3.767.054 DESEMPLEADOS INSCRITOS

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España necesita cuanto antes un gobierno. Pero no para que lo presida tal o cual persona, o entren en él uno o varios partidos políticos, sino para que se ocupe de los españoles, y entre ellos de los 3.767.054 desempleados inscritos. O delos 1.610.900 hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro. Esta obviedad, hay que destacarla cuando, han pasado escasos días desde la celebración de las elecciones generales y, vemos unos titulares de prensa que reflejan a una elite política poco preocupada de los españoles y bastante ocupada en sus futuros puestos o posiciones: “Rajoy apuesta por un acuerdo de mínimos para poder formar gobierno”;“La ministra Pastor ve el veto de Rivera a Mariano Rajoy no democrático”; “Urkullu sitúa a los presos de ETA como clave para negociar con el PP”; A Iglesias le “acojona” el futuro: “Podríamos ganar o darnos una hostia”; “Iceta ve “abierta” la discusión sobre la consulta canadiense para Cataluña”, entre otros.

Ante semejante discusión, un recuerdo y una pregunta. El recuerdo son las palabras de Schopenhauer cuando afirmó que “La mayoría de los hombres son tan profundamente subjetivos que no les interesa nada realmente aparte de sí mismos. Siempre piensan en su propia situación tan pronto como se hace cualquier comentario y toda su atención se concentra y se ve absorbida por la mínima referencia casual a cualquier cosa que les afecte personalmente, por remota que sea”. La pregunta obligada, es donde están las propuestas para mejorar la vida de la gente que tendrán que guiar al próximo gobierno.

Esta realidad, junto con las políticas realizadas durante la crisis, está haciendo que muchas personas, entre las que me encuentro, se cuestionen cada día más la idea de que quienes están en el poder saben lo que más conviene a los ciudadanos. Y avancen en la idea de que muchos de sus representantes son intermediarios al servicio de los poderes económicos, de una manera más o menos encubierta.

Este sentimiento, muy extendido en todas las sociedades democráticas, viene a profundizar en un desapego creciente de la población hacia sus representantes políticos que de no corregirse con celeridad puede acabar con un sistema democrático del que solo quedará el nombre. Y ahí, tenemos ejemplos como que se vote a favor de salir de la UE en Gran Bretaña; que se tengan que repetir las elecciones presidenciales en Austria, donde la ultraderecha no consiguió la presidencia del país por unos cuantos miles de voto; que en EEUU, Donald Trump sea el candidato del partido Republicano a la Presidencia; o lo que está pasando en Francia, Holanda, Alemania y un largo etcétera de países.

Pero del desapego hay que pasar al compromiso moral, a la acción ante los grandes desafíos a los que nos enfrentamos. Una acción que lleve a los ciudadanos a establecer la agenda, que deben desarrollar los gobiernos a los que votaron. De este modo, ahora, hay que exigir tanto al PP, que ganó las elecciones, como al PSOE y al resto de fuerzas políticas, que pongan en primer lugar de la agenda política la creación de empleo. Un empleo estable, con derechos y dignamente retribuido, que acabe con muchas de las incertidumbres vitales que sufren millones de españoles.

No es de recibo una sociedad con millones de personas que quieren trabajar y no pueden.

No es de recibo que además de sufrir por no tener trabajo, las personas que más lo necesitan vean como el gobierno no les da protección. Es una vergüenza para España como país que solo el 52,9 por ciento de los desempleados tenga cobertura de la seguridad social.

No es de recibo que todos los partidos políticos hablen, y hablen de educación en la campaña electoral como herramienta para el desarrollo económico y social de España, y año tras año se despida a muchos docentes cuando llegan las vacaciones para no tener que pagarles durante los meses de verano. Este año, 51.468 personas que se dedican a la educación a la calle.

No es de recibo que haya 1.610.900 hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro.

De recibo es tener un gobierno que se ocupe de los ciudadanos. Pero más de recibo aún es contar con una ciudadanía que se niega a ser sometida al dictado de la austeridad. Más de recibo es contar con una ciudadanía que lucha contra la desigualdad. Más de recibo es contar con una ciudadanía que en su vida cotidiana actúa considerando que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros, como señala el artículo uno de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Tendremos gobierno, pero solo estará a la altura si los ciudadanos estamos activos para que se comprometa con el interés general en sus acciones de gobierno, y especialmente con los españoles que más lo necesitan.