ASUMO TODA LA RESPONSABILIDAD. PERO, ¿CUÁL?

Asumo toda la responsabilidad de la derrota, y cuando uno pierde no se va a dormir silbando como si nada. Aquí termina mi experiencia de Gobierno”. Con estas palabras, Matteo Renzi, primer ministro italiano, presentaba su dimisión tras perder el referéndum sobre la reforma de la Constitución. Unas palabras, que recuerdan mucho a las pronunciadas por David Cameron, en junio de este año, tras ganar el Brexit en el Reino Unido: “El Reino Unido ha votado a favor de abandonarla Unión Europea y su voluntad debe ser respetada…Siempre he pensado quelas grandes decisiones hay que afrontarlas y no esquivarlas.” Y añadía, que el país necesitaba “un liderazgo nuevo”, un nuevo capitán que llevará al Reino Unido a un nuevo destino fuera de la Unión Europea.

En ambos casos, hay que destacar que la teórica asunción de responsabilidades que supone la dimisión como primer ministro de su país, ya sea en el Reino Unido o en Italia, no puede enmascarar o minimizar la irresponsabilidad de dos líderes políticos que han antepuesto sus intereses personales a los generales de sus ciudadanos. Una irresponsabilidad, que no se solventa dimitiendo, porque sus decisiones no solo afectarán al presente y futuro de británicos e italianos, sino a todos los europeos en su conjunto.

De este modo, se puede afirmar, sin temor a exageraciones, que la insolvencia, la torpeza y el egocentrismo en la toma de decisiones, en una determinada coyuntura social que creen entender y dominar pero se les escapa, trae consecuencias negativas a la sociedad en su conjunto y a un número muy importante de ciudadanos. Pero, a ellos, más allá de su dimisión, no les afectará en sus condiciones vida, porque pasan a ser exministros de democracias europeas, con los privilegios que ello acarrea. Y en el caso de Matteo Renzi, la posibilidad de intentar más pronto que tarde una vuelta al poder.

Pero, ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué los ciudadanos votan en contra de sus propios intereses? Aunque las respuestas son complejas, hay dos elementos que pueden esclarecer parte de lo que está acaeciendo en Europa en un contexto de crisis. Y, donde muchos ciudadanos creen que sus gobiernos les han abandonado a su suerte y en su sufrimiento. Al tiempo que benefician a las élites y ven cómo derechos que creían consolidados van desapareciendo junto con su bienestar.

Estos dos elementos, que están debilitando las instituciones democráticas y el bienestar de los ciudadanos, son, por una parte, la extensión de hiperliderazgos democráticos. Y por otra, el alejamiento existente entre los ciudadanos y sus representantes, y la falta de transparencia en la acción de los gobiernos.

La personalización del poder que se viene produciendo en todas las democracias en las últimas décadas, y que no deja de crecer, lleva a callejones sin salida como los ocurridos en Reino Unido y ahora en Italia. Primeros Ministros que afianzan su liderazgo con una presencia masiva en los medios de comunicación, y que convierten la política en un espectáculo fundamentalmente televisivo, tienen una obsesión desmedida por el prestigio y la popularidad. Y ejercen el poder al servicio de sus fines, presentándose ante sus sociedades como héroes salvadores, como la persona capaz de resolver los problemas si consigue, y para ello lo reclaman, una mayor concentración del poder.

Concentración del poder, que pretenden legitimar mediante plebiscitos personales enmascarados en referéndum sobre cuestiones importantes para la sociedad.Con ello, y en una huida hacia delante que no mide las posibles consecuencias de su acción, intentan conseguir carta blanca para imponer sus objetivos a la sociedad en su conjunto.

Y en este contexto, unos ciudadanos, que en las democracias actuales cuentan con pocos medios para controlar la acción de gobierno y combatir los abusos del poder, deciden. O por una parte, ser meros espectadores de lo que ocurre, porque consideran que el sentido común evitará la peor de las soluciones. Cosa que no solo no ocurre, como es el caso del Brexit, sino que además hace aflorar una profunda división interna de las sociedades. O por otra, deciden rebelarse ante estos plebiscitos encubiertos de referéndum, conociendo o desconociendo las consecuencias, informados o engañados.

Por eso, si ante el auge de los populismos, las democracias quieren evitar su invierno como sistema político, hay que rectificar el retroceso democrático que suponen la extensión de  estos hiperliderazgos, porquedebilitan las instituciones queriendo pasar de una democracia representativa a delegativa, dividen las sociedades y generan graves problemas a unos ciudadanos que necesitan de sus gobernantes para mejorar su calidad de vida.

Es necesario reconducir la situación y realizar una evolución de la democracia donde la representación vaya de la mano de una mayor participación y cercanía de los ciudadanos a la política, donde la labor de los gobiernos esté al servicio de los ciudadanos, y donde los liderazgos promuevan una agenda de equidad, bienestar y enriquecimiento colectivo.

Marx, en su libro El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte afirmó que “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado”. A Europa, es decir, a los europeos nos corresponde continuar haciendo nuestra historia de bienestar. ¡A ello!