ensayo, artículo de investigación puntera en el terreno de la percepción de la ciencia y de trabajo de alta divulgación en el campo de los estudios CTS. Aporto algunos datos para subrayar la importancia del trabajo.

La introducción, que se ajusta a la fórmula de ensayo, es en nuestra opinión una clara demostración de los problemas que  arrastran los estudios sobre cultura científica. Se detectan déficits como la ausencia de una definición contrastada de lo que es la cultura científica, mientras se debate entre afrontar el tema desde perspectivas globalizadoras o desde una visión más delimitada. En el texto, las autoras critican con argumentos de peso las iniciativas que conducen a la elaboración de las encuestas tanto por lo que respecta a la calidad y validez de los cuestionarios como en lo que afecta a la selección de las muestras.

Uno de los valores significativos de este trabajo, y así se pone de relieve desde el principio, es que se apoya en la comparación de encuestas diferentes en términos de cuestionario, de población encuestada y de muestreo. El desencadenante de esta aproximación crítica ha sido la encuesta realizada en 2014 con el cuestionario PICA (siglas inicialmente correspondientes a Percepción, Interés, Conocimiento y Actitudes) y que dirigió la primera autora. Los resultados de esta encuesta, que han roto algunas de las posiciones y de los cauces habituales de los estudios de percepción de la ciencia, han tenido incluso un efecto interno provocando una revisión del cuestionario aplicado a pesar del éxito indudable. De ahí ha surgido el proyecto de investigación emprendido por las tres autoras y que ha llevado a la propuesta de un modelo que tiene el objetivo de encontrar la imagen con la que los ciudadanos se aproximan a la ciencia en su vida cotidiana. La revisión se traduce en que la A ya no representa las actitudes -que como veremos a continuación se incorporan a la percepción– sino que representa las acciones.

En dicho modelo figuran cuatro elementos. La percepción en primer lugar como elemento cognitivo básico para transformar la información en representación y para cuya construcción intervienen la opinión y la actitud. A diseccionar las posibilidades analíticas de las encuestas y los cuestionarios analizados se dedica el apartado sobre percepción de la ciencia y lo hace con sólidas bases argumentales y una profusión de datos comparativos. Se alcanza una significativa conclusión, además de aportar datos que sustentan la distinción entre opinión y actitud. La conclusión reza del siguiente modo: “la ciencia no preocupa como fuente de conocimiento, no hay rechazo (de la ciencia) por la ciudadanía sino confianza, preocupan los riesgos y consecuencias negativas“.

El siguiente apartado analiza el segundo factor presente en el modelo, y que se contempla en el cuestionario PICA, el interés por la ciencia. Como las autoras exponen con nitidez es un elemento con frecuente presencia en las encuestas pero “sin estar claro qué significa realmente estar interesado”. Se insiste en que al considerar que se ha partido del supuesto de que el interés es esencial para la cultura científica, muchas de las iniciativas para fomentarlo han seguido el camino de lo que he llamado “mercadotecnia especializada”, y en ese planteamiento ha habido errores que han tenido consecuencias importantes. El análisis se ha realizado escogiendo las distintas ediciones, de 2004 a 2014, de las encuestas llevadas a cabo por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), aplicando para dicho análisis el método de conglomerados jerárquicos. Lo que emerge notoriamente es que existe relación entre el nivel de interés y el de información. El vínculo más claro en este proceso interactivo es lo negativo: cuando falta interés hay ausencia de información sobre ciencia y tecnología.

El siguiente apartado aborda el tercer factor que, según el modelo, influye en la configuración de la imagen del público sobre la ciencia. Se trata del conocimiento sobre ciencia y las autoras señalan desde el principio que la falta de trabajo teórico ha lastrado la investigación sobre el papel desempeñado por este factor en la construcción de la imagen pública de la ciencia. La dificultad para identificar un criterio responsable para diseñar las preguntas sobre esta cuestión ha conducido a una opción conservadora que se traduce en la utilización de los cuestionaros aplicados inicialmente en Estados Unidos y Reino Unido. Esta circunstancia permite a las autoras comparar el Eurobarómetro 63.1 de 2006 (el último que incluyó este tipo de cuestiones) con la encuesta de la FECYT del mismo año. Sin embargo, la encuesta FECYT de 2014 recuperó las preguntas destinadas a medir el conocimiento científico: en general se puede concluir que las personas encuestadas parecen desenvolverse mejor en las preguntas relacionadas con la ciencia actual que en las relativas a la ciencia escolar y aún peor con aquellas que exploran conocimientos sobre la naturaleza de la ciencia.

Por otro lado, la encuesta con el cuestionario PICA que apostaba por abordar el estudio del conocimiento científico de una forma novedosa ofrece la oportunidad a Muñoz Van Den Eynde, Laspra y Díaz García para presentar un análisis completo y robusto sobre esta temática que se refleja en una tabla que ocupa dos páginas enteras. De nuevo y en forma aún más notoria, los mejores resultados corresponden a las preguntas sobre ciencia actual y meta conocimiento mientras que los resultados  menos alentadores se obtuvieron con las preguntas que perseguían explorar el conocimiento sobre la naturaleza de la ciencia.

El cuarto elemento del modelo, la acción, supone una transformación de lo que  proponía la A en el primigenio cuestionario PICA, la medida de las actitudes. Precisamente el trabajo de investigación realizado por las tres autoras a lo largo de los dos últimos años ha permitido concluir que las acciones son una parte fundamental de la cultura científica. Asimismo, constatan con nitidez en el texto que este elemento ha recibido muy poca atención en las encuestas sobre percepción de la ciencia. En el correspondiente apartado del documento se presenta una importante e innovadora tarea de síntesis por la que se comparan los resultados de las preguntas que miden acciones en el Eurobarómetro de 2006 y la encuesta FECYT de 2014. La encuesta con el cuestionario PICA original aunque no pretendía a priori medir acciones, sí perseguía profundizar en la implicación ciudadana y por ello incluyó varias preguntas que atendían a este factor. La positiva evolución ha conducido a revisar el cuestionario PICA que trata de incorporar estas visiones a la nueva versión, aunque el proceso todavía no se ha concluido.

Finalmente, el broche de oro del texto editado por el CEMAT es el análisis orientado a examinar cómo se construye la imagen de la ciencia a partir de los cuatro factores: percepción, interés, conocimiento y acción. Para ello, se ha recurrido a los Modelos de Ecuaciones Estructurales en los que la primera autora ha venido especializándose en los últimos años con interesantes rendimientos. Doce intensas páginas y cuatro figuras que ilustran los diferentes modelos estructurales que representan la imagen de la ciencia según las cuatro encuestas: Eurobarómetro 63.1 2006, FECYT 2006, FECYT 2014 y PICA 2014, son un soporte intelectual y científico a tomar en consideración.

Hay en estas páginas un abundante suministro cognitivo y reflexivo para contemplar por dónde puede (¿debe?) caminar el futuro de los análisis y estudios sobre percepción de la ciencia.

Cinco páginas de conclusiones rematan el atractivo paisaje de este trabajo que estimo de lectura obligada para los estudiosos y los promotores de la investigación en cultura científica. Termino por su valor conclusivo y prospectivo con la última propuesta de la publicación que hemos enjuiciado en estas líneas: “Para facilitar que haya una relación fluida entre ciencia y sociedad resulta fundamental aumentar nuestro conocimiento científico sobre el público”.