¿A ALGUIEN LE INTERESA EL FUTURO DE ESTE PAÍS? EL ESTADO DE NEVADA NO ES EL MODELO

Desde hace unos meses, venimos asistiendo a los esfuerzos denodados de distintos grupos de científicos por llamar la atención sobre la situación, no ya de precariedad, sino de agonía que sufren la ciencia y la tecnología en España. Las cifras, a pesar de los intentos gubernamentales de ocultarlas, son, no solo tozudas, sino también patéticas. Una disminución de los gastos dedicados a la I+D superiores al 30% en los últimos siete años, una reducción del 60% en el número de patentes presentadas en Europa por parte de grupos de investigación y empresas españolas y un incremento asfixiante de las trabas administrativas en la gestión diaria de las instituciones de investigación que tienen por objeto el restringir lo más posible el gasto en I+D, so pretexto de un incremento del “control y la transparencia”. En realidad, el Gobierno del Partido Popular, lo único que ha hecho ha sido cumplir su programa electoral de las elecciones generales de 2011. Anunciaron que en el periodo anterior del presidente Rodríguez Zapatero “se había gastado mucho y mal” refiriéndose a un periodo en el que se produjo un incremento notable de la inversión, que prácticamente duplicó los fondos dedicados a investigación en el periodo 2005/2009 y que condujo a un crecimiento espectacular de la producción científica y un aumento de su calidad (los grupos españoles llegaron a publicar casi el 13% de sus publicaciones en las revistas de mayor difusión en el mundo. (Informe Alternativas,2018). Desde su llegada al Gobierno, los fondos de los PGE dedicados a I+D se han reducido drásticamente, más de lo que indican las cifras, puesto que la mitad de los fondos comprometidos inicialmente se dedican a créditos reembolsables que no pueden utilizar la mayoría de los centros públicos, por ejemplo, los OPIs que tienen prohibido endeudarse por sus estatutos. Como resultado de estas maniobras de “ingeniería financiera” la mitad de los fondos comprometidos en los PGE vuelven a casa (Hacienda) a final de año, cumpliendo una segunda función, después de la del maquillaje presupuestario, reducen el déficit. Que nadie piense que la empresa privada va a suplir lo que son responsabilidades del Estado en todos los países desarrollados y con cotas altas de competitividad. La formación del personal y las grandes infraestructuras son competencia exclusiva de los gobiernos en todos los países avanzados en I+D.

Esta acción consciente contra la investigación y la innovación se inició con la excusa de la crisis económica, pero en realidad es el resultado de una ideología que piensa en nuestro país como una sociedad de servicios de turismo y no como una de economía innovadora. Incluso en los ambientes conservadores se ponen “ejemplos” de este tipo de pensamiento. Igual que en Estados Unidos, país todavía líder mundial en I+D, existen estados que se dedican a la innovación como California, Washington o Massachusetts, hay otros que se dedican al turismo, como Nevada, dicen. Así pues, según este credo conservador, España debería constituirse en la Nevada de Europa, dejando para los países del norte la economía basada en la innovación y la cultura del conocimiento. No importa la dependencia de otros países que se cree y el precio a pagar, no solo cultural, con la emigración de nuestros jóvenes bien formados, sino también con un coste muy importante, monetario, en royalties que compensan a los países innovadores por los productos que nos venden.

Esta política ha sido implementada consciente y eficientemente y mantiene a la ciencia y la innovación española en una situación de coma superficial inducido. La Secretaría de Estado del ramo ha tenido un papel estrella en esta política, adormeciendo a los investigadores con la idea de que, sin ellos, la debacle podría haber sido mayor. Esto es, la teoría del “mal menor”, olvidando que los servidores públicos están en sus puestos para hacer el bien en la sociedad y no el mal, ni siquiera el menor. Esto, acompañado con la amenaza velada de que quien se mueva no sale en la foto, ha servido durante varios años para mantener tranquilos a los investigadores y tecnólogos. La creación, tardía y sin recursos de la llamada pomposamente “Agencia Nacional de Investigación” no ha mejorado en absoluto el panorama y se ha introducido una preocupación más. La antigua Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva, organismo de evaluación independiente e indispensable en todos los sistemas de calidad que existen en el mundo, ve claramente amenazada su independencia por su inclusión en la cadena de mando de la Agencia Nacional de Investigación y, por ende, en la Secretaría de Estado, de dependencia estrictamente política.

