ACTOS DE LESA DEMOCRACIA

frutos191016

Es bueno dar un par de pasos para atrás y tomar un punto de perspectiva. ¿No será el “caso Gurtell” nuestro caso Dreyfus? Líbrenmé de intentar comparar al lastimoso personaje Correa con el genial Emilio Zola, ni su declaración en la Audiencia Nacional con el “J’accuse…! ” del escritor. Me refiero a que, sea cual sea el resultado jurídico de este juicio, la evidencia es palmaria para el que quiera verlo. Estamos con los pies metidos en los detritus del país. Algunos pensaban que los sumideros resistirían, tenían capacidad para más, pero no, las tapas han saltado y las aguas sucias y olorosas recorren libremente nuestras calles y entran en nuestras casas.

Ahora es cuando usted piensa que lo que digo es una exageración, que en el fondo ya todos sabíamos que todo funcionaba, y funciona como Correa está relatando (comisiones, apaños, pagos, empresarios amigos, empresarios corruptos, pactos de sangre, de silencio, campañas electorales fraudulentas, sobres voladores de bolsillo a bolsillo…). Quizás lo supiéramos, lo intuyéramos y, con el silencio culposo, consintiéramos, pero para muchos ciudadanos es la perdida de la inocencia. Cuando esta se pierde todo empieza a cambiar, a ser distinto, uno deja de creer en los demás, la confianza no se gana así como así. Harán falta muchas pruebas de honradez y honestidad. Si a esto le añadimos la proyección que estamos dando a los jóvenes sobre lo que realmente es la política, la cosa pasa de serio a muy serio. No esperemos ciudadanos con conciencia fiscal, respeto a la ley, ejercicio responsable de actuaciones con la comunidad, etc.

El histórico escándalo francés partió el país en dos, evidenció que bajo el igualitarismo republicano subyacía un rancio nacionalismo, un Estado tejido de corrupción y mentira institucionalizada que envolvía a todo el sistema, ello dio pie al fortalecimiento de la izquierda radical.

Nuestro escándalo es aún más profundo. Sin aventurar consecuencias es mucho más que esporádicos casos de corrupción. Se dice que esto es pasado, pero está condicionando nuestro presente y lo hará con nuestro futuro, si no hacemos algo. No es cierto que esté juzgado políticamente por las urnas. Es el sistema político y económico español el que está en cuestión, evidentemente afecta de manera directa a la formación de Gobierno, pero sería de alicortos pensar que todo solo va a quedar circunscrito al Partido Popular.

Es un cuestionamiento desde la raíz a cómo ha derivado el funcionamiento del régimen político del 78. No es un problema legal, que se corrige a la antigua usanza con una nueva Constitución refundadora, estamos ante un serio problema cívico y moral que afecta a todos. Refundar a los 47 millones de españoles no es posible ni es la solución. No se trata de propugnar un jacobinismo moral, pero sí un ¡basta ya! colectivo.

La debilidad política que viene aquejando a occidente desde hace tiempo y a España especialmente es sin duda una de las causas que se esconden detrás del deterioro institucional que estamos viendo. Haber consentido, justificado o pasado página de los diferentes sucesos que hemos ido presenciando, ha terminado en un espectáculo mediático y no en una corrección ejemplificadora de lo sucedido. La laxitud ha hecho que el tumor sea metástasis, se salvó el “Tamayazo” con unas nuevas elecciones que subvirtieron el resultado electoral original, eso es un golpe a la democracia. Que un partido político acuda dopado a las campañas electorales con financiación ilegal, en algunos casos cercano al coma, sin que tenga ninguna consecuencia y siguen gobernando como si tal cosa.

Todos ellos son, en definitiva, actos de lesa democracia. El crecimiento económico y el desarrollo social de los años pasados son innegables, pero la pregunta a formularse es terrible: ¿Fue y es necesario corromper para construir una carretera, un aeropuerto o un hospital? Parece que sí. ¿Es una falsedad el valor del riesgo empresarial, la competitividad y la libre competencia? Por ello, aunque sea parte del “absurdo español”, se justifica que el Presidente de la patronal empresarial, que hoy duerme en presidio soñando con su lingote de oro, pidiera[1]: “un paréntesis en el libre mercado para superar la crisis económica”[2]. ¿Esto legitima que cuando se producen actos de administración desleal y temeraria de las empresas la primera medida sea la pérdida de su empleo por los trabajadores?

Es grosero volver a insistir que todo este dramático correlato de tropelías sucede mientras millares de familias españolas han visto mermar sus derechos y sus condiciones de vida. Lo que empieza a ser imperioso es poner en marcha soluciones y someter a profunda revisión nuestro sistema político. Los “tactistas” que muchos ahí dirán que ya escampará, eso sólo es síntoma  de complacencia o incapacidad para revertir el camino.

El mayor problema que nos encontramos es que en el centro del sistema a reformar están los partidos políticos y ninguno ofrece un panorama esperanzador. El primer partido es el sujeto principal de los actos de corrupción que se están ventilando; el segundo partido, en pedazos y sin saber si va o viene; el tercero jugando a la estrategia del susto o del terror; el cuarto saltando por detrás de todos para salir en la foto y, los otros queriendo romper en lugar de reformar lo que nos une y nos puede hacer fuertes.

Evidentemente, en este contexto, saber qué es lo mejor para España es muy difícil. Las dos opciones son malas para la democracia, que gobierne Rajoy y “sus populares” o que se produzcan nuevas elecciones y puedan gobernar los mismos y encima más empoderados, pensando que todas sus culpas están exculpadas sin perjuicio de lo que digan los tribunales. No tener gobierno es malo para España pero tener un gobierno, elegido por acción o por omisión de los demás, tocado por actos que ponen en cuestión los propios fundamentos del Estado Social y Democrático de Derecho que preside el artículo 1.1 de nuestra Constitución, es de una transcendencia a futuro que no se puede ignorar.

[1]http://cincodias.com/cincodias/2013/02/15/empresas/1361098734_850215.html

[2]http://elpais.com/diario/2008/09/18/economia/1221688816_850215.html