2016: UN AÑO MARCADO POR LA POLÍTICA

2016: UN AÑO MARCADO POR LA POLÍTICA

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La aritmética parlamentaria derivada de las recientes elecciones generales está resultando enrevesada para el PP y el PSOE. Los números son tozudos: Rajoy sólo puede formar un Gobierno estable y duradero si consigue un Gran Acuerdo de Coalición con el PSOE. El desastre electoral (pierde más de 3,6 millones de votos y 63 diputados), los insuficientes resultados de Ciudadanos– muy por debajo de sus expectativas-, el previsible rechazo de los partidos nacionalistas y la oposición frontal de Podemos no le dejan otra alternativa posible.

El PSOE también sale malparado de estas elecciones: ha cosechado sus peores resultados desde la Transición democrática (pierde casi 1,5 millón y medio de votos y 20 diputados). La situación se complica aún más por el éxito de Podemos en la captación del voto descontento y, sobre todo, de los jóvenes y de los ciudadanos progresistas concentrados en las grandes capitales de provincia. A pesar de estos malos resultados, la composición final del Parlamento ha convertido al PSOE en un partido clave para garantizar la gobernabilidad del Estado y, como consecuencia, se ha abierto un gran debate en la dirección federal y en los militantes de base sobre la decisión a tomar, dejando -por el momento- al margen la necesaria reflexión sobre su fracaso electoral, sobre todo después de la bochornosa legislatura del Gobierno de Rajoy.

Ante esta situación, los poderes fácticos: Bruselas, acreedores internacionales (Alemania, Francia, Reino Unido…), sector financiero, grandes empresas multinacionales (IBEX-35), medios de comunicación afines y ex altos cargos institucionales del PSOE (los llamados Felipistas) están presionando a Pedro Sánchez para que formalice con el PP una Gran Coalición siguiendo los pasos de Alemania (CDU -SPD). Los argumentos a que se están utilizando son múltiples y variados: evitar unas nuevas elecciones generales, garantizar la estabilidad del Estado, hacer frente al problema catalán, consolidar la llamada recuperación económica, atraer inversiones internacionales, tranquilizar a unos mercados globalizados… Incluso se afirma que la prima de riesgo elevada y la recesión económica pueden volver de nuevo si el PSOE termina pactando con la izquierda populista, castrista y bolivariana…

A pesar de estos argumentos y de las intolerables presiones que se están ejerciendo, la militancia y la mayoría de los electores rechazan ampliamente un Gran Acuerdo con el PP (“Pacto de Estado”). No olvidan los recortes ni las políticas radicales de ajuste, ni tampoco la reforma laboral, la precariedad de nuestro mercado de trabajo, la privatización de los servicios públicos, el desplome de los salarios, los copagos, la desigualdad, la pobreza, el abuso de los decretos-ley (mayoría absoluta) y la corrupción generalizada en el PP. Por otra parte, un gobierno de Gran Coalición dejaría la oposición política exclusivamente en manos de Podemos, por lo que muchos consideran que eso sería muy negativo para el futuro del PSOE. En coherencia con ello apuestan por explorar la posibilidad de un Acuerdo de izquierdas en base al PSOE, Podemos e IU (“acuerdo a la portuguesa”), con el apoyo puntual de otras formaciones progresistas de carácter nacionalista. Esta apuesta se llevaría a cabo en el supuesto de que Rajoy (ganador de las elecciones) no fuera capaz de alcanzar un acuerdo de investidura al que, por el momento, sólo se ha presentado Ciudadanos. La pretensión final no es otra que desplazar a la derecha neoliberal del poder y poner en práctica un programa clásico de gobierno socialdemócrata que restituya los derechos eliminados al amparo de la crisis.

En todo caso, un Acuerdo de izquierdas no será nada fácil y, por supuesto, no se debe conseguir a cualquier precio. Desde luego, el planteamiento maximalista de Podemos en relación con el problema catalán (referéndum de autodeterminación) resulta inoportuno y no puede ser asumido por el PSOE; entre otras cosas porque la autodeterminación dependería de los votos del PP, dada su capacidad de bloqueo, y porque las resoluciones del congreso del PSOE rechazan el referéndum como no sea para ratificar un Acuerdo alcanzado entre los gobiernos del Estado y Cataluña (“Pacto fiscal”, blindaje de competencias, lengua…). Sin embargo, y a pesar de las dificultades señaladas, ambos partidos pueden alcanzar acuerdos con relativa facilidad en relación con las políticas económicas (crecimiento sostenible, pleno empleo, cambio de modelo productivo…); fiscales (impuesto a las transferencias financieras, impuesto de sociedades, lucha contra el fraude fiscal…); sociales (pensiones, dependencia y servicios sociales); medio ambientales; derechos individuales; regeneración democrática; reforma de la Constitución; y Estado Federal. Incluso, de acuerdo con los sindicatos, pueden pactar el garantizar una prestación mínima garantizada para 2,5 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social y blindar la financiación de las políticas sociales en nuestra Constitución.

