2017, ¿UN AÑO PARA LA HISTORIA?

Hay años especialmente intensos, en los que los acontecimientos se acumulan y, como dice J. C. Buisson, “cambian el mundo” o por lo menos el curso de la Historia.

Cuando se echa un vistazo a su calendario, el 2017 promete ser uno de ellos. Como hace un siglo el 1917 fue un año de cambios en el orden político, económico y cultural cuyas consecuencias todavía se hacen sentir.

Ese año los EEUU entraron en guerra, rompiendo su tradicional aislacionismo; estalló la Revolución rusa que dio lugar a la URSS, el primer régimen totalitario al que siguieron el nazismo y el fascismo, precipitando al mundo en un apocalipsis cuyas consecuencias todavía marcan nuestra época. La declaración Balfour, prometiendo a los judíos un hogar nacional sobre los restos del Imperio Otomano y rompiendo otras promesas a las tribus árabes que les ayudaron a conquistar Damasco y Jerusalén, fue el detonante de la dramática situación de Oriente Medio.

También en el 1917 la declaración de Corfú abrió la puerta a que los pueblos que vivían bajo los imperios austrohúngaro y otomano, se unieran en un país artificial, que acabó en los horrores de los 90 y cuyas consecuencias todavía desestabilizan parte de Europa. En 1917 Alemania lanzó el concepto de “guerra total” y el gas mostaza y los son los precursores de Auschiwtz, Dresde e Hiroshima. Hitler y Mussolini, de Gaulle y Mao eran desconocidos prisioneros, heridos de guerra o periodistas. Nada hacia proveer el papel que jugarían en lo que ocurriría después.

También hace un siglo el mundo asistió a cambios culturales y científicos trascendentales. Einstein y sus ecuaciones, la radioactividad, el primer centro anti cáncer de Marie Curie, Freud y el superyo, Apollinaire y el surrealismo……

Desde entonces la aceleración de la técnica y de la comunicación social han sido impresionantes, pero la hiperabundancia de información no aumenta la inteligencia colectiva, hemos pasado del homo sapiens al zappens; la productividad económica está extrañamente estancada y somos incapaces de tomarnos en serio la amenaza climática. Muchos cambios se están incubando. Entre ellos el de la robótica, más importante que el del vapor y la electricidad juntas.

Puede que el 2017 sea también uno de esos años que cambian la historia. Celebraremos el 60 aniversario del Tratado de Roma y elecciones en Francia, Holanda y Alemania (no creo que también en Italia). Y con los partidos de extrema derecha en cabeza en los sondeos en los dos primeros países y ganando puntos en Alemania criticando la política migratoria, Schengen y el euro.

Ahora como hace un siglo, las dos caras de la crisis, la económica y la política, se alimentan mutuamente. Y es difícil predecir lo que pueda ocurrir. Es posible que la recuperación económica, hoy por hoy demasiado lenta, y el control de los movimientos migratorios disminuya el apoyo a los partidos populistas. O puede que más y más graves atentados y una nueva recaída en la crisis aumente el sentimiento anti europeísta. Si quienes lo representan llegasen al poder en algún gran país europeo, como por ejemplo si en Francia ganara Le Pen, 2017 no sería de celebración sino el réquiem de Europa. Con todo lo que ello implicaría. Parece poco probable, pero también parecían improbables el Brexit y la elección de Trump.

Lo que ocurra en el 2017 dependerá sobre todo de lo que haga Trump, un Presidente de EEUU que ha propuesto que su país no siga siendo el guardián de un orden mundial que cree que le perjudica, ni pagando por la seguridad de los europeos, ni por las consecuencias de la apertura de su mercado o del cuento chino del cambio climático. Sus argumentos no son solo económicos, son también identitarios y reflejan el temor de las clases medias occidentales, también de las europeas, al mestizaje cultural y religioso.

El 2017 empieza dominado por dos palabras clave: desmundializacion y populismo, ambas novedosas en el léxico y la practica política. Y ambas correlacionadas en su significado porque como dice Piketty el llamado “populismo”, que responde a realidades bien diferentes en distintos países, es “la respuesta confusa pero legítima al sentimiento de abandono de las clases populares y medias de los países desarrollados, frente a la mundialización y el crecimiento de las desigualdades”.

En las primarias norteamericanas ya se calificó a Sanders, el rival de Hillary Clinton como “populista”, pero eso no le quitó apoyos, más bien le identificó con una alternativa distinta a la de una candidata más “clásica”, que acabó perdiendo las elecciones.