Está todo inventado en la política científica. Al contrario que el Gobierno de España, nuestros vecinos más avanzados (Francia, Alemania, Reino Unido, Italia incluso) reaccionaron ante la crisis con incrementos en los presupuestos de investigación de entre el 12 y el 30%. Basten las palabras de la canciller alemana señora Merkel, tan querida en los ambientes gubernamentales, cuando introdujo los recortes presupuestarios en 2009 “vamos a recortar en todo, menos en educación e investigación, porque no podemos poner en peligro el futuro de nuestro país”. Como resultado, España ha retrasado muy claramente su posición con respecto a nuestros socios/competidores de la Unión Europea, por no hablar de Estados Unidos y China que representan el 28 y el 21% respectivamente, del gasto anual en I+D en todo el mundo, mientras que España tiene solo un modesto 1,16%.

A pesar de todo, y ante la consolidación de la situación de penuria después de la “salida de la crisis”, ya que, por ejemplo, la propuesta de Presupuestos Generales del Estado para 2018, “de recuperación”, concede un crecimiento del 1% solamente, al mayor organismo de investigación en España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se están elevando voces que intentan que se reconduzca la situación con respecto a la política española de I+D. El Informe de la Fundación Alternativas, después de un concienzudo análisis de la situación, se extraña del silencio de los investigadores, menospreciados por la política de los últimos años y propone un pacto social que supere el llamado “Pacto de Estado por la I+D” entre los partidos del sistema, tantas veces prometido e incluso firmado y otras tantas negado, por los hechos. Este pacto social alcanzaría a amplios sectores de la sociedad que deberían implicarse con los representantes democráticos en España para que la Investigación y la Innovación sean un pilar sólido del desarrollo sociocultural y económico de nuestro país. Esta idea, junto con la propuesta de la necesidad de un órgano permanente (por pequeño que sea) que asesore a nuestros representantes en el Parlamento, ha sido complementada con otras iniciativas, como el movimiento “Ciencia en el Parlamento” que pretende acercar el pensamiento científico y el conocimiento del sistema a nuestros representantes, únicos cualificados para decidir las inversiones en ciencia e innovación. Existen otras iniciativas,  más amplias y generosas unas y otras más centradas en intereses específicos de grupos, pero el ambiente de rebeldía ante una situación que la mayoría de los investigadores percibe como un ataque no tanto a los intereses de un grupo social sino al futuro de nuestro país, se está extendiendo y puede llegar a trasladarse a la opinión pública, como una dejación de responsabilidades del gobierno para con las generaciones futuras. Es necesario un movimiento social de rebeldía ante un futuro de empleos precarios y devaluaciones internas resultante de cualquier crisis que siempre pagan los más débiles, mientras que en los periodos de expansión solo se piensa en la especulación financiero/inmobiliaria de la que se benefician solo unos pocos. Hay que decirlo claramente, en España si hay personas, muchas, que se preocupan por el futuro del país y que quieren un país moderno para dentro de cinco años, con una sociedad basada en el conocimiento y la innovación. No obstante, hay que hacer el esfuerzo para que este tipo de pensamiento de progreso, de insubordinación ante simples objetivos macroeconómicos cuya aparente bondad esconde el desprecio por la ciencia y la tecnología, se extienda a capas más amplias de la sociedad. No solo desde un punto de vista más teórico, sino para que vean que esto conducirá a su propio beneficio propiciando un futuro mejor para el conjunto de la población.

Esta es la filosofía que impregna esta sección de ciencia en sociedad con el objetivo de que tal encuentro se produzca, cuánto antes mejor