20-D: EL CAMBIO ES POSIBLE… Y DESEABLE

20-D: EL CAMBIO ES POSIBLE… Y DESEABLE

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En la recta final de la campaña electoral, a pesar de los deliberados intentos por identificar y confrontar lo viejo y lo nuevo, se está poniendo de manifiesto que los discursos electorales se circunscriben a los mensajes de siempre: oferta conservadora en lo político (derecha), neoliberal en lo económico y de apoyo a las políticas de austeridad y ajuste impuestas por la UE y, en contraposición con ella, oferta socialdemócrata (izquierda) en defensa de las libertades, la democracia participativa y una economía sostenible que haga posible la defensa del pleno empleo, la protección social, los servicios públicos y una política fiscal más justa y solidaria. El PP y Ciudadanos defienden la primera oferta con algunos matices y el PSOE, PODEMOS e IU la segunda, con variantes no fundamentales en sus principales objetivos, lo que configura, por primera vez en nuestro país, un esquema político con cuatro partidos con posibilidades reales de competir por el triunfo electoral. Este esfuerzo de clarificación se ha producido a pesar de los intentos del PP por vaciar de contenido a la campaña y de que Rajoy se haya negado a dar gestión de su deplorable mandato a lo largo de la campaña electoral.

En todo caso, la construcción de un proyecto de futuro para España -según la mayoría de los ciudadanos- debería configurarse en base a una alternativa socialdemócrata renovada basada en la redistribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades y la lucha contra la desigualdad y la pobreza y, por lo tanto, enfrentada a las políticas radicales de ajuste y austeridad que se han venido aplicando hasta el momento. Sin embargo, los ciudadanos critican que cuando ha gobernado la socialdemocracia en la UE las prácticas de gobierno no se han centrado en cómo y cuándo se aplican las ideas que soportan al socialismo democrático, sino en revisar a la baja sus compromisos con los electores, exigidos por una visión neoliberal e interesada de los poderes fácticos, como ha ocurrido con la gestión de la crisis económica. Eso puede explicar la aparición de fuerzas emergentes en varios países europeos a la izquierda (Siryza, Bloco de Esquerda, Podemos…), así como las críticas en España hacia el PSOE por sus contradicciones en su última etapa de gobierno. No es extraño que esto haya obligado a un cambio de personas en la dirección del PSOE y a elaborar un discurso más coherente con la nueva realidad (digital), como lo demuestran los nuevos mensajes y el firme compromiso por cumplir con sus promesas electorales, lo que puede explicar además la coincidencia de ataques que está sufriendo Pedro Sánchez, convertido en el principal adversario a batir por el PP e, incluso, por el resto de las opciones políticas, lo que le confirman como la mejor alternativa posible a la derecha dominante.

De entrada, el PSOE está defendiendo en la campaña electoral la necesidad de repartir la riqueza para crecer de manera sostenible, lo que supera el discurso de la década de los ochenta donde se defendía, enfrentado a los sindicatos, que es preciso que la economía crezca para poder repartir después, como defiende la ideología neoliberal. Este es el nuevo discurso de la socialdemocracia emergente en el Reino Unido (Jeremy Corbyn) que pretende abrirse paso en la UE, no sin dificultades, como se observa en los medios de comunicación, ante el desprestigio explícito de que hacen gala dirigentes de su propio partido y los defensores de las políticas neoliberales al servicio de las entidades financieras internacionales.

En relación con el empleo, el PSOE apuesta definitivamente por derogar la reforma laboral -enmendando la etapa Zapatero que defendió esta vía, aunque de una manera mucho menos agresiva- y por cambiar nuestro modelo productivo, impulsar el crecimiento de la economía (frenar el ajuste), aumentar la dimensión de las empresas, buscar nuevos yacimientos de empleo (verdes, sociales y de alto valor añadido), poner en práctica políticas activas de empleo y reformar las oficinas públicas de empleo.

En tercer lugar, el PSOE está defendiendo ampliar el espacio público y mejorar los servicios básicos muy deteriorados por la gestión lamentable del PP. También se plantea mantener la participación del Estado en Bankia dada la positiva gestión de la entidad, el reparto actual de dividendos y la posibilidad de recuperar finalmente todo el dinero que invirtió el Estado, dejando abierta la aspiración final de configurar una banca pública en el momento que se considere más oportuno. En todo caso, en relación con los servicios públicos, el PSOE promete recuperar la financiación previa a la crisis (eliminar copagos, recuperar becas y combatir las privatizaciones) y mejorar el prestigio y la calidad de dichos servicios (sanidad, educación y servicios sociales) en función de los intereses de los más desfavorecidos (salario diferido).