También en Francia ahora el adjetivo populista se aplica por igual a los movimientos contestatarios de la izquierda y la derecha. A Jean Luc Melenchon por una parte y a la señora Le Pen por la otra. Pero aunque tengan en común su rechazo a los actuales Tratados europeos, no pueden asimilarse ni en su origen ni en sus propuestas, porque Melenchon mantiene una dimensión internacionalista bien distinta del nacionalismo xenófobo y anti emigrante de Le Pen.

En todo caso, el calendario del 2017 está repleto de acontecimientos. Dentro de pocos días, Trump asumirá la Presidencia y empezará una nueva era. Jeremy Corbyn ha cambiado la posición de los laboristas británicos con respecto al Brexit y la libertad de movimiento de los ciudadanos europeos. Según Corbyn, “el laborismo construirá un Reino Unido mejor fuera de la Unión Europea”, reconociendo que la gente quiere ejercer la democracia y controlar la economía desde su propia casa. En otras palabras, nosotros nos lo montamos mejor solos. No es muy diferente de lo que decía el líder pro Brexit N. Farage y en el fondo es el discurso de los independentistas catalanes o del Norte de Italia. El discurso contrario al de la integración europea.

Los socialistas franceses han empezado la campaña de sus primarias, con siete candidatos que participan en interesantes y respetuosos debates sobre los temas de fondo que preocupan a la sociedad francesa, desde el impacto de la robótica en el empleo a la cuestión del control de la inmigración o la renta básica ciudadana. Y son siete candidatos que reflejan sensibilidades diversas, como es inevitable ante la complejidad de los problemas a los que se enfrentan las sociedades democráticas, desarrolladas y envejecidas como la suya o la nuestra.

Los socialistas españoles tendremos que esperar unos meses más para ver si somos capaces de hacer algo parecido. Al posponer las primarias hasta mayo, tendremos tiempo suficiente para que aparezcan candidatos y podamos ofrecer a la sociedad española un debate de calidad política, como ahora la izquierda, y antes la derecha francesa han sido capaces de hacer. De momento ya tenemos un candidato, que bienvenido sea, porque es el momento del debate y de las propuestas. Y como las ideas no florecen en los arboles sino que las producen las personas, necesitamos personas que las protagonicen y satisfagan las ansias, cada vez mayores, de poder debatir y elegir libremente.

Al paso que vamos los franceses tendrán, dentro de menos de cuatro meses -la segunda vuelta esta prevista para el 7 de mayo- un nuevo Presidente de la República antes de que los socialistas españoles tengamos un nuevo Secretario General

Y habrán elegido un nuevo parlamento, el 11 y 18 de junio, casi al mismo tiempo que el PSOE esté celebrando su próximo congreso a mediados de junio.

En Europa el calendario político estará dominado por las negociaciones del Brexit, que empezarán en marzo cuando el gobierno británico active el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Los 27 Estados miembros deberán ponerse de acuerdo sobre una posición negociadora común, lo que no es nada evidente. Y al final el Parlamento británico y el Parlamento Europeo tendrán la última palabra. Pero esto no ocurrirá antes de finales del 2017.

Otras cosas muy importantes ocurrirán en Europa. En septiembre, Ángela Merkel, será muy probablemente reelegida para un cuarto mandato como Canciller federal. Aunque los asaltos sexuales durante la noche de la víspera de Año Nuevo en Colonia y Hamburgo, los cuatro ataques terroristas en Baviera y Baden-Württemberg, en julio, y el ataque a un mercado de Navidad en Berlín en diciembre, hayan deteriorado la imagen de madre protectora de Merkel, esta sigue encarnando la estabilidad y la lucha contra el populismo. La cuestión es saber si los socialdemócratas superaran el 20 % de votos y serán suficientes para reeditar la gran coalición.

En marzo también habrá elecciones legislativas en Holanda. Otra incógnita a tener en cuenta, porque el líder de la extrema derecha Geert Wilders promete, si puede formar gobierno, plantear la salida de la Unión Europea.

Y todo ello mientras el 25 de marzo vamos a celebrar el 60 aniversario del Tratado de Roma, aquel que proclamaba, como todavía hace el Tratado de Lisboa, la voluntad de establecer “una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos”. Claro que entonces solo eran seis los Estados que se lo proponían.

Las citas electorales del 2017 serán determinantes para saber como se supera la fuerte crisis de identidad del proyecto europeo y del papel que en él puede jugar una socialdemocracia renovada.