2019: ELECCIONES EUROPEAS

Escribir sobre el ascenso de la ultraderecha en Europa o lo preocupante del resultado de las elecciones en Suecia, paraíso del Estado de Bienestar, no es algo novedoso. Más bien al contrario, es un síntoma de preocupación.

Basta ver la página de esta revista digital para comprobar que es un asunto realmente preocupante.

Se avecinan unas elecciones europeas con unos problemas graves en relación a la migración, a cómo resolver una crisis económica que es sistémica y que afecta al empleo, a la falta de futuro estable de los jóvenes, al descenso de las clases medias, al imparable crecimiento de la desigualdad, y a una falta de ilusión y de confianza en el propio sistema y en Europa.

Lo ocurrido en Suecia no es solo una gota más. Es la gota. Porque hasta el momento, el resto de Europa mira a este país como el ejemplo a imitar: buenos niveles de cobertura social, un Estado de Bienestar consolidado e envidiable, y un alto grado de solidaridad respecto a la inmigración y los que vienen de fuera. Eso es lo que vemos. Pero algo se deteriora por dentro.

Las elecciones europeas se realizarán en un marco con dos premisas.

Primero, el auge lento pero consolidado de la ultraderecha, ya no como una anécdota, sino como una opción política, que se convierte en la tercera o incluso segunda fuerza política; y, sobre todo, lo más serio es la capacidad de conectar entre todos los partidos ultras europeos, ya que, a cada elección nacional y aumento de escaños, se produce una euforia generalizada.

En segundo lugar, se produce la caída a los niveles históricos más bajos de la socialdemocracia, cuando su contrapeso sería fundamental para impedir la barbarie. Pero, este momento histórico es demasiado complejo para una socialdemocracia que lleva mucho tiempo gestionando el presente y con dificultades de mirar hacia el futuro.

Es una de las consecuencias del posmodernismo, donde el “presentismo” era la única razón vital por la que los individuos debían luchar. Y eso no es una lucha, ni una reivindicación, ni la construcción de derechos.

Una vez más, España gobierna al contrario. Cuando corren malos vientos en Europa y los gobiernos no son favorables a nuestras políticas progresistas es cuando el PSOE tiene que lidiar con el marco nacional y con el internacional a un mismo tiempo.

¿Cómo se está componiendo (más bien descomponiendo) políticamente nuestra querida Europa?

En la última década vemos el consolidado aumento electoral a favor de partidos nacionalistas, xenófobos y críticos con el sistema representativo que llegó hasta el siglo XX; se descompone la Unión Europea con votaciones como el Brexit; o aparecen personajes políticos como Macron, que son nuevos líderes sin partido político.

Resulta muy interesante recordar cuáles eran las encuestas en Francia respecto a la confianza en la política. Las encuestas del 2016/17, según Manuel Castells ([1]), señalan que el 83% de los franceses no se sentían representados por los partidos, que el 88% pensaba que la mayoría de los políticos son corruptos, y que solo un 3% creía que lo que hacían los gobiernos mejoraba sus vidas.

Francia vivió la caída de dos presidentes, Sarkozy y Hollande, conservador y socialista, que se habían hundido electoralmente y habían perdido su prestigio político y social, quedando hundidos también como posibilidades de gobierno los dos partidos tradicionales franceses. Y en este ambiente gélido, la sorpresa la  dio Emmanuel Macron.

Fue miembro del partido socialista francés desde los 24 años, y ministro (además de otros cargos) del gobierno de Hollande. Hasta que, desvinculado ya de la militancia socialista, dimitió el 30 de agosto como Ministro de Economía, y se dedicó a su movimiento político denominado “¡En Marcha!”, que él mismo fundó en abril del 2016.

El nombre oficial de “¡En Marcha!” es “Asociación para la Renovación de la Vida Política”, es decir, un movimiento alejado de los partidos tradicionales y cuyo objetivo persigue “la renovación” de la política. Como peculiaridades, este movimiento se apoya en las redes sociales y acepta las adhesiones de miembros de otros partidos y no impone ninguna cuota de militancia. Muy personalista, se funda en la ciudad natal de Macron, Amiens, y el nombre del movimiento incorpora sus iniciales. Una arrasada con el modelo, espíritu y organización de los partidos tradicionales del siglo XX ([2]).

