ARREGLAR EL TEJADO CUANDO BRILLA EL SOL *

ARREGLAR EL TEJADO CUANDO BRILLA EL SOL *

Como todos los años por estas fechas, los sindicatos (UGT y CCOO) se dedican especialmente a preparar la negociación colectiva y a explorar la posibilidad de negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (IV AENC. 2018). El objetivo que pretenden es acordar un marco de referencia que facilite la firma de los convenios colectivos del presente año. Para alcanzar dicho objetivo, los sindicatos deben de superar cuatro grandes dificultades: la regresiva reforma laboral, el escaso interés de los empresarios por negociar un nuevo Acuerdo de estas características, la imperiosa necesidad de recuperar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y, por último, las serias dificultades existentes en la actualidad para movilizar a los trabajadores en busca de una mejor relación de fuerzas con los empresarios.

Los fundamentos básicos de las políticas de austeridad, impuestas desde el año 2008 en la UE, han sido la devaluación salarial, el desempleo y la precariedad de nuestro mercado de trabajo. Los salarios vienen sufriendo los perniciosos efectos de una persistente y severa política de ajuste como consecuencia de la aplicación unilateral de la reforma laboral. Desde 2008 los trabajadores han perdido una media de 7 puntos de poder adquisitivo y su participación en el reparto de la renta generada en las empresas ha descendido 3 puntos. La pérdida de los salarios más bajos es muchísimo mayor (un 20% en el tramo del 10% con ingresos más bajos). En todo caso, la situación de los salarios es realmente alarmante: prácticamente la mitad de los trabajadores empleados tienen salarios por debajo de los 1.000 euros netos al mes (en definitiva, la mitad de España no puede ser considerada ni siquiera mileurista). A esto hay que añadir la escandalosa e incomprensible brecha salarial de género: según la Comisión Europea, la diferencia en el salario medio bruto por hora para un mismo trabajo en la UE es del 16,3% y de un 14,9% en España. Así como la consolidación de la pobreza infantil y también de la figura del trabajador pobre o, lo que es lo mismo, del trabajador que, a pesar de encontrar un empleo, no tiene actualmente ninguna garantía de poder salir de la pobreza. Lo más grave, relevante y provocativo de la situación actual es que los empresarios estén obteniendo suculentos beneficios en un contexto macroeconómico más favorable (el PIB crece por encima del 3%), sin ninguna repercusión positiva para los trabajadores.

Para responder a esta lamentable situación, los sindicatos están concretando sus políticas y elaborando sus plataformas reivindicativas para negociar los próximos convenios, al entender que ha llegado el momento de superar los considerables destrozos causados por una política de austeridad extrema; y, en coherencia con ello, de participar en el crecimiento económico y en los beneficios de las empresas. En primer lugar, aspiran a corregir los asuntos más dañinos y regresivos de la reforma laboral, en el marco de la negociación colectiva, a pesar de la gran intransigencia empresarial en esta materia (la CEOE-CEPYME se siente muy cómoda con la reforma laboral) y el descarado apoyo que reciben del gobierno. En segundo lugar, defienden el convenio de sector, cuyo contenido debe prevalecer, en todo caso, sobre el convenio de empresa. Apuestan por la articulación de la negociación colectiva a todos los niveles, aspiran a que los convenios cubran a todos los trabajadores (sobre todo en las pequeñas empresas) y a enriquecer su contenido: empleo; contratación; descuelgues; jornada de trabajo; horas extraordinarias; formación continua; cualificación profesional; investigación e innovación; salud laboral y medio ambiente; absentismo; digitalización; información, consulta y participación de los trabajadores en las empresas; planes de igualdad de género…

En tercer lugar, los sindicatos están decididos a recuperar los derechos perdidos y, en particular, a trabajar activamente para recuperar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios en los últimos años. Una reivindicación que, incluso, la Comisión Europea, el BCE y diversos organismos internacionales avalan y recomiendan para reforzar el crecimiento económico y superar las desigualdades sociales. Por eso defienden que los salarios aumenten su poder de compra, mejoren su presencia en la renta nacional, impulsen el consumo interno y, como consecuencia, colaboren a fomentar el crecimiento de la economía. En este sentido, los incrementos salariales para el próximo año deben ser superiores a la previsión de inflación del gobierno. A lo que se debe sumar, cuando menos, una parte de los beneficios que se generen por el aumento de la productividad y, finalmente, el porcentaje necesario para ir recuperando paulatinamente (en cinco o seis años) el poder adquisitivo perdido desde el comienzo de la crisis.

En este sentido, CCOO y UGT han acordado y presentado recientemente por escrito los incrementos salariales para 2018. Y lo han hecho de una manera clara, didáctica y con sólidos argumentos. Por ejemplo, en un sector o empresa, donde la previsión de productividad nominal sea del 2,9%, el aumento que proponen sería de ese 2,9%, más el 1,5% adicional (por cada año), que los sindicatos exigen con el fin de recuperar lo perdido desde 2008. En total, un 4,4%. En el supuesto de que la previsión de incremento de la productividad nominal sea del 0,4% (en todo caso por debajo de la inflación), actuaría el suelo del 1,6% (inflación prevista por el gobierno para este año). A ese porcentaje se añadiría el 1,5% mencionado (recuperación de lo perdido). En total, el 3,1%. En resumen, el incremento salarial en el año 2018 debe ser siempre superior a la inflación y, por lo tanto, con esta propuesta ningún trabajador deberá perder poder adquisitivo en el presente año.

