AMATEURISMO E IRRESPONSABILIDAD EN CATALUÑA

Son sin duda muchas y variadas las causas que explican la delicada situación política que vivimos hoy en Cataluña. Todas ellas han sido examinadas y abordadas in extenso. Falta sólo aquello que todavía hoy no podemos tener: la necesaria e imprescindible perspectiva histórica para analizar con más distancia los acontecimientos vividos desde 2012 y, en particular, desde septiembre de 2017. Paciencia: llegará.

De todo lo escrito y publicado, quisiera llamar la atención sobre un aspecto que me parece que no ha sido suficientemente valorado. Lo hago con la esperanza de que nos sea útil para lo mucho que nos queda por recorrer, en unos meses, los próximos, que serán decisivos para los catalanes y para el conjunto de los españoles.

Me refiero al exceso de amateurismo y a la irresponsabilidad de actores políticos clave en Cataluña. Dos aspectos estrechamente relacionados.

La política es, sobre todo, una vocación. Una vocación a la que se sienten llamadas muchas personas, en diferentes momentos de su vida, y a la que dan salida de formas distintas y en distinto grado. El carácter eminentemente vocacional de la política no está reñido, sin embargo, con la exigencia de una mínima dosis de profesionalidad -aquí, sinónimo de competencia personal, seriedad y rigor- cuando se pretenden asumir responsabilidades relevantes, ya sea la alcaldía de una ciudad como Barcelona, ya sea un acta de diputado, la presidencia de un Parlament o la pertenencia a un gobierno autonómico, bien como consejero y no digamos ya presidiéndolo.

En Cataluña hace mucho tiempo, desde 2015 como mínimo, que esto no abunda. Ha habido exceso de amateurismo y una clamorosa falta de profesionalidad. Me resisto a conceder, como pretenden algunos buscando un juicio más benigno de las generaciones futuras, que han sobrado las buenas intenciones y la ingenuidad. La falta de oficio político de los responsables clave en Cataluña ha sido determinante, a mi juicio, en la deriva de la política catalana de los últimos años. Está muy bien que la ciudadanía y activistas den rienda suelta a su vocación política, faltaría más. Pero nos irá mejor si tomamos nota que para ciertos empeños, mejor alguien con capacidad y un mínimo de experiencia contrastada además de una vocación profesada.

Enlazo con el segundo aspecto que quería comentar: la irresponsabilidad de ciertos actores políticos. Con todos sus defectos, que son muchos, los partidos políticos tienen un papel constitucionalmente definido y han sido, y todavía son, los principales encargados de seleccionar a los actores políticos. De hecho, es esta una de sus principales funciones. En Cataluña, desde el año 2012, esto no ha sido así. Entidades y la denominada sociedad civil han conseguido marcar decisivamente la agenda del Gobierno y han tenido un papel destacado en la selección del personal político. Más por dejación de funciones de algunos partidos que por méritos propios. Ello ha generado una disfunción relevante, puesto que marcaba la agenda, con alegría e ímpetu, quien no acarreaba ninguna responsabilidad institucional. En otras palabras, quien era, en términos políticos en un sistema parlamentario, literalmente irresponsable por no tener que responder ante las instituciones democráticas.

La combinación de ambos factores ha sido letal para Cataluña y ha actuado de gasolina en el fuego encendido del independentismo. Tengámoslo en cuenta de cara al futuro inmediato. Más profesionalidad y más responsabilidad nos vendrán bien.