2019: NUEVOS DILEMAS POLÍTICOS

El año 2018 se presentó inmejorable para la defensa de los derechos de la mujer.

Se inició con el MeeToo, y continuó con una larga serie de manifestaciones descubriendo el silencio que muchas mujeres habían sufrido, y culminó con un exitoso 8 de marzo, que fue mucho más que una manifestación, y que España vio cómo sus calles se llenaban de mujeres y hombres, chicas y chicos, que pacíficamente y de forma multitudinaria mandaban un mensaje feminista al mundo.

Las mujeres veíamos con optimismo con el siglo XXI era, definitivamente, el siglo de la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres. Igualdad, ni más ni menos. Algo tan simple pero tan complejo.

Pero la alegría ha durado poco, aunque no la resistencia que sigue en la calle y que se moviliza ante las numerosas agresiones que provienen de los ultraconservadores. Desde Trump y su recalcitrante machismo, siguiendo con Bolsonaro y su ministra evangelista que reza para que “las niñas vistan de rosa y los niños de azul”, afirmaciones que despiertan la carcajada si no fueran porque van en serio, para terminar en la ofensiva más preocupante que supone Vox.

Se analiza que el voto a Vox es una consecuencia de la situación de miedo, de incertidumbre, de inseguridad que la ciudadanía vive. Seguramente. Pero, por otro lado, el votante de Vox no se preocupa de temas como la sanidad o la educación, ya que eso no parece prioritario en el programa de Vox. Sino que el voto se nuclea en torno a sentimientos exaltados y extremos: España versus Cataluña, españoles contra inmigrantes, y, por supuesto, hombres contra mujeres. Cataluña, “el moro” y las “feminazis” somos el mayor problema que tiene España.

¿De verdad que enfrentarse de forma visceral a que las mujeres tengamos los mismos derechos que los hombres solucionará el problema de España? Es evidente que no, y que a Vox no le importa saber cómo solucionar la desigualdad o la precariedad laboral, pues de esos temas ni se habla.

Lo que sí está haciendo es, en primer lugar, exaltar ánimos, mostrar fortaleza y chulería, ser absolutamente incorrectos y maleducados, y manejar datos falsos en las redes para crear un estado social de peligrosidad, de odio, de enfrentamiento. En segundo lugar, está creando una franja entre ellos, como de pura raza, y el resto (incluido Ciudadanos y PP) como los “políticamente correctos” y, por tanto, parte de un sistema acabado o deteriorado. En tercer lugar, está despertando a la bestia que nunca desapareció, pero estaba aletargada.

Quien lo tiene más complicado en esta situación es Ciudadanos que hace tiempo que abandonó su papel de liberal centrista, de partido moderno y regenerador, para atrincherarse en un lateral del parlamento, y ahora coquetear un noviazgo con Vox. Su dilema reside en que aceptar ir con Vox para conseguir parte del pellizco de Andalucía, dándole además un inmerecido balón de oxígeno al PP, supone dejar de ser un interlocutor válido en Europa.

El PP, aunque no quiera admitirlo, ha despertado de nuevo las dos caras del partido. Rajoy y su equipo han sido laminados, apartados y renegados por Casado, pero ¿están dispuestos aquellos que confiaron en Rajoy y gobernaron con él en España a permitir el viraje ultra de Casado? No es solamente una cuestión de votos, sino también de convicción.

Al igual que le ocurrió a la izquierda desde la transición, ahora es la derecha la que se fragmenta. Todos son hijos de la misma raíz, pero con troncos diferentes. Y cada uno tendrá que dar cuenta de con qué compañeros y con qué ideas pretende reformar el conservadurismo español.

Andalucía es el primer experimento de una época confusa y convulsa, de la agitación de los sentimientos más egoístas y primarios, pero también de quitarse las caretas y definir cuál será el futuro político de este país. Si Vox es quien tiene la llave, la democracia española irá claramente en retroceso. Y serán responsables tanto el PP como Ciudadanos.

Los que en su día se afiliaron a Ciudadanos o quienes le han votado deberán preguntarse si el partido que hoy dirige Rivera sigue la misma andadura que en sus comienzos. Porque creo que no lo conoce ya ni su propio fundador.