Macron anunció su candidatura a las elecciones presidenciales de Francia en noviembre del 2016, y el 7 de mayo del 2017 obtuvo la victoria en la segunda vuelta, imponiéndose con el 66,1% de los votos, y convirtiéndose en el presidente más joven de la historia francesa con 39 años.

Si resulta interesante el ascenso meteórico de Macron, resulta preocupante saber quién fue su contrincante en la segunda vuelta: la ultraderechista Marie Le Pen.

Pero, ¿dónde queda el partido socialista, cuyo presidente Hollande no quiso presentarse de candidato?

Y si la situación de la socialdemocracia en Francia es triste, qué podemos decir en Italia después de las elecciones de marzo del 2018. Claramente, las urnas dieron un vuelco al panorama político arrasando contra los partidos tradicionales. La consecuencia fue la gran pérdida del Partido Demócrata, heredero del socialismo y la socialdemocracia italiana, y la dimisión de su líder Matteo Renzi.

¿Quién ganó en Italia? En una situación difícilmente gobernable, Italia se dividió en dos populismos, euroescépticos y antiinmigrantes.

¿Qué es el Movimiento 5 estrellas? En primer lugar, se autodefine como una «libre asociación de ciudadanos» y no como un partido político porque está en contra del sistema político tradicional formado por partidos políticos. Se fundó a finales del 2009 por el cómico y actor Beppe Grillo, quien ocupó las portadas de periódicos por sus frases elocuentes y su manera atípica de hacer política.  Un movimiento ecologista, anti-euro y euroescéptico, clasificado de populista. En tan solo 8 años se ha convertido en el partido más fuerte de toda Italia; al frente, está como líder Luigi Di Maio, un joven italiano, nacido en 1986, vinculado desde el inicio al Movimiento 5 Estrellas, y del que apenas se conoce nada, con una breve biografía profesional o curricular, salvo haber sido recientemente el vicepresidente de la Cámara de Diputados más joven en la historia de la República Italiana.

¿Y la locomotora de Europa? ¿Alemania?

Alemania estuvo bloqueada desde septiembre del 2017 hasta el acuerdo alcanzado en febrero del 2018, más de cuatro meses después, para formar gobierno entre los dos “opositores”. Una “gran coalición”, como así se conoce el pacto derecha-izquierda para gobernar Alemania y frenar a la extrema derecha.

Un cuarto mandato para la férrea Ángela Merkel, pero con un resultado más débil que le obliga a buscar alianzas. Sorprendentemente, su aliado es el Partido Socialdemócrata, liderado por Martin Schulz, expresidente del Parlamento Europeo; la socialdemocracia alemana, tan decisiva en épocas anteriores, después de la II Guerra Mundial y en la consolidación del Estado de Bienestar europeo, obtuvo el peor resultado de su historia.

Y, por primera vez después del nazismo, entra en el parlamento, como el tercer partido más votado, Alternativa por Alemania, un partido xenófobo, contrario al euro, y de ultraderecha. Como dijo Alexander Gauland, uno de sus líderes, al finalizar el escrutinio “vamos a recuperar nuestro país y nuestro pueblo”.

Y ahora, Suecia ha quedado tocada. El ejemplo, el modelo, el Estado de Bienestar, el paraíso soñado.

Los ultras se convierten en la tercera fuerza. Y, aunque la socialdemocracia ha ganado las elecciones, ha obtenido el peor resultado de su historia. La dificultad está, ahora mismo, en el bloqueo electoral entre la derecha y la izquierda, y la aparente ingobernabilidad que se avecina.

Con estos mimbres, se avecinan las preocupantes y decisivas elecciones europeas del 2019. De momento, la esperanza se funda en Portugal (pequeña pero importante como vecina) y en un gobierno socialdemócrata en España al que no le van a poner las cosas fáciles.

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[1] Manuel Castells, 2017:61

[2] Llama la atención que los nuevos partidos políticos que están surgiendo en Europa ya no utilizan nombres con posiciones ideológicas, sino que, o bien ensalzan a su líder sin ideología, o bien llaman a la implicación ciudadana, más allá de las posiciones que cada uno pueda tener. Véase los nuevos partidos políticos españoles: Ciudadanos, Podemos, Actúa, … ninguno de ellos se ubica inicialmente en ninguna posición.