¿AUTOPISTAS O CIENCIA? NO ES UN RESCATE, ES UN ATRACO

Hay gobernantes de tal soberbia (y no justamente intelectual) que son incapaces de reconocer errores o mala gestión; seguramente porque para ellos no se considera una mala gestión, sino una decisión plenamente consciente, que corresponde a un ideario neoconservador y realizado por un gobernante que, al estar votado democráticamente, cree que el poder es suyo.

Este es el caso de personajes como Aznar o Camps, que sienten melancolía por tiempos pasados y un enfado sublime porque no se besa el suelo por donde pasan.

Pero la ciudadanía aún está pagando los despropósitos de gestiones ineficaces con un elevado grado de malicia.

Eso es lo que ha ocurrido con el rescate de las autopistas.

Los ciudadanos nos vemos obligados a pagar con dinero público unas obras claramente innecesarias, porque Aznar firmó muy gustosamente que “si las autopistas funcionan y se gana dinero será para el constructor, pero si son ruinosas, será el Estado (o sea, todos los pobres mortales a quienes no nos leen la letra pequeña de los contratos y los sobrecostes) los que rescataremos tal despropósito.

Ese es el fantástico principio del neoliberalismo. Siempre exigiendo un Estado mínimo, porque hay que confiar en la iniciativa privada, porque hay que jugar con las reglas del mercado, pero eso sí, siempre y cuando no se pierda. Cuando hay pérdidas está papá Estado para acudir al rescate. El contrato firmado por Aznar (y no es el único en tales condiciones) me parece un atraco, una sinvergonzonería propia para un responsable político asuma responsabilidades en vez de sacar pecho por las malas intenciones.

Esos 5 mil millones de euros que nos costarán las autopistas es el mismo dinero que el gobierno Obama firmó para invertir en ciencia e investigación.

El proyecto Brain lo lidera el español neurobiólogo Rafael Yuste y supone una investigación sobre el cerebro, su funcionamiento, lo que permitirá saber cuestiones esenciales como la formación de un pensamiento o curar enfermedades tan crueles como el alzheimer. Un proyecto de quince años de investigación.

Me indigna pensar que España ha tenido oportunidades de crecimiento y desarrollo, sobre todo, en los felices años de la riqueza “ilimitada” y que los hemos malgastado en obras faraónicas, proyectos megalómanos, sobrecostes, corrupciones, y un concepto neoliberal de utilización del Estado como un kleenex, lo que ha desvirtuado tanto a la Política como a la Democracia.

Jamás hubiéramos realizado una inversión así en un proyecto a dos décadas. Y lamentablemente estas decisiones lastran el desarrollo del conjunto de nuestro país.

Rafael Yuste será, en un día no muy lejano, candidato al Premio Nobel. El gobierno de turno se congratulará porque es español, aunque no haya hecho nada para captar ese talento y desarrollar su potencialidad en nuestro país. Son otros lo que han sabido entender cuán importante es su inteligencia, su curiosidad científica y su formación.

Mientras, los españoles seguiremos pagando una enorme deuda (la misma que corresponde a la inversión científica en el proyecto Brain) enterrada en asfalto y autopistas que, en su momento, ya eran de dudosa rentabilidad.

Estas apuestas explican muy bien por qué nuestro país sigue con un paro estructural importante (que ni la Virgen puede arreglar), porque nuestros salarios decrecen, nuestra precariedad aumenta, y seguimos históricamente confiando en que el turismo y el urbanismo son nuestras ejes de trabajo.