Debemos recordar también que las posibilidades de Acuerdo estarán salpicadas de fuertes reservas ante la pugna por la primacía de un partido sobre otro dentro del espacio socialdemócrata y la tentación de Podemos de acudir a una segunda vuelta (nuevas elecciones) ante sus expectativas de conseguir mejores resultados electorales, lo que se contempla con preocupación por la ciudadanía progresista y por una buena parte del electorado atemorizado ante la posibilidad de que el PP pueda seguir en el poder. Lo mismo viene ocurriendo con el PSOE, entregado a un debate estéril e incomprensible para los ciudadanos sobre su próximo congreso y sobre los apoyos con que cuentan el secretario general y los barones territoriales. Lo más grave de la situación es que se tergiversan las cosas: en realidad muy pocos cuestionan en estos momentos delicados el liderazgo de Pedro Sánchez (elegido en Primarias hace sólo 17 meses) y, además, nadie se postula públicamente para sustituirle. Por el contrario, muchos rechazan la posibilidad de que el PSOE apoye al PP para formar un Acuerdo de Gran Coalición, en contra de ciertas minorías influyentes y cualificadas del PSOE que se oponen radicalmente a un pacto de izquierdas con Podemos y defienden la Gran Coalición en la actual situación y, en coherencia con ello, la sustitución de Pedro Sánchez al no secundar éste plenamente sus planteamientos. Este es el único y verdadero problema y no el liderazgo del partido (desde luego, muy condicionado por la pérdida de credibilidad del Gobierno Zapatero y prisionero de una orientación política -de marcado carácter institucional- aprobada por el conjunto del partido), ni la celebración del Congreso que, sin duda, puede esperar unos meses en unas circunstancias verdaderamente excepcionales.

En relación a la hipótesis de celebrar unas nuevas elecciones generales -que nadie desea y confirmarían el fracaso de la política-, el PP se congratula por las manifestaciones de diversos politólogos y sociólogos que pronostican un avance de la derecha ante unas nuevas elecciones generales en la primavera. El triunfo del PP por mayoría absoluta en Madrid, después del “Tamayazo”, en el año 2003, es un precedente que se recuerda con justificada preocupación por parte de muchos ciudadanos, ante la posibilidad de que esa lamentable experiencia se pudiera volver a repetir. Las mismas expectativas concurren en torno a Podemos si nos atenemos a las declaraciones de sus principales responsables, convencidos de que van a obtener buenos resultados ante una hipotética convocatoria electoral. Por eso, no es extraño que ambos partidos presionen con el adelanto electoral y endurezcan sus posiciones en las conversaciones previstas entre partidos.

En todo caso, el año 2016 abre una nueva forma de hacer política, con nuevas oportunidades de debate, con medios de comunicación más plurales y eficaces (era digital, redes sociales…), un Parlamento más plural y diverso (con ausencia de mayorías claras) y una ciudadanía más pujante y consciente de sus mayores posibilidades a la hora de influir en la vida política. En estas circunstancias, la izquierda debe abrir un nuevo tiempo de esperanza, a pesar de ser observada con redoblada preocupación desde la UE (la reacción de Merkel ante los resultados resulta significativa), ante la posibilidad de seguir la estela progresista de Grecia y Portugal y acudir con una sola voz a Bruselas. Para que eso ocurra, la izquierda debe tener altura de miras y no defraudar las expectativas de las personas -y menos de las más necesitadas-, que siguen esperando con incertidumbre que alguien ponga un pequeño remedio a sus grandes males (desigualdad, pobreza, desahucios, exclusión social…). Razones muy poderosas para que estemos atentos a cómo se responde a la sabia pregunta de los ciudadanos: ¿Gobernar con quién y con qué programa? Feliz año 2016 para todos…