En cuarto lugar, el PSOE ha reforzado su voluntad política para que la protección social recupere el protagonismo que merece, con el propósito de reducir la fuerte brecha social abierta por el PP en asuntos tan esenciales como las pensiones, la dependencia y los servicios sociales. Las pensiones son la gran preocupación de los ciudadanos, dado el deterioro que han sufrido los ingresos a la Seguridad Social (SS) -se ha producido un desfase de 32.000 millones de euros en esta legislatura- y, en particular, su Fondo de Reserva (se ha reducido a la mitad), muy afectados por la precariedad, las bonificaciones a la contratación (tarifas planas) y el desplome de los salarios. Las alternativas del PP a la actual situación han sido el copago sanitario y atacar el gasto en pensiones (a pesar de que está por debajo de la media europea), deteriorando con ello el poder adquisitivo de los pensionistas, a pesar de las mentiras y de la vergonzosa propaganda del PP. Por eso, la verdadera solución pasa por recuperar el Pacto de Toledo, abordar definitivamente el capítulo de los ingresos (cotizaciones, separación de fuentes, impuestos…) y frenar el vaciamiento del Fondo de Reserva de la SS.

En quinto lugar, el PSOE pretende que la política fiscal se aborde globalmente bajo el principio de la equidad, la sostenibilidad y la justicia social (deben pagar más los que más tienen y apostar por los impuestos directos y no por los indirectos). Por ejemplo, recuperando el impuesto al patrimonio y eliminando las deducciones fiscales que vacían de contenido real el impuesto de las grandes empresas. El fraude fiscal es una pieza clave y fundamental del engranaje encaminado a mejorar los ingresos del Estado, por lo que se propone mejorar sustancialmente el funcionamiento de la Inspección de Hacienda dotándola de medios técnicos y humanos equiparables a los países más avanzados de la UE. Por otra parte, la UE y el ámbito del Estado deben ser el escenario de una dura batalla por implantar definitivamente el impuesto a las transferencias financieras y por combatir las SICAV, la evasión de capitales y los paraísos fiscales.

En sexto lugar, el PSOE promete profundizar en la regeneración democrática. Ello requiere abordar la estructura territorial del Estado, la ley electoral, la reforma de la Constitución y la lucha contra la corrupción. En relación al problema de Cataluña Rajoy ha demostrado su incapacidad para buscar una solución, como no sea utilizar al Tribunal Constitucional como gendarme de la unidad de España. Después de esta experiencia, el PSOE posiblemente sea el partido más capaz para sentarse a negociar con el Parlamento Catalán un Pacto Fiscal con garantías de éxito. En todo caso, la consecución de un Acuerdo resulta imprescindible para que todos -los catalanistas y los defensores de la Constitución- puedan votar finalmente en una consulta la ratificación del Acuerdo si se produce. En todo caso, el PSOE debe cerrar un compromiso con los electores en dos asuntos de primera magnitud, que están comprometiendo su presente y pueden hipotecar su futuro: puertas giratorias y duplicidad de cargos en los diversos niveles de la estructura partidaria e institucional.

Por último, el PSOE está dispuesto a encabezar la apertura de un debate sobre nuestro futuro ecológico y medioambiental, con la pretensión de detener el cambio climático, la contaminación y la sequía (el agua). Esta política debería presidir el proyecto que España necesita para los próximos años y, en coherencia con ello, se debe trabajar con decisión, convicción y valentía, a sabiendas de que es una exigencia de nuestros jóvenes ante su futuro e, incluso, un problema de supervivencia para los que vivimos en la actualidad.

Hay otros asuntos de particular relieve en discusión: por ejemplo Europa, la gran olvidada en esta campaña electoral. No obstante, estos breves apuntes ya demuestran la importancia capital de lo que está en juego. Las ideas, las personas y las estructuras partidarias se han puesto de nuevo a prueba en estas elecciones; concretamente, el PSOE ha divulgado a todos los niveles sus propuestas programáticas, aunque no sin dificultades en un contexto presidido por el aumento de la desigualdad y la pobreza. Por eso es deseable un mayor reconocimiento de errores y hacerlo con humildad, así como renovar el compromiso de cumplir con su programa electoral para recuperar la credibilidad y la confianza deterioradas en la gestión de la crisis. Ahora lo tendrá que hacer en el día a día, defendiendo las ideas con tesón, trabajando con honradez y combatiendo la escandalosa corrupción institucionalizada en el PP -que ha aparecido de nuevo en plena campaña electoral (Arístegui y Gómez de la Serna)- y la fuerte pérdida de derechos de la mayoría de los ciudadanos. Para ello, el PSOE debe contar mucho más con los jóvenes y participar activamente en las redes sociales y en los movimientos sociales emergentes, así como demostrar con hechos que defiende por encima de todo a los más desfavorecidos.

No olvidemos que la socialdemocracia europea (con todos sus defectos) sigue siendo la única referencia capaz de oponerse a la derecha neoliberal. Por lo tanto, es posible -y además deseable- un acuerdo programático razonable entre los partidos de izquierda (encabezado por el partido más votado), que apuesten decididamente por el cambio político, el pleno empleo, el progreso social y el futuro de nuestros jóvenes. Portugal es una referencia muy cercana que no debemos olvidar….