40 AÑOS DE CONSTITUCIÓN. ¿Y AHORA QUÉ?

Con este artículo, se inicia una pequeña serie que pretende analizar algunas cuestiones relacionadas con la celebración del cuarenta aniversario de la aprobación, en referéndum, de la Constitución española, en 1978. Entre ellas, y de manera destacada, examinar la opinión que la ciudadanía tiene sobre la democracia, su funcionamiento, la satisfacción con la Constitución, si debe o no reformarse, cómo, cuándo y cuánto, es decir, si hay que delimitar o no las reformas. Y al mismo tiempo, si esas opiniones son homogéneas o hay diferencias relacionadas con la edad, los estudios, la clase social, el voto o la ideología.

No es el momento apropiado para acometer la reforma de la Carta Magna”. Con estas palabras se pueden resumir las jornadas conmemorativas del 40 aniversario de la Constitución, que han tenido lugar en el Senado. Durante dos días de análisis, destacadas personalidades, desaconsejan iniciar ahora el proceso de reforma constitucional por la fragmentación que existe en el Parlamento, la debilidad de un gobierno en minoría, la crisis territorial, el problema secesionista, la dificultades de conseguir consensos mayoritarios entre las principales fuerzas políticas para llevar a buen puerto los cambios, y las políticas populistas que más que reforma pretenden un nuevo proceso constituyente.

En este debate, es de agradecer que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), haya subsanado una anomalía que no era entendible en sociedades donde los ciudadanos cada vez demandan más información para hacer efectiva y eficiente su participación y codecisión en los asuntos públicos. Me refiero, al hecho de que desde noviembre del año 2012 no se haya preguntado en las encuestas del CIS por la opinión de los ciudadanos sobre la Constitución de 1978.

De las preguntas formuladas en el Barómetro del CIS de septiembre de 2018, se pueden sacar algunas conclusiones, que pueden ser utilizadas por las diferentes fuerzas políticas a la hora de intentar iniciar un diálogo que se encamine a un acuerdo a medio plazo. Un dialogo fuera de los focos, porque el actual calendario electoral encamina a España, por desgracia, más a una política de trincheras que de consensos constitucionales.

  • Hay una mayoritaria insatisfacción con el funcionamiento de la democracia en España. Un 54, 8 por ciento de la población afirma que esta poco/nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia. Mientras, un 42,6 por ciento declara sentirse muy o bastante satisfecho.
  • Existe satisfacción ante cómo han ido las cosas con la Constitución de 1978. Un 47,3 por ciento dice estar muy satisfecho o bastante satisfecho con la manera en que han ido las cosas con esta Constitución; un 27,7 por ciento señala que esta poco o nada satisfecho; y un 17,5 por ciento expresa que regular.
  • Siete de cada diez españoles opina que la Constitución necesita ser reformada en estos momentos.
  • Los ciudadanos desean una reforma de calado de la Constitución, no pequeños retoques. Un 49,3 por ciento indica que la reforma debe ser importante; un 33,2 por ciento una pequeña reforma; y un 14 por ciento una reforma casi total de la Constitución de 1978. Es decir, un 63,3 por ciento de las personas que apunta que es preciso realizar una reforma de la Constitución piensan que ésta debe ser en profundidad.
  • Los cambios en la Constitución que desean los ciudadanos están orientados hacia un incremento de los derechos y de las libertades, más igualdad, transparencia y control y coordinación de la actividad política: proteger en mayor grado los derechos y libertades de los/as ciudadanos/as, un 17,2 por ciento; regulación de Competencias de las Comunidades Autónomas, un 19,3 por ciento; garantizar una mayor igualdad de las mujeres, un 19,3 por ciento; mejorar la protección de los derechos sociales, un 22,7 por ciento; incrementar la transparencia y el control de la actividad política, un 28,9 por ciento; una mejor coordinación de competencias en educación y sanidad, un        32,4  por ciento.

Conociendo lo que opinan los españoles no van a desaparecer las dificultades que actualmente existen para abordar esta cuestión. Pero, al menos, el tacticismo de algunas formaciones políticas puede modularse para favorecer el interés general.

¡Ojala!