¡1+1+1 es igual a 0!

cobo200916

No se trata de una nueva teoría de la física fundamental destinada a sustituir las genialidades de Einstein. Sólo es la ecuación que los electores vascos parece que van a plantear el próximo 25-S.

A nadie se le ocurrirá afirmar que esto se debe a la ignorancia, al analfabetismo aritmético de una población que de seguro cuenta con Instituciones de enseñanza de las más eficaces de nuestro país. Merece una explicación. Es sencilla: según los sondeos, y hay margen suficiente para basarse en ellos, los tres partidos que se reclaman de la izquierda van a conseguir que la suma de sus votos, que, en ortodoxia aritmética, da una importante mayoría se traduzca finalmente en un 0 en cuanto a su posibilidad de gobernar.

EH-Bildu, Eskarrekin Podemos, PSEE-PSOE son las tres opciones que reivindican representar ideas de progreso y de izquierda, seguramente habrá otros partidos en tal campo pero insignificantes a la hora del voto. Los sondeos les atribuyen amplia mayoría de escaños y a pesar de ello es evidente que quien va a gobernar es el PNV, como siempre, salvo lo ocurrido con el mandato de Patxi López, siendo el inolvidable Ramón Rubial sólo Presidente en tiempos del Consejo General del País Vasco. Una vez más quedará demostrada que la división de la izquierda es el mejor aliado para que siga gobernando la Derecha. Desde luego lo ocurrido en febrero pasado en Madrid debería ser prueba suficiente para no hurgar más en esta terrible herida que lastra la Izquierda desde que decidió, afortunadamente, competir electoralmente para ocupar el Poder. Pero para quien crea sinceramente en la necesidad de cambiar muchas cosas en nuestra sociedad, no todas, pero sí muchas e importantes, es obligación tratar de buscar soluciones para no ceder a una lógica desesperación. Y para ello hay que tener ilusión ya que cuanto más evidentes son los efectos nefastos de su desunión, con más ahínco la persiguen las fuerzas de izquierda, que dicho sea de paso, así pierden cualquier fuerza.

Volviendo a la nueva ecuación que el 25-S va a alumbrar, es difícil, si se aplican las reflexiones del sentido común, entender las intenciones de votos de los electores vascos. La razón fundamental de EH-Bildu para separarse de las otras fuerzas de izquierda es el haber renunciado a uno de los valores fundamentales que la definen: la solidaridad de clase. Cantar La Internacional es emocionante, pero hay que recordar lo que dicen sus palabras que son una negación total de las fronteras. No sólo Bildu traicionó la solidaridad de clase, sino que también lo hizo apoyando la violencia y los asesinatos de ETA, quien no dudó en matar a representantes legítimos y admirados de la izquierda. Hoy persigue un nacionalismo trasnochado, que va perdiendo fuerza en su propio país, quizá por su propia culpa.

Podemos y sus variopintas coaliciones propone hoy, enseguida, inmediatamente, resolver todos los problemas de los desfavorecidos y también los problemas de los que en realidad no los tienen. Es un equivalente edulcorado de la Noche decisiva, determinante, revolucionaria…lo que en Euskadi y en nuestro siglo XXI cualquier persona sensata sabe que es pura demagogia. De momento su irrupción en las Cortes nacionales sólo se puede remarcar por su veto a un Gobierno presidido por los socialistas. No puede negar que votó NO y repetidamente a la investidura de Pedro Sánchez.

Los socialistas que los sondeos sitúan detrás de estas dos formaciones deben al parecer tener dos defectos: han gobernado Euskadi dos veces. Espero que alguien me demuestre que en los dos casos perjudicaron a Euskadi y no la hicieron avanzar. La primera vez, antes de que se votará el Estatuto de autonomía, contribuyeron decisivamente a que tal estatuto existiera y a la recuperación de la libertad. La segunda vez fue cuando la paz alcanzó, por fin, Euskadi. ¿Constituirá un pasivo el obtener el fin de la violencia? Desde luego los electores vascos se han olvidado de ella y hoy gozan de paz sin agradecer a quienes, desde Madrid y Vitoria, la concretaron. Ciertamente no fueron ellos solos, la inmensa mayoría del pueblo vasco y español ayudo en ello, pero no fueron ni el PP, ni Bildu, ni el PNV quienes la consiguieron.

Un largo pasado, no solo de lucha, sino también de conquistas sociales y políticas, ya no sirve hoy. No por ello se debe renunciar a evocarlo. Pero el problema sigue. Ninguno de los argumentos escritos más arriba hará cambiar un voto, no debemos ser ilusos: el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. A pesar de todo hay que buscar soluciones.

Se podrían encontrar favoreciendo el deseo profundo de los electores, no el de los dirigentes ni el de los militantes, agriados por sus repetidas disputas. Es lógico pensar que aquellos, más allá de sus diferencias, coincidirían en su rechazo a que gobernase la Derecha y en su preferencia de ver instaurado un Gobierno de progreso, aunque no correspondiera en todo a sus preferencias. Para favorecer tal conjunción, más allá de las organizaciones, existen dos artificios. Cambiar radicalmente la ley electoral, renunciando a la proporcionalidad que contribuye a dividir más que a reunir, instaurando un mecanismo que favorezca las mayorías. Por ejemplo, un sistema a dos vueltas en el cual el elector en la primera vota quien prefiere y en la segunda decide quién va a gobernar: derecha o izquierda. Otra solución sería el sistema presidencial a dos vueltas: tanto para lehendakari como para Presidente de Gobierno.

Muy lejos estamos de ello y, por lo tanto, tendremos que acatar la nueva formulación de la aritmética electoral, en la cual la suma de las izquierdas resulta siempre negativa.