AÚN NO ES CARNAVAL, FUERA LAS CARETAS

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Como sabemos, la máscara es un aditamento de figuras diversas que se coloca en el rostro. Con las máscaras “una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocida, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades escénicas o rituales”, dice la RAE. La historia de la mascará o careta es tan remota como la propia humanidad y según los etnólogos tiene manifestaciones en todas las culturas, con diferentes significados. Las mascarás han sido prohibidas en diferentes momentos de nuestra historia, por seguridad pública -decían. El franquismo prohibió el carnaval y las caretas, la democracia fue el fin de la proscripción resurgiendo las fiestas de carnestolendas. Este año tienen su inicio muy pronto, el 7 de febrero; sin embargo, con todo trastocado por la política, algunos llevan las máscaras puestas desde hace mucho, y quizás algunos ni lo saben. Es bueno que se las quiten ahora para que la mascarada sea cuando debe ser y como debe ser.

Los dirigentes del Partido Popular deben quitarse la careta de ser los garantes  de la Ley, el orden y la estabilidad nacional. Una mentira muy repetida no se convierte en verdad. Ni activando todos los aparatos mediáticos afines, opinantes de intuición, ex políticos ociosos y amortizados y, sobre todo, incitando a los responsables empresariales que han estado jugando, desde la trastienda, con la política, con los políticos y con los ciudadanos. Hasta ahora la preocupación exclusiva de estos han sido sus beneficios y no las condiciones de vida de los españoles. No es de recibo propugnar ahora en cenáculos y reuniones poco transparentes la gran coalición. Mejor hubiera sido poner coto a la corrupción del PP diciendo no a sus peticiones. Ello hubiera mermado sus beneficios accionariales, seguramente, pero habría evitado la sangría en empleos y la pérdida de capacidad económica. El empresariado debe quitarse la careta si patrióticamente quiere que España tenga una “marca” de verdad, y no la de corrupción, aquí y allende los mares. Los votantes del Partido Popular también deben de quitarse un poco la careta, que a veces parece que hasta les tapa los ojos. Es impensable que se pueda apoyar, sin cierto rubor, a los que nos amargan el desayuno diario con noticias de corrupción.

Los dirigentes pasados, presentes y futuros del PSOE también tienen que quitarse su máscara. Los primeros, decidiendo personalmente si están dentro o fuera de su organización. Si se forma parte de una organización democrática se debate y discute en su interior, no ante los medios de comunicación, o en cenas o comidas conspirativas con los medios de comunicación en la puerta, para que a continuación lo trasladen de forma un tanto artera e intencionada. Si cuando ellos eran los que estaban sentados en los pupitres del mando, a alguien se le hubiera ocurrido hacer lo mismo ¿qué hubieran dicho? Tal vez se les olvidó eso, y que el actual Secretario General fue elegido por el voto directo de todos los miembros de su Partido. ¿Se han preguntado, también, cuánta responsabilidad personal de ellos existe en el surgimiento del fenómeno Podemos? Sería bueno asumir para los hijos (políticos) lo que decía el idolatrado Serrat en su canción “Locos Bajitos”: “Nos empeñamos en dirigir sus vidas sin saber el oficio y sin vocación. Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción. Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós”.

Los actuales dirigentes, haciendo transparente la negociación posible, con unos y con otros. La arrogancia siempre es mala y del asedio se sale con templanza e inteligencia.  La responsabilidad, aunque no se asuma, transciende a nuestro propio tiempo de gestión.

Los dirigentes que se apuntan a ser futuro, palmeados hoy por muchos, tendrán que empezar por poner encima de la mesa qué es lo que les legitima para ser futuro. Que consideren cómo llegaron y por qué llegaron, y recuerden lo efímeros que son los apoyos de los medios de comunicación social.

Y a todos ellos hay que recordarles que el rostro que hace confiable una organización es su cohesión, solidez e imagen de equipo.

En cuanto a los dirigentes de Ciudadanos, tienen la oportunidad histórica de demostrar que son una fuerza realmente reformista capaz de jugar un papel realmente transversal en el escenario pluripartidista, y no ser marioneta de grupos de presión. No creo que su objetivo sea esperar a que los otros fracasen y volver al escenario bipartidista con otros nombres. En definitiva, no es el momento de ser la guarnición del plato. Hay que elegir entre carne o pescado. No vale ponerse de perfil, como decía Celaya sobre la poesía y aplicándolo a la política de hoy: “Maldigo (la política) concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden (…) Maldigo quien no toma partido hasta mancharse”.

Los dirigentes de Podemos son los que más caretas tienen que quitarse. Deben aclarar si realmente quieren un programa reformista para España o su estrategia pasa solo por “asaltar el poder”, y todo va de caretas superpuestas. Solo la estética, aporta poco. Si no facilitan un pacto de progreso y la posibilidad de encauzar el país, no habrá nada para aquellos a los que dicen defender. Y ellos serán los responsables. El órdago debe ser a la solución de los problemas de los españoles, no a otras fuerzas políticas. Los votantes de Podemos han podido ver en ellos un grupo capaz de impulsar del cambio. Pero el resultado no les hizo motor y menos el conductor del mismo; eso es arrogancia intelectual. Muchos de estos votantes dicen que “no entienden la razón del miedo” que dan, esto deben preguntárselo a sus dirigentes que no han ofrecido en ningún momento certidumbre y seguridad alguna. Las manifestaciones que ofrecen son más propias de una rancia y vieja política que de algo novedoso. Hasta ahora han demostrado más que nada que su voluntad de acuerdo es pequeña. Ahora bien, los tiempos de puesta en escena de esta voluntad se terminan como los carnavales en fecha cierta, y cada vez más ciudadanos los ven con las caretas de los supervillanos de Batman.

Esta reflexión quedaría incompleta si no pedimos quitarse también las caretas a los medios de comunicación social. Sus agendas han pasado de tener objetivos claros, pero inconfesables, a tenerlos  tan confusos como los de algunos grupos políticos. De incluir las opiniones de dirigentes históricos del PSOE a troche y moche en los noticieros, como si fuera la única y gran noticia,  a verter en las tertulias opiniones totalmente contradictorias sobre lo bueno que eran los partidos emergentes y lo peligroso que es pactar con ellos ahora. Es un juego peligroso estar a favor y en contra de la institucionalización sin solución de continuidad. Tal vez en esta ocasión sería bueno que nos dejaran ver sus verdaderas caras e intereses. La razón es la misma con la que se les llena la boca: El bien de España.