Al Filo de la Crisis

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RESCATE VIRTUAL

RESCATE VIRTUAL

El Nobel de la Paz que ha recibido la Unión Europea llega en un buen momento para subir la moral de una construcción política sacudida por tres años de crisis. Afortunadamente cada vez son menos las voces que apuestan por la ruptura del euro. La moneda única ha demostrado ser capaz de sobrevivir a la tormenta desatada contra él y a las equivocadas terapias impuestas por el ordoliberalismo alemán para hacer frente a la crisis.

Este cambio de perspectiva, con respecto al euro, se debe a tres razones: la disposición del BCE a comprar cantidades ilimitadas de Deuda en el mercado secundario de aquellos países que acepten las condiciones de eso que llamamos equívocamente un “rescate” del EMS. Segundo, la propia creación definitiva del EMS. Y tercero, la nueva actitud de Alemania con respecto a Grecia, optando claramente por que siga en el euro, plasmada en el viaje de Merkel a Atenas.

Pero lo que no se ha encontrado es la forma de evitar que Europa se siga hundiendo en la dolorosa recesión, que está aumentando sus niveles de paro hasta limites intolerables y que está dislocando su cohesión social, aumentando el foso entre el Norte y el Sur y dando alas al euroescepticismo y los movimientos populistas y nacionalistas en muchos países.

En este escenario, España se ha convertido en un protagonista esencial. Mientras Rajoy deshoja la margarita del rescate sí rescate no, en Europa crece el temor de que la incertidumbre que ese retraso crea acabe de empujar nuestra economía en la recesión. Y que los costes sean mayores para todos si hay que acabar pidiéndolo en medio de una crisis y no en la relativa calma de la que disfrutamos.

Gracias al BCE nuestros costes de financiación han caído debajo del 6%. Y puede que Rajoy piense que mientras eso dure no hay razones para pedir una financiación políticamente condicionada. Pero la situación es muy inestable, si Moody’s hubiera seguido la decisión de Standard & Poor’s de degradar nuestra Deuda hasta casi la categoría de “bono basura”, la tregua de los mercados se habría terminado. ¿Pero cuánto va a durar?

Aunque la prima de riesgo baje y las condiciones de financiación pública mejoren, la situación económica no hace sino empeorar. La economía española ya se ha parado completamente como lo muestran casi todos los indicadores: la producción de cemento en los niveles de 1960, la venta de coches casi un 40% por debajo en un año, el desempleo creciendo, el crédito de hunde con una caída del 5% (si se compara con el 25% de crecimiento del 2007), la morosidad llegando a un record histórico por encima del 10% y los precios de la vivienda acelerando su caída. La mejora, notable, de la balanza comercial se debe tanto a la caída de las importaciones, resultado del menor consumo, que al aumento de las exportaciones, que refleja la mejora en la competitividad como consecuencia de la caída en los costes laborales.

Pero hay que reconocer que Rajoy tiene sus razones, domesticas y externas, para resistirse a pedir ayuda. Por supuesto están los condicionantes derivados de las elecciones regionales en España. Es muy poco probable que las condiciones de la ayuda del ESM no contengan alguna clausula relativa a las pensiones, que como es lógico Rajoy deseaba evitar antes de que se votara en Galicia, una de las regiones donde es mayor el peso de las pensiones en el total de la renta disponible. El precedente de Andalucía debe pesar mucho en la toma de esta decisión.

Y además, no estaba clara la respuesta que recibiría de Alemania dadas las reticencias de Merkel para aplicar lo acordado y sus crecientes desacuerdos con Hollande acerca de las prioridades europeas. Hasta hace poco, las señales que manda Berlín a Madrid son más bien de que no lo pida, porque en vísperas electorales empieza a saturarse la capacidad del Bundestag de aprobar otro “rescate”. Hasta que el pasado martes, 16 de octubre, se filtrara que Berlín había superado sus reticencias y Alemania estaba dispuesta a que el ESM abriera una línea de crédito a Madrid, si lo pedíamos

Pero a pesar de esa presunta disposición positiva, quizá filtrada oportunamente para influir en las decisiones de las agencias de calificación, el Gobierno español dice estar dispuesto a recibirla, pero que de momento no la va a pedir. O puede que sí, pero quizá no enseguida. En el más puro estilo gallego de no saber si se sube o se baja por el que Rajoy empieza a ser conocido en Europa, el suspense se mantiene a pesar de la clarificación alemana.

El problema es que si la prometida intervención del BCE se atrasa, los mercados pueden perder la paciencia. Y si tenemos que pedir ayuda en una situación de pánico, las condiciones que nos van a poner serán más duras todavía. Y ello, aunque nuestro nivel de endeudamiento público, 90 % del PIB, siga sin ser comparable al griego, que ya llega al 200 % a pesar de todos los planes de austeridad, y es muy parecido al francés o al alemán. Lo que preocupa no es la cuantía, sino el ritmo de crecimiento de nuestra Deuda. Antes de la crisis, en el 2007, estábamos en una situación modélica del 40 %, pero se prevé que para el 2013 llegará casi al 100 % si, como parece, Merkel retrasa la supervisión bancaria centralizada en Europa, que era la condición para que la ayuda a los Bancos les llegue directamente en vez de transitar por el Presupuesto.

Ningún otro país ha incrementado su nivel de endeudamiento a este ritmo. La causa es la caída brutal de la actividad, los altos tipos de interés y el coste del salvamento bancario. En estas condiciones, es difícil que los aumentos nominales de impuestos se traduzcan en los correspondientes aumentos de recaudación, especialmente en el caso del IVA. Se olvida que la recaudación del producto de un tipo por una base imponible y que los aumentos de los tipos pueden disminuir los niveles de consumo, de manera que lo que se consigue sea aumentar la inflación más que la recaudación.

Lo cual hace temer que a pesar de todas las medidas de austeridad nadie crea que con esta economía deprimida sea posible alcanzar el objetivo del déficit del 6,3 % del PIB. Y más medias de austeridad no harán sino aumentar la recesión, como hasta el FMI advierte una y otra vez. Es curioso ver cómo por primera vez los sindicatos y el FMI están de acuerdo.

Rajoy sabe muy bien que imponer más austeridad sería peligroso política, social y económicamente. Y por eso quiere tener un aliado en el FMI, más flexible en los plazos que los propios europeos, y ponerse en situación de recibir la ayuda, pero asegurando al mismo tiempo que no la necesitamos. Así se pueden conseguir los efectos deseados, bajar el coste de la financiación en los mercados, sin pagar el precio de tener que asumir más recortes impuestos.

Es lo que en Europa llaman ya un “rescate virtual”, que tiene bastante de jugar al póker con los mercados, pero que de momento nos permite ir tirando.

Pero aunque ganemos la partida no evitaremos que el euroescepticismo empiece a afectar a países como el nuestro que siempre había considerado a Europa como la solución y que había acogido al euro con entusiasmo.Las encuestas empiezan a señalar esa desafección :según la del Trasantlantic Trends citada por el International Herald Tribune un 57 % de españoles piensa que el euro ha sido malo para nuestra economía.

Esla consecuencia de los efectos que los recortes en los servicios y rentas publicas y la recesión general de la economía esta teniendo en la estructura social de países como Grecia y España, empujando a las clases medias y a los pensionistas a la pobreza y a los trabajadores, especialmente los jóvenes a la precariedad. Y sin duda influyendo en el incremento del sentimiento independentista en Catalunya. Y estos efectos, desgraciadamente, no tienen nada de virtuales.

Josep Borrell

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