APOROFOBIA Y DEMOCRACIA EN EL SIGLO XXI

El pasado mes de agosto un directivo de los trenes de cercanías  de Berlín decidió utilizar, en una céntrica estación, la que denominó “música hostil” con la finalidad de que las personas “sin hogar” que allí pernoctaban la abandonaran a la máxima brevedad. Se inició un debate público sobre la ética de esta medida, de hecho hubo protestas públicas que dieron lugar a su cancelación. También en agosto, en  nuestro país, un joven polaco fue tatuado en la frente a cambio de 100 euros aprovechándose de su situación de embriaguez.

Dos hechos, entre muchos, que constatan la denominada por Adela Cortina aporofobia en un libro del pasado año que lleva el título Aporofobia. El rechazo al pobre: Un desafío para la sociedad democrática. Un término ideado por la filósofa que proviene del griego pobre áporos y que estimo muy oportuno para nombrar una realidad irrefutable. Esta obra reflexiona sobre uno de los problemas sociales y políticos más relevantes de nuestros días: el odio al pobre. Compartimos con la autora que los sectores sociales que producen rechazo social no son tanto los extranjeros, las personas de otras razas o culturas…, sino los pobres, los que algunos juzgan no  ofrecen nada positivo para el bien común (independientemente de ser emigrantes, refugiados políticos, autóctonos…).

Esta nueva visión da un giro a las reflexiones sobre tan complejo hecho social y complementa las contribuciones teóricas enfocadas a la comprensión de los procesos de formación del extrañamiento de sociólogos como Georg Simmel, Alfred Schütz, Norbert Elias y Zygmunt Bauman.

Más allá de cuestiones terminológicos, Cortina hace propuestas concretas que permitirían avanzar en la eliminación de estas actitudes exclusógenas, particular protagonismo adquiere el ámbito educativo, en cuanto en tanto constructor de ciudadanos que prioricen los valores propios de las democracias: la igualdad, la justicia y la solidaridad. En este contexto, plantea la obligatoriedad de la eliminación de las desigualdades sociales, sin duda una de las patologías sociales de mayor gravedad de nuestro momento histórico, que amenaza el progreso de la humanidad, presentando una evolución alarmarte en las últimas décadas.

Centrándonos en los delitos de aporofobia, aún a riesgo de que su contabilización sea de extrema dificultad, entre diversas razones, por el profundo estigma que viven las personas involucradas y porque no suelen ser denunciados a las autoridades, según datos del Ministerio del Interior del total de las 1.272 victimizaciones por delito de odio registradas en el año 2016, el  0,8% (10) fueron por aporofobia. (http://www.interior.gob.es/documents/642012/3479677/Informe+2016+delitos+de+odio+en+Espa%C3%B1a/6746b021-9197-48a0-833b-12067eb89778.

Un fenómeno que comienza a aflorar tras su invisibilización continuada y a ser objeto de atención por parte la esfera política. Así las cosas, previsiblemente durante el mes de septiembre se votará en el Senado una proposición de ley para que la aporofobia sea incluida como agravante en casos de agresión y equiparada a otros delitos de odio.

Son las personas “sin hogar” las que por posicionarse en la exclusión social más extrema padecen en mayor medida este tipo de delitos, constatándose que reiteradamente se  transgrede su derecho al honor y a la propia imagen con acosos y agresiones, un derecho constitucional recogido en el Artículo 18.1 de la Constitución Española: “Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”.

La vulneración de este derecho se traduce de un modo directo en el rechazo que desde la sociedad normalizada perciben, así como en las amenazas y/o actos violentos de los que son víctimas.

Los datos no dejan lugar a dudas, en las encuestas del INE sobre personas hogar de los años 2005 y 2012 se puso de relieve, respectivamente, que el 41,9% y el 65,4% de las personas habían sido insultadas o amenazadas, que el 40,3%, el 61,8%  robadas, y que el 3,5% y el 5,6% sufrieron agresiones sexuales (12,8% y 24,2% las mujeres y 1,5% y 5,6% los hombres).  Resulta sintomático, en la línea expositiva planteada con anterioridad, que no denuncien a la policía (62% y 77%, respectivamente). https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176817&menu=resultados&secc=1254736194829&idp=1254735976608

En dos de los recuentos de personas “sin hogar” celebrados en Madrid  (en 2006 y 2016), entre el 42,6% y el 57,9% de las personas encuestadas en estos años exteriorizaron haber sido víctimas de algún delito durante el tiempo que llevaban en la calle. De igual modo en su mayor parte en porcentajes que se acercan al 60% no lo denunciaron a las autoridades públicas.  https://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/El-Ayuntamiento/Samur-Social-Personas-sin-hogar/Personas-sin-hogar/Recuento-de-personas-sin-hogar/VIII-Recuento-Nocturno-de-Personas-sin-Hogar/?vgnextfmt=default&vgnextoid=964f5fd0f08d8510VgnVCM2000001f4a900aRCRD&vgnextchannel=a319187b0da3d310VgnVCM1000000b205a0aRCRD

Las declaraciones de varias personas “sin hogar” entrevistadas en un estudio sociológico realizado durante los años 2016 y 2017 por el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales de la UNED sobre el sinhogarismo en España resultan ilustrativas al respecto:” “… en la calle hay mucho peligro… Todo el tiempo estas con miedo…  o “la vida en la calle es muy dura para la gente la soledad… Me miraban como raro porque iba muy sucio” o “la vida en la calle es muy mala, hace frio, no puedes dormir y esperas a que salga el sol para que vaya mejor… (añadiéndose, además, la dimensión de género) … Yo por ser mujer tengo más riesgos”

Como vemos es necesario que desde instancias públicas se adopten cuantas medidas sea menester para atajar una problemática del tal alcance. Un tipo de delito que entrados ya en el siglo XXI es fruto de los efectos del declive de la solidaridad, de los procesos de globalización y de un tipo de capitalismo feroz, que produce según Sigmund Bauman “residuos humanos”, a consecuencia “… de relaciones humanas, malogradas, incapaces, inválidas o inviables nacidas con la marca del residuo permanente”.  Bauman nos emplaza a la idea de sociedades marcadas por un determinismo radical, que hace del azar el principio rector de lo social y nos retrotrae a etapas históricas que nunca debieron volver.