Por otra parte, para seguir negociando en base a la previsión de inflación del Gobierno es imprescindible incluir en los convenios cláusulas de revisión salarial para garantizar el incremento real pactado, ante un posible incumplimiento de las previsiones del Gobierno en materia de inflación. Por último, en esta materia, los sindicatos reivindican establecer en los convenios un salario mínimo garantizado de 1.000 euros brutos mensuales con el propósito de incrementar sobre todo los salarios más bajos, que son los que más han sufrido los brutales efectos de la crisis económica.

No será nada fácil el conseguirlo; simplemente porque los empresarios no regalan nada y el Gobierno sigue dispuesto a seguir apoyando sus intereses, aunque sea a costa de perjudicar a los trabajadores más débiles. También por las dificultades que tiene el concretar el incremento de la productividad, a pesar de las estadísticas oficiales que ofrece el INE, para cada rama productiva, a partir de la Contabilidad Nacional. A ello hay que añadir las incomprensibles dificultades políticas por las que atraviesa la izquierda para ponerse de acuerdo en relación a las políticas económicas y sociales e, incluso, en las medidas a tomar para derogar la reforma laboral.

El primer paso en el proceso de negociación será seleccionar las empresas y sectores de referencia donde el movimiento sindical tiene una mayor presencia e implantación y, por lo tanto, una mayor capacidad de entrada para firmar acuerdos que recojan ampliamente las reivindicaciones sindicales. Paralelamente, los sindicatos deben preparar con inteligencia las posibles movilizaciones, tanto en empresas como en sectores, para mejorar su relación de fuerzas, explicar su  justas reivindicaciones y frenar a algunos desaprensivos empresarios en su alocada carrera hacia una competitividad absurda, basada exclusivamente en el dumping social: alto índice de desempleo y de precariedad, bajos salarios y una escasa protección social. En todo caso, los sindicatos deben impulsar, por todos los medios a su alcance, que los trabajadores participen activamente y se movilicen en torno a la negociación de su convenio, incluso en el supuesto de que se firme un posible AENC-2018.

En cuanto a la actitud del gobierno, ha llamado poderosamente la atención que la ministra de empleo Fátima Báñez reconozca (sin rubor) que “los salarios deben subir”. En coherencia con sus palabras, habría que decirle a la ministra que para que suban los salarios es imprescindible que el Gobierno derogue la reforma laboral, asuma dar protagonismo a la negociación colectiva (autonomía de las partes), garantice el equilibrio de fuerzas entre los interlocutores sociales y recupere la primacía de los convenios sectoriales sobre los de empresa. Unas medidas que ni siquiera dependen de la aprobación de los PGE-2018. La ministra debe proponer también a Mariano Rajoy que eleve las retribuciones de los empleados públicos, por encima del IPC, única manera de que vayan paulatinamente recuperando su maltrecho poder adquisitivo (según la FSP-UGT, desde 2010 han perdido más del 13%), lo que no se conseguirá con la propuesta anunciada por el gobierno para este año del 1,5%.

En este contexto, los sindicatos tienen que trabajar a fondo para que su potencial capacidad de negociación y presión consiga sus propósitos (amenaza creíble). Eso sólo será posible si los trabajadores secundan las movilizaciones que se convoquen en defensa de sus justas reivindicaciones. Esto no será fácil, en un mundo muy marcado por el desempleo, la precariedad, el trabajo a tiempo parcial no deseado, la escasa protección social a los desempleados, la inseguridad y el miedo a perder su puesto de trabajo. Por eso, la complicidad de la izquierda con los sindicatos, en torno a la defensa de una Agenda Social (que incluya el salario), resulta absolutamente necesaria, sobre todo en un parlamento donde ningún partido cuenta con mayoría absoluta. La ciudadanía está harta de que los trabajadores se sacrifiquen y paguen el coste de la crisis y que ahora no puedan recuperar (como se prometió) los derechos y salarios perdidos en la crisis. Por lo tanto, es imprescindible que el gobierno afronte con decisión el cambio de su política económica y se encamine a superar las desigualdades, la pobreza y la exclusión social. Por estas razones, y una vez consolidada la mejora económica de las empresas, los salarios deben ser los primeros en recoger los beneficios que se están generando por un mayor crecimiento de nuestra economía. En definitiva, ha llegado el momento de arreglar el tejado porque está brillando el sol.

 

* 6º Informe Independiente sobre el Estudio Prospectivo Anual de Crecimiento (IAGS. 2018). Presentado por las Fundaciones 1º de Mayo, Fundación Francisco Largo Caballero y Friedrich Ebert. Ver: https://www.iags-project.org/